Recibir el bautismo del Espíritu Santo

Cada uno de nosotros tenemos una página escrita, donde se encuentra impregnada esa experiencia inolvidable de recibir el bautismo del Espíritu Santo en nuestra vida.

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Es una experiencia que marcó nuestras vidas para siempre, una experiencia única e inolvidable.

El Espíritu Santo no es una paloma, solamente era una señal para Juan, que identificaría y a Jesús.

El Espíritu Santo es invisible porque Dios es espíritu y así no lo hubiese podido anunciar, pero se le permitió verlo así en forma de paloma.

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Juan dice yo vine bautizando en agua, porque él que me mandó a bautizar me dijo: tú vas a estar bautizando en agua pero allí va a llegar uno, y a ese lo anunciarás al pueblo.

Juan no conocía a Jesús pero el que lo mando a bautizar le dijo: A quien veas descender el Espíritu como paloma, ese será el que bautizará con Espíritu Santo y fuego.

Juan estaba a la expectativa y cuando bautizó a Jesús, que era Dios manifestado en carne, el espíritu eterno escondido en un cuerpo mortal, el invisible se dejó ver, porque a Dios nadie le vio jamás, más el que veía a Jesús, veía al mismo Dios manifestado en carne.

Cuando Juan bautizó a Jesús, inmediatamente el cielo se abrió y una voz que decía este “Es mi Hijo, en quien me complazco”.

Recibir el don del Espíritu Santo, es la experiencia más hermosa que una persona puede tener en la vida, es un poder que satisface de felicidad al ser humano, que renueva, que calma la sed, que sacia el corazón.

Cuando Dios se deja sentir, nadie puede ignorar a su presencia, porque la presencia de Dios cambia nuestra vida para siempre.


Pastor: Adriano Mier

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