Dejar las alturas es abordar el fracaso

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Dejar las alturas es abordar el fracaso

Dejar las alturas es abordar el fracaso

Este escrito se ha elaborado considerando los fenómenos que suceden en la vida diaria en el ser humano, cuando se goza de felicidad, bienestar y prosperidad es el momento de permanecer es una estabilidad tanto espiritual como física; pero haber un descenso, se observa un retroceso que puede llevar al individuo a perder lo anterior. Dejar las alturas es abordar el fracaso.

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Eso lo vemos en la vida del profeta Elías, en este hombre se observan dos características importantes, una de ellas es manifiesta cuando se está en las alturas, es decir, en el Monte de Dios y la otra es descender al valle, en la planicie. En la altura se proclama la victoria, dice 1 Reyes 18:42. “Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas”.

Sin embargo, lo opuesto lo proclama 1. Reyes 19:3. “Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beersheva, que está en Judá, y dejó allí a su criado”.

La estabilidad espiritual de Elías se ve cuando estaba en el Monte de Dios, se portó como un fiel cristiano; solo quería vivir para Dios, a tal punto que desafió a 850 profetas falsos, a todos los habitantes de una nación con su rey a la cabeza, demostrando con su carisma que Jehová es Dios y con su valentía decapitó a todos los profetas de Baal y de acera.

Después de un tremendo éxito lo vemos descendiendo a la planicie abandonando el lugar donde fue coronado de victoria, y como resultado se ahuyentó a un desierto huyéndole a una noticia a su contra predicha por una dama que no pertenecía a su pueblo Israel, pero gobernaba la parte geográfica de la planicie.

De aquí analizamos dos alternativas, una cosa es estar en las alturas con Dios y otra es estar en el llano con dificultades, donde mora el peligro, la desesperación y el riesgo.

Este episodio presenta dos aspectos:

  1. En las alturas se aprecia éxitos, triunfos y vitorias;
  2. En la parte llanera, la desértica se observan desesperaciones, fracasos, frustraciones, desánimos.

Esto no solo se observa en el profeta Elías, también lo vemos en la vida diaria, como lo expresó un caminante. “los peores tropezones se dan en el descenso del camino después de habitar en las alturas, porque las bajadas siempre son resbaladizas y se quiere correr demasiados sin mirar los altos y bajos de la calzada, lo cual, ha sido un mal que ha atravesado el marco histórico, precisamente, por la inestabilidad que opera en los seres humanos”.

Me parecen razonables las intenciones del apóstol Pedro, cuando subió al monte santo, era tanto la gloria que se sentía, que Pedro expresó lo siguiente: Señor, bien es que nos quedemos aquí: si quieres, hagamos tres pabellones: para ti uno, para Moisés otro, y el tercero para Elías. Como quien dice, aunque nosotros no tengamos nada, nos bastaría quedemos con ustedes aquí en las alturas. San Mateo 17:4.

Claro, me pareciera buena la petición del apóstol, de pronto se imaginaria que sus compañeros que habían quedado en el llano podían estar luchando con demonios y no era fácil hacerlo sin la presencia del Señor, porque sin él nada se puede hacer.

Es cierto que en las alturas produce vértigo, mareo y nerviosismo; pero mire lo que dice el profeta Habacuc 3:19. “Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis alturas me hace andar”

Recordemos los cuarenta días que Moisés estuvo con Dios en el Monte Sinaí, fue tanto la gloria de Dios que se le impregnó en su rostro. Su estómago no sintió hambre alguna, porque Jehová era su fortaleza; con entusiasmo, alegría y satisfacción tomó las escrituras de la ley.

Al descender hacia la llanura, observó lo natural de ella, el desánimo en el pueblo, habían cambiado al Dios verdadero por un pedazo de oro con figura de becerro, lo que le produjo ira, enojo y como resultado quebró las tablas donde estaba escrita la ley, que Dios le había enviado a su pueblo.

Es obvio, que todos estos personajes lo hicieron en una forma física, lo que concierne a nosotros sería en una forma espiritual, ya que nuestra lucha no es con sangre y carne, sino con potestades, gobernadores de las tinieblas procedentes de las regiones celestiales.

Hermano que estás en las alturas conserva tu humildad frente al progreso, a la prosperidad y a los logros, rodéate de sumisión, obediencia y respeto y no desciendas al camino de los altivos, arrogantes y soberbios. Mantente donde el Señor te está llevando y luego lograrás alcanzar lo que otros no alcanzaron y conquistarás áreas que hasta la fecha de hoy no sabes si existen.

Recordemos el ciudadano que dejó la altura (Jerusalén) para descender 252 metros sobre el nivel del mar al lugar de maldición (Jericó). Como resultado fue golpeado, herido por ladrones, sus pertenencia fueron usurpadas, quedando medio muerto y como si fuera poco, sus conciudadanos y amigos de religión ni siquiera se condolían, sino pasaban de largo.

A este hombre le aplicaron la fábula de aquel ser que llevaba el alimento en su boca, pero al pasar por un espejismo, soltó lo que le podía alimentar para agarrar la alucinación ofrecida por la apariencia de la vida fugas.

Despreció la altura, Jerusalén, la ciudad del gran Rey “donde estaba las sillas del juicio”; para trasladarse a Jericó, ciudad de maldición, todo porque había oro y supuesta prosperidad.

Hermanos los éxitos alcanzados hasta ahora pueden ser una plataforma de lanzamiento para mirar y alcanzar nuevos horizontes, pero no para enorgullecernos y vanagloriarnos los cuales producen altivez, envanecimiento y negligencia.

Recordemos lo que Dios le dijo a Israel en las laderas del Monte Sinaí. ”Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos”. Deuteronomio 7:6,7.

Amados hermanos favor no se nos olvide por consiguiente, los peores fracasos se adquieren a continuación de los grandes triunfos, esto sucede cuando nos creemos autosuficiente por los éxitos alcanzados, pensando que ya hemos recorrimos los universos celestiales por nuestras habilidades, o que ya creemos que “tenemos en nuestras manos la única Coca-Cola del desierto”. San Pablo apostilló: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”. 1. Corintios 10:12.

Copyright y engrosado por el pastor
York Anthony Shalom
Licenciado en Sagrada Teología
Magister en Divinidades Teológicas
jorgesalomserpa@hotmail.com

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