Nunca hemos visto tal cosa

Nunca hemos visto tal cosa

Nunca hemos visto tal cosa

Entró Jesús otra vez en Capernaun, e inmediatamente se juntaron muchos y ya no cabían en aquel lugar. Hoy hablaremos sobre el tema: “Nunca hemos visto tal cosa”.

Entonces vinieron unos hombres y trajeron a un paralítico, pero como no podían acercarse a Jesús a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaban.

Bajaron el lecho en que estaba el paralítico y Jesús le dijo: “Tus pecados te son perdonados’’.

“Para que sepáis que el hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados. Entonces dijo al paralitico; levántate, toma tu lecho y anda’’.

De manera que todos los que estaban allí se asombraron y glorificaron a Dios diciendo: nunca hemos visto tal cosa’’.

Parece que les causó sorpresa la maravilla que estaban contemplando, ellos estaban anonadados.

Si tuviéramos la oportunidad de reunirlos, les preguntáramos: ¿realmente qué fue lo que los asombró? si el hecho de levantar al paralítico o el hecho de que le perdonara los pecados.

Ellos no sabían que el que estaba ahí era el hijo de Dios manifestado en carne, lo que ellos veían era al hijo del carpintero, el hijo de José con María, que, entre otras cosas, su nacimiento estaba en tela de juicio.

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Ahora el hijo del carpintero tiene poder para perdonar pecados, dirían algunos incrédulos y sarcásticos.

En todas las generaciones ha habido creyentes incrédulos, nosotros no buscamos señales, pero el que las busca, las encuentra.

Para Israel la promesa era dinero y salud, para ellos alguien que estaba enfermo estaba en pecado, porque la señal de la sanidad era confirmación de que sus pecados eran perdonados.

Ellos estaban a la expectativa, pero lo más sorprendente fue cuando vieron lo que sucedió, y decían: nunca hemos visto tal cosa ¿quién es este que puede perdonar pecados?

Jesucristo es el mismo de ayer, de hoy, el mismo por los siglos de los siglos.

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Si asombró a esa generación, a esta también sigue asombrando.

A pesar de las tantas cosas que hemos visto y oído, todavía Jesús sigue asombrando, generación viene, generación va pero Jesús es el mismo.

Sigue obrando, actuando, haciendo cosas que asombran.

Si Jesús es capaz de sorprender a nosotros los que creemos, ahora cuanto más a los que no creen.

Jesús cuando tiene un plan trazado, él lo lleva a cabo, a él no lo detiene nadie, el Dios que nosotros predicamos, es asombroso.

Algunas veces, aunque se es creyente, uno sigue ignorando la obra de Dios.

Cuando venimos a los pies de Dios, no nos lavan el cerebro, nos lavan completicos.

Jesús ama tanto al ser humano que hace unas cosas asombrosas, pero no las hace para causar un show porque la gente toma las cosas de esa manera, pero no se trata de eso.

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Lo que él hace es porque él nos ama y porque nos ama, hace unas cosas asombrosas.

Para nosotros resultan espectaculares las cosas que Dios hace, pero no es que a Él le guste estar haciendo espectáculo, sino que, para él es tan normal, porque ama al ser humano.

Y lo ama tanto que le permite ver cosas que nunca ha visto, pero lo permite, para que uno abra los ojos y se dé cuenta.

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Nunca hemos visto tal cosa, de cómo Dios, por amor al ser humano permite unos eventos, pero lo hace con el fin de salvar, restaurar y atraer a la gente, no es por otro motivo.

No es para que el hombre diga: “tengo tremendo ministerio’’ eso aún te lo dio Dios. Porque cada vez que Dios mueve su poder asombra.

Dios siempre hace más de que lo que pensamos o podamos creer.

Los 4 muchachos que acarreaban al paralítico llevaban fe, pero la fe de ellos alcanzaba apenas para que se sanara, porque habían oído y visto lo que Jesús podía hacer, pero lo que ellos no sabían era que él iba a ser perdonado.

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No hay cosa más linda en la vida, que vivir con una conciencia pura, porque la sangre de Cristo nos limpia.

Nadie tiene mayor amor que el que tuvo Jesús por ti y por mí, lo que él hizo no lo puede hacer más nadie.

Dios puso su vida por ti y por mí para venirnos a salvar, eso es lo más glorioso que un ser humano pueda experimentar.

A veces piensas que el Señor no te responde, pero él conoce todas tus necesidades.

A veces piensas que está lejos y no te oye, pero resulta que él está a tu lado para ayudarte, a veces pedimos cosas que no nos convienen y él sabe que, si nos las da, nos hacen daño.

¡Dios responde!

Por. Jorge Elías Simanca

 

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