Si te pregunta quién eres dile toda la verdad

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Si te pregunta quién eres dile toda la verdad

Si te pregunta quién eres, dile toda la verdad

Jacob había buscado la bendición desde el vientre, después la había buscado por medio de un guiso, luego se disfrazó porque quería tener la bendición, pero su corazón no había cambiado, seguía siendo el mismo ladrón. Pero hoy si te pregunta quién eres dile toda la verdad.

Jacob consiguió tantas bendiciones pero siguió siendo el mismo.

Pero una noche delante de Dios se quitó lo que tenía y se presentó a Dios tal como él era, se arrodilló y le dijo a Dios: “Son un ladrón, soy un mentiroso, pero quiero cambiar y se presentó tal como él era”.

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Dios dijo tanto tiempo he esperado una oración sincera y aquel día Dios mismo descendió hasta donde estaba Jacob.

Lo tomó, lo abrazó y le dijo no se dirá tu nombre más Jacob que significaba engañador, y le cambió no solo el nombre, sino que también el corazón y el alma, le cambio la mente y el espíritu, esa es la verdadera bendición.

Dios lo sabe todo, pero a él le gusta que le hablemos con verdad, que se le diga las cosas tal cual como nos está ocurriendo, por muy malo o bueno que sea.

A veces tenemos como bendición el hogar, los hijos, la esposa, tenemos tantas bendiciones, pero que tal si Dios nos cambia el corazón, eso sería una verdadera bendición para nuestras vidas.

Necesitamos una bendición que nos haga ser obedientes, porque sin obediencia no hay bendición.

Hemos escuchado muchos sermones, pero seguimos siendo los mismos, porque es que necesitamos una bendición que cambie nuestras vidas para siempre.

Si hoy Dios te pregunta quién eres, cuéntaselo todo, quítate ese vestido de apariencia, pero dile la verdad a Dios en secreto, porque necesitamos la bendición del corazón.

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No te presentes ante Dios como predicador o como cantante, preséntate con tu nombre, dile quien eres y abre tu corazón de par en par.

Con poco de disponibilidad de tu tiempo, te invitamos a que veas la siguiente enseñanza, que sabemos que será de bendición para tu vida.

Hay gente que llega a la iglesia disfrazada y los ponen a servir y hacen daño, algunos salen al ministerio disfrazados, creíamos que eran pastores ¡y qué va!, por eso, si él te pregunta quién eres, dile toda la verdad.

Están disfrazados porque la gente se disfraza por una bendición, la gente es capaz de mentir, pero Jehová ama la verdad en lo íntimo.

Un joven vino un día a buscar una bendición, ya la había buscado anteriormente allá en el vientre de la mamá cuando le pegó una muñequera al hermano por esa bendición.

Todo porque parecía que Jacob entendiese siendo un feto lo importante del valor de la primogenitura y por esa bendición peleó.

  • La primera vez que quiso esa bendición lo hizo a la fuerza y se equivocó porque la bendición de Dios no se consigue así.
  • La segunda vez que quiso la bendición fue con un plato de lentejas, entonces ya ahí fue como un negocio, como que yo te doy esto y tú me das aquello.

A ese muchacho le gustaba la bendición de Dios y uno encuentra en la Biblia que él la buscó de 4 formas distintas.

  • La tercera vez que él intenta buscar la bendición de Dios.

“Aconteció que cuando Isaac envejeció y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú su hijo mayor y le dijo: hijo mío y él respondió: heme aquí”.

Y le dice: “Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma y te bendiga en presencia de Jehová antes que yo muera”.

“Rebeca está oyendo cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo y se fue corriendo y dijo a su hijo Jacob ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando”.

“Ve ahora al ganado y tráeme de allí dos buenos cabritos y haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta y tú las llevarás a tu padre y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte”.

“Y Jacob dijo a Rebeca su madre: he aquí, Esaú mí hermano es hombre velloso, y yo lampiño, quizá me palpará mi padre y me tendrá por burlador y traeré sobre mí maldición y no bendición”.

“Y su madre respondió: hijo mío, sea sobre mí tu maldición”.

De pronto no seas el más santo de la iglesia, Jacob tiene miedo de presentarse tal y cual como es él.

Y Rebeca dice: “Solamente obedece a mi voz y ve y tráemelos. Entonces él fue y los tomó y los trajo a su madre; su madre hizo guisados, como a su padre le gustaba”. Cuando todo está listo Rebeca hace algo.

“Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa y vistió a Jacob su hijo menor; cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello, con las pieles de los cabritos”.

Él se disfrazó para obtener una bendición, el problema es que hoy uno no se puede disfrazar de santo cuando uno no lo es, pero si alguien le dice la verdad él es capaz de perdonarlo a uno.

Recuerda: si él te pregunta quién eres, dile toda la verdad.

Uno no puede entrar al campo de batalla disfrazado, esta iglesia es una iglesia santa, hay ancianitos que oran y ayunan y que merecen todo el respeto de los que pasan al altar.

Pasas al altar disfrazado y Dios por esa anciana te cobrará, la gente cree que no.

“Y entregó los guisados y el pan que había preparado, en manos de Jacob su hijo. Entonces éste fue a su padre y dijo: padre mío, e Isaac respondió: heme aquí”.

“¿Quién eres, hijo mío? y Jacob dijo a su padre: yo soy Esaú tú primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora y siéntate y come de mi caza, para que me bendigas”.

“Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? y él respondió: porque Jehová tu Dios hizo que la encontrase delante de mí”.

“E Isaac dijo a Jacob: acércate ahora y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no”.

“Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó y dijo: la voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú. Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú y le bendijo”.

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Nunca te presentes antes Dios disfrazado.

“Y dijo: ¿eres tú mi hijo Esaú? y Jacob respondió: yo soy”.

Dijo también: “Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga y Jacob se la acercó e Isaac comió; le trajo también vino y bebió”.

“Y le dijo Isaac su padre: acércate ahora y bésame, hijo mío. Y Jacob se acercó, y le besó y olió Isaac el olor de sus vestidos y le bendijo”

“Diciendo: mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que Jehová ha bendecido; Dios, pues, te dé del rocío del cielo y de las grosuras de la tierra y abundancia de trigo y de mosto”.

“Sírvante pueblos y naciones se inclinen a ti; sé señor de tus hermanos y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren y benditos los que te bendijeren”.

Jacob significa engaño, suplantador; engañó a su hermano y engañó a su padre, aunque obtuvo la bendición de la primogenitura Jacob sigue siendo el mismo ladrón.

Qué triste ser bautizado y tener un corazón todavía malo, necesitamos una bendición que afecte por completo nuestro corazón.

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El bautismo del cristiano no es solo bautismo físico, lo que debe ser bautizado ese día debe ser alma, el corazón, el espíritu y la mente.

Puedes tener la bendición del bautismo, del Espíritu Santo, pero y ¿la ira, el enojo, la lascivia, los deseos, la inclinación qué?

Y a cuántos retiros hemos ido o a cuántas convenciones, necesitamos una bendición que traspase este cuerpo y que cambien el corazón y el alma de una vez y para siempre.

A Jacob le toca huir, tiene una bendición pero no ha cambiado, sigue teniendo corazón de ladrón. Jacob duró 20 años disfrazado pero a pesar de todo Dios amaba a ese gemelo.

Dios sabe que tu aunque no lo parezca lo amas.

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Hay algo en el alma, en el corazón, en Jacob, que no permite que Dios se acerque más a él.

De pronto alguien diga que tiene un nivel espiritual muy bajito, pero hubo gente en la Biblia que el día que más mal andaban, el Señor los bendijo.

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Después de 20 años Dios permite que Jacob regrese de camino y venía su hermano para matarlo y dividió su pueblo y aquella noche él se queda solo ante Dios.

Hace 20 años atrás el papá le preguntó ¿quién eres? y Jacob dijo: soy Esaú, 20 años después Dios le hace la misma pregunta ¿quién eres tú para que yo te bendiga? y Jacob se mostró tal como él era.

Aquel día Dios mismo le dijo no se dirá más tu nombre Jacob y le cambió no sólo el nombre, sino que también le cambió el corazón, el alma, la mente y el espíritu.

Esa es la bendición que nos hace falta.

Qué importa que la sociedad diga ¡ahí va al que pusieron en disciplina, el que falló, el que pecó!

Qué importa que nos vean cojos, pero para Dios ahora estamos rectos, de alma, de corazón y de espíritu.

Dile a Dios cuan débil eres, quítate el vestido de apariencias, necesitamos la bendición del corazón que cambia, que transforma.

Si él te pregunta quién eres, dile toda la verdad.

Por: Moisés Herrera

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