Será que hay alguno

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Será que hay alguno

Será que hay alguno

Cuando la gente está en el estado de miseria y de sufrimiento, el diablo puede hacerle creer que no vale nada, que su vida no tiene sentido y que nació para ser un mendigo. Hoy desarrollaremos el tema: “¿Será que hay alguno?”.

En la Biblia hay historias muy fascinantes entre ellas la Mefiboset, él nace en un hogar de privilegiado.

Puesto que era el nieto de la persona más importante que había en Israel, era nieto del rey Saúl, hijo del príncipe Jonathan.

En la jerarquía de los reyes, los sucesores al trono eran los hijos, tenían el derecho de heredar la posición de aquel rey, puesto que pertenecían a su linaje y en el orden jerárquico había esta costumbre.

Que, si el padre por alguna circunstancia no podía seguir en el trono, el sucesor inmediato era su hijo.

Cuando nació Mefiboset alguien pudo haber dicho: nació un futuro rey de Israel, nació un niño que en un futuro podía llegar a ser el rey de Israel.

En ese tiempo Mefiboset era el consentido de la casa, era el centro de atención de toda la familia y no de cualquier familia, de la familia real.

Mefiboset era un niño que todos querían tener, pero esta historia tiene unos episodios que hay que tener en cuenta, porque muchas veces las cosas no son premeditadas sino circunstanciales.

Y algunos no entienden lo que sucede en el momento.

El abuelo de Mefiboset, el rey Saúl fue puesto por Dios para dirigir al pueblo.

Pero dice la Biblia que Saúl no hizo lo recto delante del Señor y por esta razón Saúl tiene que abandonar aquel lugar de privilegio.

Cuando se desarrolló este episodio que tiene un desenlace transcendental en la vida de Mefiboset, él solo tenía 5 años de edad.

Saúl no puede seguir siendo el rey de Israel porque no está obedeciendo.

Ahora la opción a recibir el trono es Jonathan, el padre de Mefiboset, pero sucede una catástrofe.

Dice la Biblia que Saúl y Jonathan mueren y cuando esto sucede a aquel niño le pasa algo, hay una niñera que quiere proteger la vida del niño y trata de ocultarlo.

Cuenta la historia que llegaron bandas armadas y comenzaron a rodear al palacio y le dieron muerte a Isboset, ahora el único que queda es Mefiboset.

Sucede algo cuando la niñera corre con el niño en sus manos, el niño se le cae de las manos y esto trajo como consecuencia algo fatal.

Algo que lo marcó para siempre, dice la Biblia que quedó lisiado de los pies.

Vea también: Para llegar a la meta hay que tomar el camino correcto

Este niño es llevado a un lugar de no palabra, un lugar de silencio, de tristeza, desolación, miseria y frustración, porque aquel niño que nació siendo un príncipe ahora se convierte en un mendigo.

En alguien que tiene que arrastrarse y recibir la lástima de todos.

Comienzan a surgir en la vida de él una serie de preguntas que para él no tenían respuesta ¿por qué estaba en esa condición?

Pero alguien por allá se acerca y le cuenta la historia.

Tal esa era la condición de Mefiboset y cabizbajo con lágrimas en sus ojos decía:

Nací para ser un mendigo, nací para sufrir, pero que Mefiboset no sabía que mucho tiempo atrás su padre Jonathan se hizo amigo del sucesor de Saúl.

Al que Dios colocaría y ungiría como rey de Israel.

Mefiboset no sabía esto, pero dice la historia que Jonathan y David se amaban y que en esas jornadas donde compartían hicieron un pacto de amor, de misericordia.

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Se dijeron el uno al otro: “Aunque transcurran los años no te olvides de mi familia”.

Y tal vez una noche el rey David sale a su balcón y se acuerda del pacto que hizo con su amigo y dice David:

“¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl a quien haga yo misericordia de Dios?”.

Y un siervo de la casa de Saúl dice:

“Si rey, quedó uno, pero su apariencia no es la más hermosa, tiene un defecto físico y el rey dice; no me importa su apariencia, quiero saber dónde está yo haré misericordia por amor de Dios”.

“Alisten todo y pregunten por el príncipe Mefiboset porque él no nació para ser un mendigo, él nació para ser un príncipe”.

Y comienza la búsqueda, encuentran al príncipe y viene Mefiboset, pero con una actitud acomplejada y se tira a los pies del rey y le dice:

“Oh rey, cómo te fijas en un perro muerto como yo”.

Su autoestima estaba por el suelo, eso es lo que hace el pecado, eso es lo que hacen las circunstancias que no se premeditan.

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Será que hay alguno.

El rey cuando lo ve le dice; tranquilo, estas mirando aquella silla vacía y él se mira y dice:

Rey, mira cómo estoy y el rey le dice: te estoy guardando un vestido nuevo porque tu apariencia no es esa.

Y la gente comenzó a darse cuenta que la silla que estaba vacía ahora tiene el rostro de otro príncipe.

Y alguien dice: él no nació para ser un mendigo, él nació para ser un príncipe.

Quizás la vida te ha quitado muchas cosas, el pecado te ha quitado muchas cosas.

Lo contrario de la historia de Mefiboset la Biblia dice:

“Por cuanto todos pecaron y todos estábamos destituidos de la gloria de Dios”.

Pero el rey dejó su trono y él mismo vino porque él te salvó para no perderte jamás, te perdonó para no dejarte jamás. ¿Será que hay alguno?.

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Será que hay alguno.

Por: Pedro Martínez

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