Yo estoy sediento

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Yo estoy sediento

Yo estoy sediento

Tengo sed, y eso quiere decir que no haya tomado agua, es que a medida que uno va probando más, le va gustando. Hablaremos sobre el tema: “Yo estoy sediento”.

Hubo un pueblo que tomó agua en la peña de oreb, también tomaron agua en la mara, se dieron cuenta que este Dios es de grande poder.

No basta con decir “yo tengo sed”, a veces ni es necesario que lo diga, cuando alguien está sediento eso se nota.

El salmista y los que le oían, sabían a qué se estaba refiriendo cuando dijo “como el ciervo brama por las corrientes de las aguas”.

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Algunos pastores de oriente tenían la costumbre de tomar estos ciervos, y encerrarlos en corrales, y estos ciervos si eran macho, tenían un lujo de cuernos.

Las hembras solo tenían un asomo de cuernos, y había un momento en que el recipiente del agua se agotaba, y estos animales sedientos comenzaban a bramar.

Cuando estaban sedientos bramaban, y cuando estaban enamorados berreaban, así que se notaba la diferencia, de acuerdo al clamor así era la necesidad.

Si ellos bramaban, era porque su necesidad era tomar agua, y tenían la facultad de con sus cascos rasgar la tierra, y con su nariz olfateaban, y aunque no supieran mucho de geografía, si el manantial de agua estaba al oriente, ellos miraban hacia allá.

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Su instinto les indicaba en qué dirección estaba el manantial, y de acuerdo a su dirección, en esa misma dirección ellos emprendían su carrera.

El salmista dijo “mi alma sabe de qué tiene sed”, la sed es sinónimo de tristeza, de angustia, de desespero.

La sed tiene un solo objetivo y es ser saciada, sino puedes saciarla, puedes echarle lo que sea que eso no le satisface.

Mi alma se dio cuenta de algo “¡oh Dios, es que en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre!’’, lo único que puede satisfacer nuestra alma es la presencia del Señor.

El que tiene sed está desesperado, no está tranquilo, se le nota.

El ciervo está dando vueltas alrededor del corral, se estrella contra él, da golpes, brama desesperadamente, hasta que de repente alguno de los pastores viene.

Hay quienes ni han dado la vuelta y ya están cansados, agotados.

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El ciervo no se cansa hasta se da cuenta que la puerta está abierta y sale corriendo.

El ciervo no va a tientas, sale guiado por su instinto hacia la dirección donde está el manantial.

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Es posible que alguien piense, pero si ya está libre ¿porque corre?, es que él tiene que llegar al manantial.

El ciervo va corriendo, hasta que de repente en sus ojos en la ladera vislumbrar ve el tremendo manantial y baja corriendo y se lanza.

El ciervo ni siquiera se queda en la orilla, sino que se lanza a nadar en ese manantial.

Se mete al manantial, toma agua, sacia su sed, y no solo eso, sino que empieza a nadar en él.

El Espíritu Santo te ha estado mostrando, que eso que te tiene encerrado, eso que no te deja salir, tiene acorralada a tu alma.

Ahora está abierta la puerta del corral, así que corre que el manantial está disponible para ti.

¡Sáciate en la fuente, que es Jesucristo!

Por: Jorge Elías Simanca

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