El pecado contra el amor

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El pecado contra el amor

El pecado contra el amor

Vivimos en un tiempo donde muchas veces tenemos que ser motivados para dar una ofrenda. Hablaremos sobre el tema: “El pecado contra el amor.

Serle fiel a Dios en los diezmos, ir a un culto e incluso para darle gloria a Dios, esto da mucho que decir de cómo está nuestro compromiso con Dios.

La palabra compromiso es lo que transforma una promesa en realidad; el verdadero compromiso debe nacer en cada uno de nosotros, y nos hará tener motivos para servir a Dios; pero cómo está nuestro compromiso con Dios.

Una cosa es la motivación, y otra el motivo.

  • La motivación es lo externo, lo que nos mueve a hacer algo.
  • El motivo es lo interno, la razón que tenemos para hacer algo.

Muchas veces estamos esperando que el director diga “cuántos dicen”, porque ya tenemos claro lo que vamos a decir.

Ni siquiera decimos ¡aleluya! o ¡Santo!, sabemos que lo que viene ahí es gloria a Dios.

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¿Por qué nos sentimos motivados?

La respuesta es sencilla, porque alguien nos impulsa a hacerlo, pero el verdadero motivo o razón se echa a un lado, y es lo que no se puede perder en ningún momento.

El verdadero compromiso hacia Dios debe nacer desde nuestro interior, y ese compromiso tiene como base el conocimiento y la reflexión; no se puede hacer un compromiso desde la ignorancia, es imposible hacerlo.

Cuando normalmente aceptamos un compromiso, se supone que conocemos todos los aspectos, los alcances y las obligaciones que este tiene.

Los compromisos, hablando naturalmente, son parte esencial de nuestra vida social.

No se puede permitir una vida en sociedad si no hay compromisos, el matrimonio es un compromiso, la relación laboral también.

E incluso la adquisición de un bien inmueble y los créditos bancarios, entre otros.

El origen de los compromisos está en la Biblia, Dios hizo pactos o compromisos con Adán y también con Noé.

Hasta el día de hoy podemos resaltar lo que le dijo a Noé “no voy a destruir más la tierra, por muy fuerte que sea la tormenta, apenas veas salir el arcoíris, ese es mi pacto que no habrá más lluvia”.

Hablando de compromisos, nosotros podemos decir, que no somos la excepción, Dios hizo un nuevo pacto con nosotros.

Y estamos comprometidos con él por medio de ese nuevo pacto, establecido en la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo.

El hacer parte de esta iglesia maravillosa, significa que un día hicimos un pacto con Dios, un compromiso, y él también lo hizo con nosotros.

Es importante destacar, que todos los que hacemos parte de esta preciosa iglesia, aceptamos de manera voluntaria a hacer un compromiso con él, nadie nos obligó a hacerlo.

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Los que seguimos al Señor es porque queremos seguirlo, porque lo aceptamos a él en nuestra vida como nuestro salvador.

La fidelidad en los compromisos, en todos los casos, es algo esencial; si algo hay que resaltar, es que este Dios maravilloso, ha cumplido todos sus compromisos con nosotros, no nos ha faltado en ninguno, ni nos faltará.

Casi siempre el que va a faltarle al compromiso, seremos nosotros, pero Dios siempre permanece fiel, en él no hay mudanza, ni sombra de variación, él no se mueve por nada, él siempre seguirá siendo el mismo de ayer, de hoy y por todos los siglos.

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¿Por qué se incumple un compromiso?

Por lo general, siempre se debe a descuidos voluntarios, pero principalmente a la falta de sensibilidad, ignorancia, egoísmo, y pudiéramos decir también, que por la comodidad.

La falta de sensibilidad es producto de la perdida de ese primer amor; es decir, cuando Dios era el primero en todo en nuestra vida, cuando se buscaba lo suyo propio.

Y esto es un pecado contra el amor, la Biblia dice que el amor no busca lo suyo.

No podemos pretender estar buscando nuestros propios intereses, que pena con aquellos que solamente buscan brillar y aun se alegran cuando ven tropezar a alguien.

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El pecado contra el amor.

Se levantan y que profetas en la iglesia para decirle al otro “tú estás mal”, cuando la profecía de Dios no es para encontrarle a nadie el pecado.

La profecía que viene de parte de Dios es para engrandecer el nombre del Señor.

Hay quienes se alegran cuando ven al otro caer, pero que bueno es cuando estamos allí para decirle “eres mi hermano, vamos adelante” somos una iglesia y como pueblo debemos mantener la unidad.

Brillamos cuando estamos al frente de un comité, hacemos cosas y programas, pero luego que no estamos al frente.

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Nos volvemos los primeros en criticar o en señalar, y no, aquí hay que buscar que Dios sea glorificado en todo.

Hay quienes se jactan que ayunan tres, cuatro veces a la semana, dicen tantas cosas que hacen, pero tienen odio en el corazón, no aman sinceramente, de frente son una cosa y por detrás son otra.

Qué bueno cuando se ama de verdad, que bueno cuando se recibe un abrazo sincero, fraternal; mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía.

Como cristianos debemos procurar que todo el tiempo nuestro compromiso con Dios siempre este activo.

Por: Onésimo Martínez

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