Sermones con ofertas “Pague Uno y lleve Dos”

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Sermones con ofertas

Sermones con ofertas

Vemos como ahora algunos de nuestros predicadores contemporáneos en sus sermones omiten la palabra “Arrepentirse”, porque tal vez si le dicen a la gente que se arrepientan, se van del culto y solo exponen sermones con ofertas.

Ya poco se insta a los pecadores a que se arrepientan, ya eso no se oye, ahora la modalidad es esta: “Alcen las manos todas la visitas, ahora póngase de pie, ahora pasen al altar porque voy a orar por todos ustedes para que Dios los bendiga”.

¿Y así quien no pasa al altar? ¿Quién no va querer que Dios lo bendiga? ¡Claro! todo el altar se llena de par a par; pareciera que la mayor preocupación del predicador de hoy es llenar el altar como sea, a como dé lugar, para jactarse y darse golpes de pecho diciendo: “Fui a tal lugar y se entregaron 500 almas”, pero vaya al mes a ver ¿Cuántos de esos quedaron en la iglesia?.

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No estamos en contra de que las almas pasen al altar, pero es mejor que pasen al altar unos pocos arrepentidos, que una multitud sin convicción, que vienen por intereses distintos y que al no encontrarlos vuelven y se van; vienen es a buscar bendición y riquezas pero al no encontrar nada de eso con las mismas se devuelven, no existe un verdadero arrepentimiento.

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En los mensajes televisivos vemos como los predicadores ofrecen sermones con ofertas, abundante prosperidad y buena suerte.

“Siembre cincuenta mil y se llevará un millón”, con una oferta así, ¿Quién no la aprovecha? como los almacenes de remate: “pague uno y lleve dos”. ¿No será esta falencia la causa de que tantos pasen al altar y pocos queden en la iglesia?.

A la gente no hay que ofrecerles sermones con ofertas, hay que decirle que necesita arrepentirse, que son pecadores; ¡Claro! hay que sabérselo decir, pero hay que decírselo, porque se llevan el mensaje en su corazón, no importa que se molesten.

Muchos de ellos se van molestos y pataleando, pero pasado los días vienen reconociendo, que lo que se les dijo era verdad. Cuando Naamán se le mando a lavarse en el Jordán, éste se fue bravo y molesto, pero al rato humillado fue y se lavó, y enseguida su piel salió limpia.

El arrepentimiento es algo muy profundo en la vida de la persona, que ocurre en el alma.

Una persona arrepentida no le queda fácil devolverse al mundo.

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