Luchando por un premio

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Luchando por un premio

Luchando por un premio

La vida se compone no solo de alegría, sino también de tristezas en momentos duros y difíciles, donde a veces pensamos que todo llegó a su final y no sabemos que hacer, por eso el tema en esta ocasión es: “Luchando por un premio”.

Todos los días es una nueva batalla, una lucha continua, pero nuestra esperanza son cielo nuevo, nueva tierra y vida eterna.

Todo tiene un interés, sabemos naturalmente los seres humanos nos movemos cuando hay lago de por medio.

Nadie trabaja para que lo vean, se trabaja para ser remunerado, nadie estudia solo por diversión, todos estudian porque saben que al final recibirán un título, y todos los premios se dan después de hacer algo.

Como cristianos sabemos que estamos luchando por un premio.

“Nada es gratis”, esa una frase que todos conocemos y entendemos.

Muchas veces recibimos cosas y creemos que son gratis, y si lo son, pero quien nos las dio, debió tener algún motivo para hacerlo, seguramente nosotros debimos hacer o tener alguna acción anterior.

El libro de los Salmos fue le corario de Israel, la música se introdujo a los cultos desde el tiempo de David.

Fue David quien introdujo la música en el culto; el Salmo 78 es una composición que David hace a Asaf y le recalca que no deben quedarse callados, que transmitan y pasan la antorcha a generaciones venideras.

Que les cuenten a sus hijos la potencia de Dios y sus maravillas para que no olviden de su ley y guarden sus mandamientos, para que no se olviden de las obras que Dios hizo y pongan en Jehová su confianza.

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De aquí partimos para hablar de este tema: Luchando por un premio.

Hay muchas maneras de llegar al premio, pero hoy partiremos de una.

Las personas no obtenemos un premio solos, siempre necesitaremos de la ayuda de otros, porque el ser humano no nació para ser un ser independiente. Todos los seres humanos dependemos de muchas cosas.

José no le enseñó a sus generaciones el conocimiento de Dios y la Biblia dice, que murió el y sus hermanos y entre tanto se levantó un nuevo rey en Egipto el cual no conoció a José y el pueblo de Israel cayó en esclavitud 400 años.

Otro hombre mencionado en la Biblia fue Josué, el ayudante de Moisés y líder militar, quien también murió y fue enterrado con sus padres.

Pero no les trasmitió a las generaciones venideras lo que Dios había hecho con ellos.

Y entre tanto se levantaron otras tribus, otros pueblos y el pueblo de Israel cayó en apostasía.

Todo esto nos deja dicho que nosotros en nuestro tiempo, necesitamos comenzar a ganar el premio dese nuestras generaciones en nuestros hogares

En la Biblia vemos un ejemplo muy clásico, una ilustración maravillosa de un premio que Dios le dio a una familia, fue en la casa de Timoteo.

Dice el libro de los Hechos que la madre de Timoteo era creyente y el padre era inconverso, es decir, Timoteo nació en un hogar dividido, con dos corrientes contrarias.

Imaginemos a un Timoteo en medio de dos creencias sin saber que hacer o a cuál fe creer.

Pero la madre de Timoteo sabía que tenía en sus manos un premio muy grande y con el buen ejemplo debía luchar para ganarlo.

Por eso el tema que tratamos en esta ocasión es: luchando por un premio.

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Entre la madre y la buena, Eunice y Loida, desde la niñez le enseñaban la palabra, dice la Biblia.

Dijo Pablo “trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.” 2 Timoteo 1:2.

Timoteo al crecer notaba que su papa no vivía lo que enseñaba, pero veía en su abuela y madre una fe no fingida.

Timoteo fue creciendo y su abuela y su mamá todos los días se dedicaron a enseñarle las sagradas escrituras con prudencia.

Y a los veinte años Timoteo llegó a ser un pastor, el pastor mas joven de la iglesia primitiva.

Es por eso, que los padres deben saber que sus hijos son vasos y que esta en ellos ver si depositan cosas malas o buenas con sus enseñanzas y ejemplos.

Timoteo escogió el camino de Señor, el premio para esa familia fue ese, porque el era un instrumento en las manos de Dios.

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Pero no solo eso obtuvieron, dice la Biblia que, con el buen ejemplo de los tres, Loida, Eunice y Timoteo, el padre que tenia otras creencias y otra cultura se convirtió al evangelio.

Los padres tenemos esa gran responsabilidad de instruir a nuestros hijos en el camino de Dios, y no hay mejor manera que con el ejemplo

Eso que haces en el culto lo hagas en tu hogar, que la oración, la búsqueda, la lectura de la palabra, el buen trato con los hermanos de la iglesia, se vea también en casa.

Que así toque ahora estar luchando por un premio, lo hagamos porque mas adelante veremos esa recompensa.

Todos sabemos la historia bíblica que David venció al gigante Goliat.

Pero eso no fue espontaneo, eso fue el resultado de una programación y entrenamiento desde su casa.

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Cuando David ve que hay un gigante y que tiene a todos amedrantados pregunta ¿Qué le darían a quien lo venciera?

Y le dicen todos los privilegios que obtendría quien lograra lo antes mencionado.

  • La hija del rey
  • Le omitirían los impuestos

Al saber esto decide enfrentarse al gigante y su hermano mayor lo regañó, viéndolo como incapaz de tan grande reto.

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Él sabía que había matado leones y osos por las ovejas de su padre y que también lo haría con ese gigante.

Con una piedra y una honda que seguramente ya había tenido mucho tiempo en su mano, con ejemplo de su padre que le había enseñado quién era jehová tiró y derribó al gigante.

Saúl el rey le pregunta a David cuando este lleva la cabeza del gigante, quién era su padre.

Nuestros hijos a diario se tienen que enfrentar a gigantes en el mundo que les rodea, en vez de desanimarlos como los hermanos de David hicieron con él, debemos como padres animarlos y cuidar su autoestima.

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Que, si alguno de los hijos no sabe cómo superar problemas, les enseñemos a cómo vencer gigantes, con el ejemplo como hizo la abuela y madre de Timoteo.

Nuestro Dios es quien nos los dio, el mundo no puede arrebatarlos y el enemigo no los puede tener, son de Dios nuestros hijos.

“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él. Proverbios” 22:6.

Estamos luchando por un premio, y es ver a nuestros hijos y familia realizados, pero en Dios.

Pastor: Leonel Muñoz

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