Cuando la Biblia habla de Dios, se refiere al único Dios, nos habla de un Dios lleno de poder, lleno de amor, de un Dios que quiere el bienestar para todos los seres humanos.

El hombre es la obra maestra de Dios, y podríamos preguntarnos ¿con qué propósito nos creó Dios? Claro, la vida tiene un propósito, un objetivo, y ese propósito está en las manos de Dios.

La biblia nos habla acerca del propósito de Dios, por allá en el Antiguo Testamento se nos dice “porque mis pensamientos, dice Jehová, son pensamientos de bien para vosotros”.

El sufrimiento que padece el hombre obedece sencillamente a que el hombre le ha dado la espalda a su Dios, y cuando el hombre le da la espalda al creador, no le va bien porque el hombre fue diseñado para vivir en plena comunión con su Creador.

Nosotros, nuestra constitución física y espiritual fue diseñada para vivir en plena armonía y en plena comunión con nuestro Creador, de manera que cuando nos alejamos de Dios quedamos mal, quedamos a la intemperie, quedamos con ese vacío, porque en nuestro ser debe habitar Dios.

Todos nosotros estamos llamados a darle el primer lugar a Dios en nuestro corazón; cuando el hombre le da el primer lugar a Dios, se siente realizado como persona, se siente feliz como persona, porque como dijera el filósofo de la antigüedad “Señor, tú nos hiciste para ti, y nuestra alma no tendrá descanso hasta tanto no lo encuentre en ti”.

Es bueno resaltar la obra que el Señor hace por medio de evangelio, Jesucristo por medio del evangelio cambia la vida de las personas, transforma el corazón de las personas, y es por eso que la palabra de Dios dice “de modo que si alguno está en Cristo, es una nueva creatura, es un nuevo hombre, es una nueva mujer, es una nueva persona, porque las cosas viejas pasaron”.

No fuimos creados para vivir derrotados, no fuimos creados para llevar una vida marcada por el sufrimiento, el dolor y la desdicha.

Nunca fue el propósito de Dios cuando creó al hombre, que llevara la vida triste que hoy lleva, pero cuando llegamos al evangelio, cambia nuestra vida, cambia nuestro entorno, porque precisamente Jesucristo vino a cambia nuestro destino.

En el evangelio se lleva una vida normal; el evangelio no limita el libre desarrollo de la personalidad, sino que por el contrario, cada uno de nosotros puede tener, debe tener un desarrollo pleno de su vida.

Precisamente porque lo reconocemos a Él como nuestro Dios, como nuestro salvador, como nuestro todo, y cuando el hombre hace eso, Dios se encarga de exaltarlo y de ponerlo en alto.

La vida de una persona se realiza plenamente cuando se encuentra con su Dios, cuando hay ese encuentro con ese Dios surge esa vida, surge esa satisfacción de vivir; en el evangelio lo primero que el hombre descubre es su identidad, es decir, sabe quién es, sabe de dónde viene, sabe qué papel le toca desempeñar en esa tierra y por supuesto, sabe hacia dónde va.

Nuestra vida está en las manos de Dios, y en mejores manos no podría estar, Dios tiene el control de nuestra vida.

En algún tiempo se llegó a pensar equivocadamente, que el ser cristiano era sinónimo de llevar una vida truncada, no, en el evangelio se puede llevar una vida plena porque Dios está a disposición para ayudarnos a sacar todos nuestros proyectos de vida adelante con la ayuda de Él, porque Él advirtió “sin mí nada podéis hacer”.

Lo normal es que cada persona tenga su proyecto de vida, es que cada uno de nosotros tenga sus ideales; una persona sin ideales no puede vivir, una persona sin sueños no puede ser feliz, pero todos nuestros ideales, todos nuestros sueños y proyectos se pueden hacer realidad si los fundimos dentro de la voluntad de nuestro Padre celestial.

Solo así nuestros proyectos, sueños e ideales se hacen realidad; el sabio Salomón recomendó a todo el que pueda oír la palabra de Dios, dice “reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas”.

Hay que tener a Dios en cuenta en nuestra vida, no podemos poner a Dios de lado, hay que reconocerlo para poder realizarnos plenamente como persona, tenemos que darle el primer lugar a Dios.

Pastor: Ruben Camargo

Deja un comentario