“Amarás al Señor tu Dios con todas tus fuerzas”, quiere decir que para amar a Dios, hay que ponerle empeño, dedicación, atención, hay que tener decisión, ese es el verdadero amor genuino.

Partamos del punto, que lo que es fácil no hay que ponerle mucha fuerza.

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Esto quiere decir que para amar a Dios, no solamente es cuando estamos en las buenas, sino que también hay que amarlo cuando estamos en las malas, es ahí donde se necesita poner a funcionar la fuerza.

A culto no sólo debemos ir cuando tengamos ganas, debemos ir a culto tengamos ganas o no, porque somos unos necesitados de Dios.

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Hay gente que vive de emociones, cuando están emocionados son una belleza, pero cuando se les pasa un poco la emoción, son como el globo cuando se les saca el aire.

Allí es donde vamos a ver si amamos a Dios, en las buenas y en las malas.

El que ama a Dios sólo cuando hay retiro, campamento de jóvenes y cultos de avivamientos, no es fiel siervo.

Cuando alguien esté triste, enfermo, delicado, que haya perdió algo, que le fue mal en el negocio y diga “Señor te sigo amando por encima de todo, con todas mis fuerzas”, ese es el que ama a Dios verdaderamente, ese es el verdadero Amor genuino.

Amar a Dios con amor genuinoLos siervos fieles no le pierden una pisada al Señor, ¡sí los hay!; jóvenes, ancianos, mujeres, caballeros, aun niños.

El amor genuino es diferente a una persona emocionada, enamorada, que expresa hasta palabras halagüeñas y eso tiene su razón de ser.

Pero el amor genuino o legitimo, no se trata de momentos románticos solamente, sino de los momentos en los que hay que usar la fuerza y decirle al enemigo: ¡Hay poder en el Nombre de Jesús! me le soltaré.

El Señor en su palabra dice: “No he venido a traer paz a la tierra, sino espada; porque he venido a poner en disensión a los unos contra los otros, a las familias entre si, y los enemigos del hombre son los de su casa”.

Cuando una persona se entrega a Dios y es el único cristiano en la casa, los otros se la dedican y empiezan a molestarlo porque él es cristiano.

Pero los recién convertidos al Señor, en ese momento de dificultad, tiene la oportunidad para comprobarle al Señor que sí lo ama, “porque el que no dejare esas cosas por causa de mí, no es digno”, dice el Señor.

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“Si mi padre y mi madre me dejaren, con todo Jehová me recogerá”, y si no me quieren por eso, no importa, lo importante es que nos quiera el Señor; ahí hay la oportunidad de comprobar que sí lo amamos.

Te invito a que te preguntes: ¿Yo de verdad amo a Dios?

Cuando a uno le gusta algo que quiere comprar, uno no pide descuento, no recatea, ni se pone a preguntar que si sí, que si no; cuando algo es del agrado de uno, uno quiere agarrarla antes de que se la lleven.

¿Sí amamos al Señor? o es que somos religiosos, somos personas entusiasmada, o estamos contentos porque sanó algún hijo, o porque nos hizo un milagro, o en el fondo sí amamos al Señor.

Alguien dijo: “El amor y el interés comen en el mismo plato; el amor come de vez en cuando, y el interés a cada rato”.

Por eso el amor hay que identificarlo bien, cuando es amor y cuando es interés, porque el interés come a cada rato.

Vamos a ver si nosotros estamos en el evangelio por interés o porque lo amamos a él; para eso debemos analizarnos.

¿Por qué creemos que el Señor es digno? ¿Por qué le alabamos? Le alabamos, nos gozamos, brincamos, hablamos en lenguas ¿por qué? ¿Cuál es la verdadera razón? Porque me hizo un milagro, porque le trajo el esposo, porque le trajo al hijo.

Esas son las obras, pero las obras no son más grandes que el que las hace, hay uno más grande, y no le alabamos por las obras, le alabamos por lo que él es.

Habremos oído, que en la iglesia tradicional, a San Pablo lo tienen como el santo de las serpientes, de las mordeduras de culebras; pero nosotros no miramos a Pablo como el que sana las mordeduras de culebras, miramos al que sanó a Pablo y no a Pablo.

Hay uno más grande que sanó a Pablo, pero el mundo religioso se va detrás de Pablo, y tienen la oración de San Pedro y San Pablo; entonces quiere decir que no estamos pendiente del médico, sino del paciente, y ¿Quién es más grande, el médico o el paciente?

Pregúntese

Cual es la verdadera causa por la que él es grande y digno de suprema alabanza.

  • ¿Por qué es que debemos amar al Señor?
  • ¿Por lo que él nos hizo?
  • ¿Le amamos por lo que él nos hace o por lo que él es?.

Muchos tenemos testimonios de milagros, sanidades, en fin, cada quien tiene algo qué agradecerle a Dios, pero la pregunta es ¿Por qué lo amamos?

Eso querría decir entonces, que si él no nos hiciera milagros, ¿no lo amaríamos?, o ¿lo seguiríamos amando aunque él no hiciera eso que queríamos que hiciera? ¡Falta ver!.

Si le amamos por lo que él es, entonces ¿Quién es Él? El Dios eterno es Jehová, porque el que hizo el sacrificio en la cruz del calvario por nosotros, es digno.

El Amor genuino

Pastor: Clodomiro Lobo

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