Fe sin dimensiones

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Fe sin dimensiones

Fe sin dimensiones

De nuevo me dirijo al selecto grupo de lectores de esta página tan distinguida en el mundo de la fe. Reconozco que he pensado y repensado respecto al título que debería colocarle a esta disertación, sé que entre cada lector de ésta, se mueve la luz del efecto de la palabra de Dios y hay que ser muy cuidadoso, por eso el tema que decidí colocar fue: Fe sin dimensiones.

La verdad es que he querido desde hace rato escribir de esa otra dimensión de la fe, aquella que muestra el texto bíblico al final casi del capítulo 11 de la carta a los hebreos; comenzaré entonces por citar tales versos:

“Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos afilo de espada, anduvieron de aquí para allá cubiertos de pieles de ovejas y cabras, pobres, angustiados, maltratados…

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Errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y estos aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido… De éstos ya mencionados dice el texto aclarando lo descrito: El mundo no era digno de los tales”.

Tal era el valor de éstos hombres que cierran la galería de los héroes de la fe, que el escritor de hebreos los pone a tal altura, que consideró el mundo muy poco para la alcurnia de ellos.

A esta dimensión de fe quiero llegar, aquí donde la prueba es dura, donde se mide al verdadero hombre de Dios, donde se mira con determinación el momento crítico y se pone por debajo del valor de la fe y la salvación, aquí donde no importa el tipo de prueba sino el tipo de recompensa.

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Estos últimos héroes de la galería de la fe, no recibieron el galardón aquí, padecieron con la esperanza en un galardón futuro de tal inefable categoría sólo comparado con la gloria venidera, posterior al padecimiento.

La historia nos deja ver una iglesia primitiva sufrida, perseguida y azotada, trecientos años después de Cristo, los cristianos eran de tal modo perseguidos, que se reunían a escondidas y predicaban en secreto, muchos de éstos fueron dados a muerte, pero no murió la fe, antes creció con más ímpetu y prevaleció hasta hoy.

La diversión romana en tiempo de los emperadores anteriores a Constantino, era echar al cristiano a los leones en actos públicos en el coliseo, quemarlos en hogueras, decapitarlos en lugares de exhibición y someterlos al escarnio por el hecho de ser cristianos y profesar la fe de Cristo.

Pensemos un poco en que si las pruebas de nuestra fe en estos tiempos tuviera esos tintes y esos matices, ¿seriamos de igual modo cristianos de aquella altura? El punto es éste.

Hoy vivimos un evangelio llevadero, cómodo por decirlo de alguna manera, con el compromiso condicionado, servimos donde nos es más cómodo y conveniente, donde ralla la dificultad lo pensamos, y en la tribulación renegamos y le reclamamos al Señor, todo el tiempo nos quejamos y si es de renunciar también estamos dispuestos a hacerlo.

Ser un hombre de fe, es estar dispuesto a que lo seré ojalá me falten cosas y haya necesidad, no tiene el Señor que tenerme en la abundancia y lleno de salud para seguirle con agrado y servirle.

Aquellos hombres que serían echados al horno de fuego por no adorar la estatua en tiempos del profeta Daniel, con determinación y convicción le dijeron al Rey: El Dios a quién servimos (refiriéndose a Jehová de los Ejércitos) puede librarnos del horno de fuego y de tu mano oh Rey. (Dn 3:17) a eso se llama determinación y convicción.

Si Dios los librase del horno sería para gloria de su Nombre, y si padecían por su causa en el horno, también habría galardón tras el padecimiento.

  • ¿Qué tan grande es la dimensión de nuestra fe?
  • ¿Sobrepasa la medida impuesta por aquellos hombres?. O nos quedamos con sinceridad pequeños ante tal hazaña de fe.
  • ¿Cuánto soy capaz de padecer por el Señor?
  • ¿Soy capaz de poner todo de mi ser a su disposición y renunciar a mis caprichos por seguirle y servirle?.
  • ¿Qué porcentaje de los creyentes de hoy tienen una medida de fe así de esta calidad que se muestra en este capítulo de hebreos?.

Son solo cabos sueltos que preocupan la efectividad de nuestra profesión en la actualidad. Considero muy respetuosamente que el Señor en estos tiempos tiene un pueblo poco esforzado.

Puede el Señor habernos bendecido mucho hasta ahora, pero si algo nos faltara deberíamos amarle de igual o mejor manera.

Qué edificación de fe tengo: de oro, de plata, de piedras preciosas, madera, heno o hojarasca?.

Que nos ayude el Señor y nos mantenga firmes sin titubear, aguardando a sus promesas y pidiendo en todo tiempo que él nos mantenga en fidelidad, independiente a lo que tengamos que sufrir por su causa y lo que nos falte.

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Bendiciones para todos.

Por: Yesid Becerra

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