Expediente 3 caso El grito de un ángel

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Expediente 3 caso El grito de un ángel

Expediente 3 caso El grito de un ángel

Si somos buenos cristianos, debemos saber para dónde vamos. Hablaremos sobre: “Expediente 3 caso El grito de un ángel”.

Necesitamos que la iglesia del Señor en este tiempo, en una época donde la posmodernidad es latente, los medios de televisión, de comunicación, el Internet y lo que alrededor está.

Nos vende una idea de facilismo, tenga la esencia de aquel que lo llena todo y su nombre es Jesús.

Debemos estar convencidos de lo que tenemos.

Corremos la carrera que tenemos por delante, como dice el apóstol Pablo, a la meta, a tener el galardón supremo.

Todos debemos tener esa convicción de que la fe que tenemos, esa semilla que Dios ha puesto en nuestros corazones no es cualquier cosa, valoremos la fe.

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Expediente 3 caso El grito de un ángel.

Hay un hombre que su vida comienza a transcurrir con situaciones extrañas, primero, Abraham era un hombre anciano.

Constructor de dioses paganos, de ídolos, pero de pronto se le aparece Dios y le dice “Abraham, sal de tu tierra y de tu parentela y vente a la tierra que yo te mostraré”.

Dios era completamente extraño para Abraham.

Pero imaginemos que se diría “No he sentido nunca lo que sentí cuando me habló Dios, este Dios me está prometiendo que me dará una descendencia como las estrellas del cielo”.

La Biblia dice en un Salmo que su voz estremeció los cimientos de la tierra, y cuando uno comienza a percatarse de la voz de Dios, a sentirla, creemos que también puede estremecer un corazón.

“Y Abraham le creyó a Dios y le fue contado por justicia”, creyó en contra esperanza.

Sucede otro problema, Dios le va a dar descendencia y su esposa es estéril, no podía tener hijos, y para que la situación se agrave un poco, ya había pasado su periodo fértil.

Estas son las cosas de Dios, porque Dios es un Dios que sorprende.

Cuando tenemos fe en Dios, nuestra fe no está fundamentada en cosas efímeras.

La fe reclama sus promesas, si Dios nos prometió una sanidad, un milagro, esa es nuestra fe, y esa fe debe reclamar promesas, por eso debemos confiar en el Señor.

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Dios le dijo a Abraham, cuando su hijo tenia doce años “Abraham yo sé que estás feliz con tu hijo, pero quiero que me lo sacrifiques, sacrifícame a la risa, al contentamiento, al gozo que tienes, dámelo a mi”.

Si Dios nos pidiera eso, pongámonos a pensar lo que representa nuestra felicidad.

Hay gente que no se convierte al evangelio porque dicen que pasan de fiesta en fiesta, pero si se le entrega ese gozo al Señor, ese gozo será aún mayor.

Entregar lo que amamos no es fácil, pero si Dios lo pide, sacrifiquémoslo.

Abraham comenzó a llorar, pero en silencio, le dijo “Hijo, acompáñame a hacer un sacrificio”.

Se fue con dos siervos a caminar tres días por el desierto, porque antes del sacrificio viene el desierto.

Ese desierto fue testigo de las lágrimas que derramó Abraham, sacrificar lo que más amaba, y no solo eso, su único hijo que había esperado por cien años.

Eso no es fácil, pero cuando estamos convencidos de a quien adoramos, uno hace lo que sea por agradarlo a él.

Sin embargo, hay cristianos que no aguantan la prueba, no aguantan el golpe “yo me aparto” y lo gritan.

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Seamos serios, la Biblia dice, que fuimos injertados dentro del cuerpo, y este cuerpo lo puso Cristo, pues él es la cabeza.

No sabemos cómo algunos piensan que Dios no hace milagros, cómo algunos se apartan del evangelio, dejando el camino de la fe.

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Pero vale la pena creer en Jesús, nunca veremos el poder de Dios si no nos atrevemos a creer.

Abraham les dice a los siervos que esperen ahí, porque eso era cuestión de adoración, algo personal entre Dios y él, mas nadie; les dice “vamos a ir adorar, pero vamos a volver”.

Es decir, que Abraham sabía, que Dios, aunque matara a su hijo, lo iba a resucitar de las cenizas, eso es fe, la fe reclama sus promesas.

No era fácil, subiendo con su hijo por el lado izquierdo del monte Moriah.

Pero lo que no sabía Abraham era que del otro lado de la montaña venia Dios con las estrellas del cielo, Dios siempre nos da más de lo que necesitamos.

Le dice el niño “padre, tenemos todo, pero ¿Dónde está el cordero?”.

Imaginamos que esa pregunta la escuchó Juan el bautista por acá.

Porque dijo “He aquí el cordero de Dios” Jehová siempre tiene alguien, Jehová se proveerá del cordero.

Atrévete a creer

Abraham subió y dijo “hijo mío tú eres el sacrificio”.

Cuando hay adoración los cielos se estremecen, cuando hay hombres y mujeres que creen, comienzan a suceder cosas tremendas.

Abraham tal vez le diría a su hijo “yo te amo, pero amo más a Dios”.

Le amarró las manos, le puso una venda en los ojos, imaginemos los ángeles viendo la escena, Dios viendo la escena, y cuando Abraham levanta el cuchillo para sacrificar a su propio hijo, viene Dios y le dice al ángel “corre que lo va a matar”.

Y viene ese ángel atravesando planetas a la velocidad de la luz, y llegó a la cima del monte y grita:

“Abraham, no lo hagas, porque he visto tu fe, por cuanto no rehusaste a tu propio hijo, he aquí que todas las familias de la tierra serán benditas en ti, y tu descendencia será como las estrellas”.

Muchas veces Dios nos pone a pruebas para medir nuestra fe, y así abrir las llaves del cielo y enviarnos la bendición.

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Sin duda alguna, Dios es un Dios de proezas y de maravillas.

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Pastor: Carlos Pérez

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