El propósito de nuestro adversario y de toda la gente que nos aborrece, es vernos fracasar, vernos destruidos, pero nosotros hoy por la misericordia de Dios podemos decir, somos perseguidos mas no desamparados.

La persecución y las tribulaciones es el gran desafío que el pueblo de Dios enfrenta día a día, parece que el enemigo está como atalayando el momento.

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Cuando éste ve al creyente como solitario dice: “Dios lo dejó y lo desamparó, caigámosle, y acabémoslo”.

Pero el Señor dice en Hebreos: “No te dejaré, ni te desampararé”, de manera que, podemos decir confiadamente, que el Señor es nuestro ayudador.

Siempre nos asalta esa nostalgia de soledad, de que como que estamos solos en nuestra lucha, en nuestro problema, pero el Señor dice “Aunque la madre se olvide de lo que dio a luz, yo no me olvidaré de vosotros”.

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Nosotros podremos ser perseguidos más no desamparados.

Cuando Israel salió de Egipto, el Faraón dijo: “Están atrapados en el desierto, vamos y los acabamos” y armó sus carros y todo su estruendo de a caballo y salieron para perseguir a Israel.

Y como dice el salmista “Estos confían en carro y aquellos en caballos, mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios haremos memoria”.

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Y venia Faraón con toda su soberbia, con todo el poderío militar de Egipto, sus carros y sus corceles marchaban airadamente para acabar al pueblo de Israel.

Pero David se goza y escribe en los Salmos: “El mar lo vio y huyó y los montes saltaron como carneros”.

Y sigue diciendo “¿Qué viste, oh mar, que huiste; y tú Jordán por qué te retrajiste?”

En otra ocasión vemos un rey que buscó un brujo para que maldijera a ese pueblo, y ese brujo colocó su lente mágico y dijo “No lo puedo maldecir porque su Dios marcha con ellos”.

Muchas veces nos acercamos a nuestro pastor con nuestras tristezas, comentándoles nuestros pesares; otros hemos ido a eventos con preocupaciones, con problemas, con persecuciones.

Pero la palabra de Dios dice que Saúl armó un bloque de búsqueda y dijo que acabaría con él, buscando a sus mejores hombres, comenzando a cercarlo y a estrecharlo.

Cuando a uno como humano lo persiguen, comenzamos a temblar y a ponernos nervioso, pero aquí vemos a David con su arpa “Jehová es la luz de mi salvación, ¿de quién temeré?”.

No importa de la choza donde nos haya sacado el Señor, no importa de la tribu a la cual pertenezcamos, eso no interesa, nuestros nombres están inscritos en el libro de la vida y los ángeles han venido a prestarnos seguridad.

No importa que andemos con túnicas, ni cómo estemos vestidos, somos el pueblo del Dios altísimo.

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¿Qué hacer cuando todo se nos viene encima?

Cuando creemos que el mundo se nos viene encima, todo está en contra nuestra, nuestros amigos comienzan a desaparecer y estamos a punto de irnos al fracaso, recordemos que tenemos al más grande.

Perseguidos mas no desamparadosNo olvides que allí está Jesús con su mano extendida, que puedes tener la plena seguridad que jamás te dejará resbalar.

Nosotros estamos perseguidos pero no desamparados, Dios no nos ha dejado, no nos ha abandonado ni lo hará jamás.

No cambiemos a Jesús, él es el mejor

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Perseguidos mas no desamparados

Pastor: Eimer Lucumi

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