El Titanic vs el arca de Noé

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El Titanic vs el arca de Noé

El Titanic vs el arca de Noé

A muchos de nosotros nos gusta viajar, pero no dejamos de pensar en los peligros que puede haber en medio del camino, por eso, es importante saber y tener presente que con el Señor Jesús se puede viajar seguro. Hablaremos del tema: “El Titanic vs el arca de Noé”.

Una vez, unas personas muy adineradas aportaron 8 millones de dólares para una empresa, la cual era tan grande solo el vehículo de transporte pesaba 46.300 toneladas.

Dicho vehículo se lo encomendaron a la persona más experta que había en ese entonces.

Esa persona era John Edward Smith, tenía 20 años de experiencia como capitán de grandes navíos y en sus 20 años jamás había sufrido un naufragio.

Así fue que el 11 de abril de 1912 desde Irlanda zarpó esa gran nave con rumbo a Nueva York.

Llevando consigo 3.200 pasajeros, era lo último que había en modernismo, dotado de unos equipos de la más alta precisión.

Además, fue construido bajo la supervisión de los expertos de la época.

Esperaban el día en que esta gran embarcación zapara para hacer historia siendo los primeros viajeros.

Así que estos 3.200 pasajeros reservaron a un costo 370 libras esterlinas el tiquete, para poder viajar en esta gran embarcación.

Tenía 3 pisos y se movían por ascensores, además de una gran sala de recepción, festejos y bailes, constaba también de piscinas, gimnasio y casino.

Cualquiera que se embarcara en esta gran nave tenía que sentirse feliz, porque estaba realizando el viaje de su vida.

Los que lo construyeron le pusieron el nombre de “La gran bestia de acero”, otros le llamaron “El leviatán de los mares”, otros dijeron mejor que se llamase “El orgullo de la ingeniería humana”.

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Sin embargo, otros sencillamente decían que era el cielo flotando sobre las aguas.

Finalmente, la historia nos llegó a contar que era el gran “Titanic”.

Sus dueños incluyendo al capitán, estaban tan confiados en su enorme embarcación.

Que no quisieron abastecerse de luces de bengala de emergencia, porque no veían probabilidad de zozobra en su viaje.

Para la cantidad de pasajeros que llevaban no se proveyeron de barcos salvavidas, solamente incluyeron 16 botes, lo cual era insuficiente.

El dueño del proyecto cuando esta gran embarcación zarpó, a bocas llenas se atrevió a decir: “ni la mano de Dios lo podrá hundir”.

Así que salió el jueves 11 de abril de 1912, pero a 900 kilómetros antes de llegar a su destino.

Un bloque de hielo flotante que dejaba ver el 10% de su porción por encima de la superficie del agua, ocasionó la tragedia que todos ya conocemos.

Qué triste es lo que la historia cuenta acerca del anhelo de los hombres, era el orgullo de ellos.

Pero insultaron al creador y el barro no le puede decir al alfarero qué hacer con él.

¡En este tiempo estamos advertidos!

Frente a esta época, nosotros estamos advertidos de que será igual a los días de Noé, estamos comiendo, bebiendo, casándonos y dándonos en casamiento.

Pero no se está hablando del matrimonio de un hombre y una mujer.

Sino en lo que hace poco el Congreso o la Corte Suprema de Justicia de nuestro país aprobó.

El matrimonio entre hombre con hombre y mujer con mujer porque eso era lo que se daba en los días de Noé.

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También era lo que se daba en los tiempos de Sodoma y Gomorra y es lo que está sucediendo.

Pero a lo contrario del gran Titanic, Noé no era John Smith, no era capitán, tampoco constructor de barcos y el Dios de los cielos le dijo:

“Hazte un arca de madera, no le coloques lujos solo calafatéala con brea por dentro y por fuera, hazle piso primero, segundo y tercero”.

No tenía ascensor, era extraño, rudimentario, solo tenía una puerta y la llave de esa puerta la tenía el diseñador, el Señor.

En ese barco era totalmente gratis el viaje, estaba al alcance de todo el que quisiera acceder.

Mientras que en el Titanic había que pagar un alta suma de dinero para poder tener un cupo.

Es verdad que no había lujos, no tenía una brújula, un timón, un capitán experimentado, camarotes de lujo, pero el diseñador era el arquitecto del universo.

Noé no era experto en eso, pero tenía la dirección de Dios y cuando se hace las cosas como Dios dice, salen como Dios manda.

Él creyó y siguió construyendo su barco y dice la escritura que mientras estuvo construyendo el barco pregonaba lo que iba a suceder, anunciaba que el juicio de Dios vendría.

Pero cualquiera que quisiere escapar de ese gran juicio tenía que entrar al arca.

De todos los moradores de aquel entonces, solo 8 personas reservaron sus cupos en el arca: Noé, su esposa, sus 3 hijos y las esposas de sus hijos.

Y como la gente rechazó la oferta de entrar gratis al arca, el Señor decidió salvar los animales.

Estoy seguro que el propósito inicial no eran los animales, pues al fin y al cabo Dios los podía volver a crear de la nada, pero su propósito con el hombre siempre ha sido que esté vivo.

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Como el hombre rechazó la oferta de Dios, entonces Dios para demostrarle al hombre que sí es capaz.

Mandó a traer animales de todas las especies y todos hallaron un espacio en el arca.

Al contrario del Tianic que fallecieron 1.500, en el arca ni un solo animal se murió, ni siquiera el cuervo, ni la paloma, porque con el Señor Jesús se viaja seguro.

El arca de Noé era un barco sin timón, sin brújula, sin conductor físico y que además empezó a flotar sobre las aguas, a la deriva humanamente hablando.

Dice la escritura que Noé ingresó al arca en el año 600 de su vida y en el año 601 de Noé, las agua se secaron sobre la faz de tierra.

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El Titanic vs el arca de Noé.

Un año y un poco más navegando en un barco sin timón, navegando seguro porque iba guiado por el Señor.

Pero ¿Cómo sabía Noé hacia dónde iba?

El dueño de la obra lo iba conduciendo, hasta donde quiso que llegara, no tenía un ancla.

Pero allá en una montaña más alta de la superficie terrestre quedó el arca de Noé.

No hubo daño, ni tampoco hubo un pedazo de hielo que lo partiera, porque con el Señor Jesús se viaja seguro.

Dice el profeta Jonás que él también hizo un viaje, se montó a un barco que no debía montarse y por hacer el viaje que no debía hacer, casi pierde la vida, perdió el tiquete, el dinero y lo arrojaron al agua.

Esto nos enseña que cuando queremos andar en nuestra propia voluntad o queremos hacer lo que nos viene en gana, ir a donde Dios no nos ha mandado la perspectiva es la misma del Titanic.

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Naufragio y hacia abajo, pero cuando uno hace las cosas como Dios manda, aunque las perspectivas sean negativas, de la mano de Dios sucede lo que él quiere que suceda.

Esta época que estamos viviendo, es la última de la iglesia sobre la tierra, la palabra nos anuncia que nada bueno vendrá, pestes, hambres y terremotos.

Pero esta iglesia en el nombre del Señor Jesucristo donde quiera que se halle sobre la faz de la tierra.

Tiene su tiquete comprado para un viaje no en barco, ni un arca, sino hacia los cielos.

Muchos tienen por tardanza la venida del Señor, pero nosotros nos reunimos porque anhelamos que suceda en un culto.

Pero el dueño de esta salvación dijo que nos levantará con poder y gloria en las nubes y estaremos para siempre con él.

¿Qué tiene esto que ver con la época de Noé?

Que allá había entrada gratis al arca y hoy la salvación es gratis y Noé duró tiempo anunciando lo que vendría y la iglesia lleva tiempo anunciando que Jesucristo se va a llevar a su iglesia.

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El Titanic vs el arca de Noé.

No ha sucedido porque hay un pueblo que levanta sus manos y en sus oraciones de día y de noche pide la bendición y la misericordia del Señor.

Pero pronto nos iremos, recuerda. ¡Con el Señor Jesucristo se viaja seguro!

Quizás más de uno anda subido en el Titanic de su vida, afanado por conseguir dinero, carros y riquezas y no se han preocupado por la salvación.

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Pero el día ni la hora nadie lo sabe y una cosa tenemos seguro, es que todo los que nacimos, un día tenemos que morir y que bueno morir con el tiquete de la salvación segura.

Este tiquete tiene un sello y es el sello del Espíritu Santo, pero todavía se anuncia que el Señor Jesucristo salva.

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” Hechos 4:2.

¡Con Jesús viajamos seguros!

Por: Libardo Figueroa

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