Nicodemo era un maestro de la ley, sabía enseñar bien a la gente la ley, tenía un gran conocimiento, él había escuchado mucho acerca de los hechos del Señor Jesús. Hablaremos sobre “Nadie puede hacer lo que tu haces”.

De tal manera que él fue convencido que en el Señor Jesucristo habitaba un poder sobrenatural, ya que las cosas que el Señor hacía, ningún ser humano podía hacerlas.

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Por eso él le dice “Rabí, sabemos que has venido de Dios como Maestro, de eso estoy completamente seguro” y de una vez le dijo por qué creía eso “Porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él”.

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En ese momento Nicodemo creyó que Dios estaba en Cristo, que las obras que el Señor Jesús hacía era porque el Espíritu de Dios moraba en él.

Notemos que Nicodemo dijo: “sabemos”, parece que otras personas también estaban seguros que en Jesús habitaba toda la plenitud del poder de Dios, porque él estaba seguro, que nadie podía hacer lo que él hacía sino está Dios con él.

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Estamos hablando sobre “Nadie puede hacer lo que tu haces”.

Entonces el Señor Jesús, inmediatamente le da la explicación que él venía buscando, él deseaba conocer del reino de Dios y de la salvación.

Nicodemo quería entender algunas cosas y creyó que el Señor Jesús podría explicarle, seguramente, después de un largo dialogo quedó satisfecho y se convirtió en un seguidor del Señor Jesús.

Miremos esta frase que él dice acerca del Señor “Nadie puede hacer lo que tú haces” y eso se cumplió en muchas de las cosas que el Señor hizo.

Por ejemplo, la mujer que padecía una enfermedad crónica incurable que solamente esperaba la muerte.

Ésta mujer visitó a los médicos de la época, observemos lo que dice la palabra del Señor “Y por ninguno pudo ser curada” su enfermedad era terminal, no había nada qué hacer, el problema de salud de esta mujer se salió de las manos de los médicos.

Pero cuando oyó hablar de Jesús, ella creyó que el Señor Jesús podía obrar en su necesidad.

Aunque estuviera desahuciada de los médicos, aunque tuviera una enfermedad terminal y que para ella no había esperanza, cuando oyó hablar de Jesús nació la esperanza de vida dentro de ella.

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Se acercó al Señor, quiso visitarlo mientras atendía a una multitud, seguramente cerca a su casa y con mucha dificultad posiblemente para entrar a donde estaba él entre la multitud.

Pero ella hizo el esfuerzo porque creyó, llevaba dentro de su alma esa seguridad y decía: “Si tocare tan solo el borde de su manto, seré salva”.

Gracias a Dios podemos decir que hay liberación para el que está enfermo, para el que está cautivo, porque el poder de Jesús sigue obrando.

Ella se acercó y no vio su rostro, solo vio su espalda, pero ella supo que era él porque todos trataban de tocarlo, de acercarse a él por los milagros que hacía y por las obras tan maravillosas que obraba entre la gente.

Y tocó el borde de su manto, cuando lo tocó, virtud salió de él y entró en su cuerpo.

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Muchos hemos sentido esa virtud, ese poder, muchos hemos tenido la oportunidad de que ese poder haya entrado en nuestras vidas.

Cuando el poder de Dios nos toca eso se siente en el alma, nos sacude, nos dan ganas de gritar, de llorar, de saltar, porque es algo maravilloso.

Nadie puede hacer lo que tu haces

La mujer sintió que había sido sanada ¿Cómo sintió eso? era una mujer que no tenía sangre, sus manos y su rostro blancas, porque tenía un flujo de sangre por doce años, era un sufrimiento para ella, la sangre que había en su cuerpo era muy poca.

Pero cuando ella tocó el borde del manto del Señor Jesús, ella sintió un calor en su cuerpo, miró sus manos, ya habían cambiado de color, ahora estaban rosadas, sintió nuevamente el calor de la sangre en su rostro.

El cáncer fue destruido, se detuvo el flujo de sangre, la virtud de Jesús le inyectó sangre, le dio vida, porque él nos da vida y vida en abundancia.

Fue sana en el mismo instante, lo que nadie lo había podido hacer, Dios sí lo hizo, porque el poder del Espíritu Santo puede cambiar la vida de las personas para siempre.

Te invitamos a que con un poco de tu tiempo, veas la siguiente enseñanza, sabemos que será de bendición para tu vida.

Nadie puede hacer lo que tu haces

Pastor: Edilberto Ortiz

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