El siervo de Dios debe mantener un buen testimonio, debe demostrar carácter cristiano, debe ser prudente y fiel ante Dios y ante los hombres, para eso debemos empezar por abajo, en Belén.

Pero para ser usados en las cosas espirituales, primero debemos ser fieles en las cosas naturales, o sea, en aquellas cosas que sirven como modelo para otros.

En Belén aprendemos cómo ser fieles en las cosas naturales.

A veces vemos a los jóvenes que quieren bajar el cielo con una oración, y tienen tantas ganas de Dios que hasta muerden la Biblia, a ellos no les salen los demonios, ellos los buscan.

Y andan con una energía impresionante, y eso no está mal, pero si hay que dirigirlos, orientarlos y ayudarlos.

La vida exterior del siervo debe reflejar la excelencia del Espíritu interior, que está en el siervo; debemos hacer el bien en todo tiempo, en toda situación, en todo lugar.

Queremos que Dios nos use con poder y gloria, y a veces nos preguntamos con cuantos ayunos debemos empezar, cuántos capítulos nos memorizamos, cuántas horas debemos orar, pero no, empezaremos por lo primero.

Debe llegar a tiempo al trabajo. ¿Qué testimonio estas dando si siempre llegas tarde a la iglesia, al trabajo, a la cita?.

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Limpia tu habitación. Hay jóvenes que la habitación donde duermen tienen un monumento al perezoso, la ropa de toda la semana, desorden por todos lados, pero en la iglesia quieren bajar el cielo.

Las señoritas que quieren que Dios las use y quieren ministerio, hay que ver donde viven, se ven muy limpias en la calle, pero en la casa son totalmente otra cosa.

Limpia el patio, saca la basura sin que te lo digan. Si todavía vives en la casa con tus padres, ayuda, contribuye, especialmente cuando alguno de los dos no es convertido. Es de mal testimonio que vayas a todas las reuniones de la iglesia, pero en tu casa ni trabajas, ni te organizas, ni ayudas.

Si estas casado cuida a tus niños, enséñales como portarse en la iglesia, cómo saludar a los hermanos, cómo respetar a las personas.

Belén nos habla de mostrar fidelidad y honor en las cosas pequeñas.

Entre el nuevo nacimiento y el ministerio, hay un tramo que se debe andar, y en donde el siervo necesita aprender la obediencia, la sujeción, la sumisión y el respeto, esto se constituye en algo natural en el siervo.

Nadie se puede lanzar a cumplir tareas espirituales, hasta que haya aprendido a hacer las cosas más elementales, y que son por naturaleza, propias del siervo.

El servicio a Dios es algo muy grande, y no se puede ser fiel en lo grande, cuando no hemos podido ser fieles en lo pequeño.

Dios usa a hombres y a mujeres que hayan alcanzado madurez, no puede usar a aquellos que quieren ser espirituales, sin haber superado o conquistado emociones que el Señor requiere de cada uno, para que nos encaminemos a un mejor servicio.

Recordemos, “Más lo espiritual no es primero, sino lo animal, luego lo espiritual”.

De Belén aprendemos integridad, honor, perseverancia, disciplina, fidelidad y lealtad; y tenemos, por ejemplo, a Cristo.

Juan estaba bautizando a Jesús y se oye la voz de los cielos que dice “tú eres mi Hijo amado, en ti tengo contentamiento” eso es interesante.

¿Qué había hecho Jesús hasta ese punto?

No había hecho nada en lo espiritual, no había sanado ni a un enfermo, las aguas de Caná todavía eran agua y no eran vino, los muertos no los había resucitado, no había predicado ni una parábola.

Y ¿por qué le dice la voz, o el Espíritu al cuerpo “Estoy contento, en ti tengo contentamiento”?

¿Qué había hecho Jesús como Hijo de Dios para que el Espíritu expresara su complacencia?

Cristo había sido fiel en las cosas naturales, tenía 30 años y lo conocían como el hijo del carpintero.

¿Qué hace un hijo de carpintero? Corta la madera, acarrea vigas, guarda las herramientas, barre el taller.

Así que Jesús hacía todas estas cosas, estaba sujeto a su madre María y a José, y subía y descendía de Nazaret con ellos y estaba sujeto a ellos.

“Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura y en gracia para con Dios y los hombres”; o sea, antes de ser conocido como el Hijo de Dios, fue conocido como el hijo del carpintero.

Entonces, antes de aprender a gobernar la casa de Dios, vamos a aprender a gobernar nuestra propia vida.

Antes de lucir o brillar en lo espiritual, luce en lo práctico, en lo natural

Te invitamos a que saque un poco de tu tiempo y veas esta enseñanza, que sabemos que será de bendición para tu vida.

Belén

Pastor: Samuel Valverde

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