El que peca y reza no empata

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El que peca y reza no empata

El que peca y reza no empata

Hay quienes aún piensan, que una mala acción, se soluciona con una buena acción, pero eso no es cierto, esa matemática no es real. Lo que desencadena una persona que vive su vida de esta manera es desconfianza y descrédito. Hoy hablaré sobre El que peca y reza no empata.

Se necesita tener el valor de reconocer, enfrentar y apartarnos de lo que genera ofensa o daño a las personas que nos rodean.

Dios no busca personas perfectas, pero si gente autentica, personas que puedan asumir la responsabilidad de sus acciones, y no pretender que con una “buena acción” se pueda cubrir nuestras faltas.

De otra manera Cristo no hubiera tenido necesidad de morir, pero Cristo conociendo el precio del pecado, enfrentó el pecado en la carne y lo venció con su muerte.

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La Biblia plantea que el que confiesa sus pecados y se aparta, alcanzará misericordia, pero el que los encubre no prosperará, recuerda que tenemos un Dios lleno de misericordia.

Hay quienes quieren encubrir sus pecados, haciendo actos nobles (oración, ayunos, vigilias, predicando, diezmando, ofrendando, evangelizando, asistiendo a la iglesia, haciendo regalos, etc), seguro que con los hombres podremos pasar como piadosos, pero Dios no puede ser burlado, porque todo lo que el hombre sembraré, eso también segará.

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No tratemos de justificar nuestras malas acciones, escudándonos en nuestras propias excusas, echándoles la culpa a los demás, a las circunstancias, o a nuestra “débil naturaleza”, porque eso hace vana la cruz de Cristo.

Necesitamos volver al calvario, mirar nuevamente al que murió en la cruz, sentir nuevamente la vergüenza.

No se trata de darnos golpes de pecho, ni de poner rostros de “mártires”, no es solamente remordimiento, se trata de arrepentimiento, de saber que el pecado nos separa de Dios y que solo su muerte nos acerca a él.

Se trata de algo más que llorar, se trata de cambiar, de tomar decisiones.

Usted cree que David volvió a quedarse en casa en tiempo de guerra, después de lo que le pasó. David reconoció, confesó y se apartó, por eso Dios lo restauró.

Cambiar tu manera de pensar, cambiará tu manera de vivir, eso es arrepentimiento.

No juguemos con una salvación tan grande, porque no escaparemos si la descuidamos.

Como me lo enseñara la hermana Raquel (una preciosa anciana del Jóvenes Tabernáculo de Vida) cuando era un joven adolescente al decirme: “Jhon en pecado puedes ir a la iglesia, puedes orar, servir, predicar, hasta hablar en lenguas, pero lo que no puedes hacer en pecado es entrar al cielo”.

Son palabras que siempre retumban mis oídos, y me indican que Dios no quiere gente hipócrita, sino gente verdadera, gente que sean santos en toda su manera de vivir y no solo de vestir, gente que sepa reconocer que se equivoca, que peca, que tengan la valentía de admitirlo ante quienes lo hacen, que prefieran morir por obedecer a Dios, que vivir en desobediencia, gente que prefiera enfrentar a sus gigantes cada día, que vivir como esclavos todos los días de su vida.

Saúl siempre pensó más en su reputación, en su imagen, en que pensaría la gente, que lo que dijera Dios. Para Saúl la palabra de Dios, estaría en un segundo plano, desechaba su palabra, por eso Dios lo desechó.

No pretendas ser más misericordioso, más bueno que Dios, porque bueno sólo hay uno y es Dios. Cuando Dios diga no conviene, no edifica, te está dominando, es hora de tomar decisiones determinantes de hacer cambios.

Porque cuando Dios nos pide algo hoy, no es pensando en tu presente, sino en tu futuro.

Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey. 1 Samuel 15:22-23.

Pastor: Jhon Cetter

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