Algunos padres de familia tienen un blanco y es ayudar a sus hijos a que se casen bien, otros para que trabajen, que no sean unos vagos, entre otros objetivos, pero ¿Qué es lo que quiero con mis hijos?

Cada quien apunta hacia un blanco.

Alguien dijo en el siglo XVI un hombre llamado Tomás Fuler, El buen arquero no es juzgado por sus flechas, sino por su puntería”.

En la edad media en una ocasión se cuenta, que había un joven que todas las noches se subía al tejado de su casa, tomaba una flecha y apuntaba al centro de la luna y le disparaba. ¿Usted cree que le daba en el blanco?

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Al amanecer se subía de nuevo al tejado y le apuntaba al sol. Y usted qué dice, ¿le daba en el blanco?

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Esto lo hacía con mucha frecuencia, por días, meses y por mucho tiempo…

La gente comenzó a murmurar y decían: “Ese joven se ha vuelto loco, se sube al techo, y comienza a disparar, lo hace en la mañana, en la noche, este muchacho se le corrió una teja…”

Cuenta la historia que este joven llegó a ser el mejor arquero del mundo.

Aunque era como una ironía apuntar a la luna o al sol, llegó a ser el mejor.

La Biblia dice: “He aquí herencia de Jehová son los hijos y cosa de estima el fruto del vientre, mis embriones vieron tus ojos”.

“Oídme costas y escuchad pueblos lejanos, Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria, y puso mi boca como espada agua, me cubrió con la sombra de su mano…”  

Entonces el arquero, el arco, la flecha y la aljaba son una unidad inseparable.

El arquero para labrar su arco y su flecha selecciona la madera, para organizar el arco, pone la madera al sol, la hace pasar por el fuego, tiene un valor de armarla, de pulirla, de mantenerla en la mano, usarla y doblarla.

Además, estirarla con el fin de darle forma y resistencia, la mueve de un lado hacia otro, hasta que le va dando el temple.

Luego le ajusta la cuerda para probarla y escoge la madera para hacer las flechas y las pasa por el fuego, y no las hace de cualquier madera o manera, sino que le da una rectitud, la estilla en la punta y le ubica el metal afilado y pulido.

Terminado este proceso, comienza hacer la practica con ello.

El arquero tiene un momento de dedicación, se da la tarea de caminar el área, de conocer el entorno, la distancia, darse cuenta de la temperatura y de contemplar el viento.

Porque una de las cosas que no le agrada al arquero es desperdiciar una flecha, entonces no hace un lanzamiento en vano, se toma el tiempo apropiado para apuntar, practica y practica, le apunta a la luna o al sol.

Todo esto, debido a que tiene un objetivo definido, que es de dar en el blanco.

El arquero tiene algo en particular y es que ama a su arma, tiene una vocación, no pone su arma en cualquier parte, ni tampoco se la da a otro, mantiene una socialización… “Como saetas en manos del valiente”.

Cuánta socialización le toca hacer a un padre hoy en día con su hijo, para anexarse a su vida, hasta que su corazón se apegue a la vida de ese ser que ha engendrado.

El padre es así como el arquero, tiene esa vocación de contemplar hacia dónde va a dar el blanco.

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¿En qué momento un padre o madre suelta a su hijo?

Cuán importante es descubrir la esencia del ánimo con que nosotros actuamos en las decisiones que tomamos.

No se es joven para desperdiciar la juventud, para gastarla en cosas vanidosas.

Algunos tienen la juventud para reclamar ser libres, tirarla y desperdiciarla, pero si hay un tiempo donde la fortaleza de la vida está centrada en el cuerpo físico, es en el tiempo la juventud.

Es triste ver un joven apagado, triste, perezoso, porque un joven tiene todo el vigor y ánimo; donde hay un joven, hay entusiasmo, vida, alegría…

Qué quiero con mis hijosLa fuerza de la vida está en la juventud, y una de las cosas que Dios le solicita a Josué es Esfuérzate y se valiente”.

Cuando Saúl había cometido el pecado de desobediencia, buscaron a una persona que viniera a apaciguar a Saúl del espíritu que le atormentaba y uno de sus criados dijo:

“Yo conozco un hijo de Isaí que sabe tocar bien, es valeroso y además es valiente y Jehová está con él”.

Entonces cuál era el ánimo que tenía este rey, era un tiempo crítico, lamentable, donde la nación se había ido al culto pagano.

El profeta fue visitado por el rey de Israel, el profeta le toma las manos y le da ánimos.

“Las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”.

Nosotros estamos como ese joven que se sube al tejado en la noche, en la mañana, aunque nos digan locos, esta iglesia está apuntando bien.

Ha entrado el tiempo de Sodoma y Gomorra, el tiempo de Noé, pero nosotros estamos en la aljaba de Dios.

¿Cómo se llama esa aljaba?

La iglesia, no son las paredes, el techo, la iglesia somos tu y yo que nos reunimos para alabar el nombre de Jesucristo.

La familia es esa pequeña aljaba, tiene que haber un padre con agallas, un padre que ama a la familia no se rinde.

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Qué quiero con mis hijos

Pastor: Alcides Manotas