Ni mas grande ni mas chico

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Ni mas grande ni mas chico

Ni mas grande ni mas chico

Las familias no se arreglan en una noche, tengamos paciencia, si queremos construir un buen edificio, no se hace en dos días, porque Dios quiere agregar el ladrillo adecuado, ni mas grande ni mas chico.

Las cosas se construyen, y nosotros estamos construyendo hogares, estamos persiguiendo lo que va a suceder a mediano y largo plazo en nuestras vidas.

Es muy difícil encontrar dos personas que piensen igualito, la gente no piensa igual, el que amemos a otra persona no hace que pensemos igual que ella.

Fijémonos cómo surge un problema donde no lo hay, porque en algún lugar nos parece que el varón pide blanco, y la esposa tiene que pedir blanco, porque como ella no piensa.

Pero también puede ser al revés, la esposa es la que sí sabe lo que hay que comer, y el otro no sabe y ella va a pedir por los dos.

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Ni mas grande ni mas chico.

Pero ni en eso pensamos igual, nosotros pensamos diferentes aunque estemos enamorados.

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El amor no le cambia el gusto a nadie, a la que le gustaba el arroz con cebolla, sigue comiendo arroz con cebolla, aunque a él le guste el arroz aliñado.

Y esas pequeñeces de diferencias traen a la casa posibilidades de enfrentamiento, lo malo de este problema es cuando se enfrentan dos personas entre las cuales una de las dos ocupa el lugar de gerente, y el otro de subalterno.

Por ahí hay un dicho malísimo “El que manda, manda, aunque mande mal”.

Pero claro, en un hogar donde el que manda, manda, aunque mande mal, estamos seguros que habrá peleas y rupturas, al mes, al año, póngale la firma, tarde o temprano eso se parte.

Nadie puede vivir la vida sin pensar, porque entonces surgen diferencias.

Entonces ¿Cómo vamos a arreglar esas diferencias?

“Yo soy el más grande y tú la más chiquita” pues Ni mas grande ni mas chico, dejémonos de tamaños.

¡Hay muchos grandotes que se caen rápido!

Cómo vamos a resolver las diferencias cuando de todos modos uno dice “Yo soy el cabeza del hogar” y la otra dice “el cabeza del hogar dijo, aquí se hará arroz, carne y tajada todos los días porque eso le gusta a él, y su mamá así es como lo hacía”.

Pero eso no trae felicidad, ni siquiera al que manda, porque sabe que le están obedeciendo a regañadientes y eso le molesta.

Veamos lo que se le plantea a Dios, y estamos hablando de uno bien chiquitico y uno bien grandote.

Porque ¿Quién más grande que Dios?, y el pobre Caín, por grande que hubiera sido no parecería ni una hormiga.

Así que se enfrentó uno grande y un chiquito, Dios hubiera podido hacer así “empecemos de nuevo y ya”.

Pero no hizo eso, Dios escogió buscar un dialogo con Caín, y en este diálogo Dios le muestra lo malo que está haciendo.

“Caín estás a punto de cometer un pecado, el pecado está a la puerta, estás que te vas por el despeñadero”.

Así que le señalo la falta, también le mostró la posible solución.

“Tú presentas lo que es correcto y aquí no pasa nada, llévate eso, trae lo que es correcto y tú también serás bendecido”.

Así que le señaló la falta, le presentó una solución, pero lo dejó en libertad de decisión “Pero tú serás dueño de tu voluntad, y harás lo que te parezca”.

El diálogo no es para imponerle a otros, eso no es diálogo, esas son órdenes.

El diálogo es para abordar los problemas, y ver cómo nos nivelamos.

En el caso que nos ocupa está hablando Dios, que no hay otro como él, y Caín, que, comparado con Dios, no era ni una mancha en la sabana, no era nadie ni nadie.

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Dios con ese respeto que lo caracteriza le dijo “Un momento Caín, no hagas eso, te vas a hundir.

Yo te digo: si tú te llevas eso y me traes lo que debe ser, aquí no ha pasado nada, yo me olvido de eso, pero tú serás dueño de tu voluntad”.

Nadie que no tome decisiones soberanas, las va a cumplir, nadie va a estar feliz si lo obligan siempre a decidir lo que no queremos decidir, vamos a estar en problemas siempre.

Cuando la gente es libre de tomar decisiones, es feliz; cuando nos llevan arrastrados por las narices, nos sentimos un carnero al degolladero.

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“Qué vamos a hacer si aquí hablamos, pero se va a hacer lo que él diga porque eso es” o con los hijos, igual.

El problema no está en imponerse, ni en convencer al otro, el problema está en que nosotros vivamos dignamente como personas.

Entre otras cosas, nosotros como cristianos, porque afuera es importante, pero aquí es imperativo.

No es posible que un cristiano no pueda pensar que el otro tiene derecho a pensar.

Por eso el matrimonio no es para niños; esos muchachitos que tienen novia a los quince años y a los dieciséis hay que ponerlos en cintura.

Es que esto no es para muchachos, esto es para personas adultas, porque solamente una persona adulta y madura puede hacer eso.

Cuando somos muchachos queremos hacer nuestra voluntad, y creemos que lo grande está en “Me impuse y gané”.

Pero ¿gané para qué? para tener un problema el resto de la vida, no quiero ganar, quiero vivir, quiero ser feliz, vivir en familia pero vivir bien.

Además, la Biblia dice que somos imitadores de Dios, como hijos amados, y si Dios lo hizo así que es grande, por qué nosotros que somos menos grandes, no lo podemos hacer también.

Necesitamos aprender de Dios, quien siendo poderoso se hizo débil.

Recuerda no debes ser ni mas grande ni mas chico.

Esperamos que éstas cortas líneas, sean de bendición para tu vida.

Por: Alvaro Torres

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