Anhelando la presencia de Dios

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Anhelando la presencia de Dios

Anhelando la presencia de Dios

Anhelar significa deseo vehemente, anhelar es un deseo ardiente y lleno de pasión. El salmista dice: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti oh Dios, el alma mía”. Nosotros debemos siempre estar anhelando la presencia de Dios.

Desde el comienzo, el proyecto de Dios para con el hombre siempre ha sido, de que el hombre disfrutara de la presencia divina, en las familias, en los hogares, en los matrimonios.

Pero a raíz de la desobediencia del hombre, provocó una ruptura en la relación entre Dios y el ser humano, una ruptura que hizo una separación a causa del pecado.

Desde ese momento que el ser humano pecó contra Dios y la presencia de Dios se alejó de la raza humana, hubo un anhelo ferviente del ser humano, por volver a sentir la presencia de Dios.

Donde se empezaron a buscar diferentes medios, diferentes alternativas, diferentes posibilidades, en que el hombre pudiera volver a experimentar la presencia de Dios en sus vidas.

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Tal punto que una vez un hombre dijo: “Quien me diera el saber dónde hallar a Dios, yo iría hasta su silla”.

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Pero hoy podemos nosotros disfrutar de la presencia de Dios, por su gracia y su misericordia, podemos nosotros sentir las dulces caricias de aquel que nos ama y nos ha salvado.

Dios entendiendo que el ser humano necesitaba de él, (porque el ser humano sin Dios no es nada) comenzó a diseñar un plan.

Y dentro de ese plan llamó a un hombre llamado Moisés, y le dijo a Moisés que tenía que construir un lugar, donde la presencia de Dios iba a ser depositada.

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Moisés construyó ese lugar conforme a las medidas, normas y reglamentos que el Señor le dictó para que construyera el lugar de reunión, donde iba a reposar la presencia del Señor.

Ese lugar tenía tres áreas específicas y especiales

• El atrio
• El lugar santo
• El lugar santísimo

El atrio era iluminado por la luz solar.

El lugar santo era iluminado por lámparas que estaban encendidas, pero había otro lugar.

El lugar santísimo estaba iluminado con una luz propia, que era la misma gloria de Dios.

Esta iglesia no necesita que nadie venga a iluminarla con estrategias, ni con mecanismos extraños.

Nosotros tenemos luz propia que nos hace brillar, tenemos a Cristo, él es la luz de esta iglesia.

Anhelando la presencia de Dios

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Allí en el lugar santísimo Dios colocó un elemento especial, era su misma presencia (el arca) y cada vez que el pueblo de Israel salía a la batalla.

Tenía que llevar por delante de ellos el arca, para poder triunfar, para poder salir victoriosos en la batalla.

Cuando el ejército salía y delante de ellos iba el arca, la victoria era segura.

Un día sucedió algo inesperado, el ejército salió a pelear contra el enemigo, de repente llega al templo una noticia al sacerdote Elí.

Que el ejército de Israel había perdido la batalla, y que el arca, (la presencia) le había sido quitada al pueblo de Israel.

La historia bíblica nos dice que el sacerdote murió instantáneamente, porque es que nosotros sin la presencia de Dios no valemos nada.

Que nos quiten todo, pero que no nos quiten la presencia de Dios, podríamos vivir sin muchas cosas, pero no podríamos vivir sin la presencia de Dios.

Amplía más sobre el tema “Anhelando la presencia de Dios” viendo el siguiente vídeo, sabemos que será de mucha bendición para ti.

Pastor: Carlos Mendoza

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