Así como el viento es el Espíritu de Dios

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Así como el viento es el Espíritu de Dios

Así como el viento es el Espíritu de Dios

Los antiguos comparaban a Dios con el viento y él lo asocia así “Sopla de donde quiere y oyes su sonido; más ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”, así como el viento, es el Espíritu de Dios.

No es que el Espíritu Santo sea un viento, Dios es más que un viento.

Dios es el ser más real sobre el universo, el viento es real, no se ve, no se puede tocar, así comparaban a Dios, el Espíritu es una realidad incorpórea, no se puede tocar.

Tampoco se puede palpar, pero si se puede sentir poderosamente cuando se manifiesta en nuestras vidas.

Antiguamente los navegantes eran guiados por el viento que soplaba cuando los barcos y las naves cruzaban zonas calientes.

Ellos dependían de la benevolencia de Dios y de que el viento soplara.

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Santiago dijo: “Mirad también las naves, aunque es grande su bronceado, son llevadas de impetuosos vientos”.

A veces los barcos eran estancados en zonas calientes y algunos morían por insolación.

Otros morían por la alta calefacción y cuando eso pasaba los tripulantes de los barcos clamaban a grandes voces ¡Dios ten misericordia de nosotros!

Y Dios en su gran benevolencia mandaba fuertes vientos que movían el barco y los sacaba de esa zona estancada.

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El viento se convertía en el combustible que movía esas grandes embarcaciones y la iglesia de Dios.

En la Biblia es tipificada como una gran embarcación dirigida rumbo a las mansiones celestiales.

Si el viento del Espíritu de Dios no sopla, no vamos a llegar a ninguna parte, para cualquier cosa que se haga en la iglesia se necesita que el Espíritu de Dios esté sobre nosotros.

Necesitamos que ese viento que sopló hace más de 2mil años allá en el pentecostés siga soplando sobre nosotros, nosotros necesitamos otra visitación de un pentecostés.

De un poder que nos mueva porque esta embarcación necesita del Espíritu Santo.

Dios todavía quiere llevarnos a lugares donde no hemos llegado y para entrar en esas partes se necesita que el Espíritu Santo esté sobre nosotros.

Y si está sobre nosotros no habrá paredes, ni diablo que impidan el paso de esta iglesia.

Al profeta del antaño llamado Eliseo, Dios le decía cada vez que el rey de Siria se reunía y hacía un complot para destruir a Israel.

Tanto que se fastidiaba de que no le salieran sus estrategias militares.

Lo más secreto Dios se lo revela y a Eliseo, lo mandaron a aprehender, la Biblia dice, que llegaron de noche y sitiaron toda la ciudad.

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En la mañana se levantó el criado de Eliseo y cuando ve ese monte, tan lleno de ejércitos, mantuvo la calma.

Porque el hombre de Dios siempre ve más allá de los obstáculos, más son los que están con nosotros que los que están con ellos.

A veces Dios tiene que abrirnos los ojos porque pareciera que no pasara nada, pero algo está pasando.

Así le pasó a Agar, cuando ella pensaba que su hijo se iba a morir, el niño lloró y Dios oyó la voz del niño, aparentemente usted no ve nada.

Pero hay una fuente de agua que es Dios y te va a dar lo que necesitas.

En los días de Jesucristo en la tierra, llegó hasta Betsaida y le presentaron un ciego para que lo tocase y él lo tomó de la mano.

Lo sacó fuera de la aldea y allá fuera dice que le escupió los ojos, le colocó las manos encima y le preguntó si veía.

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Es el único milagro donde Jesús usó dos etapas porque Jesús nuevamente colocó las manos y le pregunta ¿Cómo ves? y él dijo: ahora veo bien.

Quizás alguien necesita un segundo toque de Jesús porque es posible que ya Dios te haya tocado la primera vez, pero no estás viendo bien, sabes que necesitas que él te vuelva a tocar.

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Así como el viento, es el Espíritu de Dios, pero a veces se siente que el barco se está estancando en el calor agonizante.

Nos desesperamos, los problemas llegan, todo se detiene y pareciera que todas las cosas fueran en retroceso.

Así como esos barcos que se detenían en las zonas calientes y dicen: me siento estancado, estático, trato, pero siento que no avanzo y que mi vida espiritual va de pique.

Pero es ahí cuando necesitas hacer como esos marineros a punto de morir ¡Dios, manda el viento!

Jesús cuando estuvo aquí en la tierra, leyendo el rollo el profeta Isaías dijo:

“El Espíritu del Señor está sobre mí por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres”.

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Por eso fue, que Jesús en el Espíritu sanó enfermos, limpió leprosos y hasta resucitó muertos.

¿Qué si sucedería si toda la iglesia estuviera llena del Espíritu Santo?

“Acontecerá en aquel tiempo que la carga será quitada y su yugo de tu cerviz y el yugo se pudrirá a causa de la unción”.

Si nos llenamos de la fuerza renovadora de Dios, esos yugos se partirán y serás libre.

Dios en estos últimos tiempos derramará de su Espíritu, así que con la manifestación de Jesús en carne empezaron los últimos días.

Dios quiere hacer cosas grandes, a entrar al lugar que nunca hemos entrado.

El viento del Espíritu soplará sobre ti, no te apartes de la iglesia.

Por: Víctor Morales

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