El salvará a su pueblo de sus pecados

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El salvará a su pueblo de sus pecados

El salvará a su pueblo de sus pecados

Hay que mirar el pecado no simplemente como algo infortunado; nosotros tenemos una herencia religiosa de más de quinientos años, donde nos enseñaron y nos llevaron a mirar el pecado como no es. Hoy trataremos el tema: El salvará a su pueblo de sus pecados.

Nos pareció como una simple ofensa que podría perdonarse hablando con una persona que ni siquiera es la ofendida; si el pecado fuera una ofensa, con un perdón nos salvaríamos, pero esto requiere mucho más que un perdón.

Es importante tener claro que el pecado no es una ofensa, es una mancha, pero Dios salvará a su pueblo de sus pecados.

Dios dijo que cuando el Espíritu viniera convencería al mundo de pecado, y eso es importante, primero Jesús vino a vencer al mundo y luego el Espíritu viene a convencer al mundo, y dijo Jesús: “Convencerá al mundo de pecado”.

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Pero surge una pregunta: ¿Cuál es el pecado del mundo?

La respuesta es sencilla: no creer en Jesús, ese es el gran pecado.

La gente nos ha vendido la idea de que es el que roba o el que mata, y en algunas ocasiones, cuando le hablamos a alguien, ahí mismo, para evadirnos decimos: “Es que yo no soy tan malo, no robo, no mato, no cometo atrocidades”, como si eso fuera pecado.

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Nos tratan de vender la idea de que el pecado es una ofensa y con un ego te absuelvo, pero aquí el asunto es mucho más que perdón y no es un perdón de cualquiera, porque cuando pasamos y pisamos a alguien, le decimos “Perdone” y dice “No se preocupe”.

Cuando defraudamos a alguien y le pedimos perdón, pues la persona está en el deber moral de perdonarnos, o de reservarse el perdón por alguna ofensa.

Pero miremos el pecado a la luz de la palabra de Dios, y sobretodo porque el pecado no se puede tratar de una manera tan simple.

Como si hubiera sido una ofensa con la cual le derramamos un poco de café a alguien y le manchamos la camisa, y con decirle disculpe, “Cuánto vale lo que le eché a perder, el vaso que le quebré”, ya todo está resuelto.

Aquí no se puede porque hay que mirar lo que dice la Biblia y lo que enseña Dios a través de ella.

Lo uno, el pecado es un pagador “La paga del pecado es la muerte”, si es una mancha, necesitamos alguien que limpie; si es una ofensa, necesitamos un perdonador; si es la misma muerte, algo tiene que hacerse con la paga, alguien tiene que quitar la paga.

Por eso, cuando se habla del pecado, entonces tenemos que salir y saber a quién acudir para que nos perdone.

Si es la ofensa; para que nos limpie, si es la mancha; y para que nos libere, porque el pecado no es simplemente para tratarlo de una manera muy superficial.

El pecado no es una ofensa, como nos han querido hacer creer durante mucho tiempo, el pecado es una mancha, que solo la sangre de Cristo puede limpiar.

Ojo ¡el pecado es un personaje que cobra vida matando!

Cuando el pecado está vivo, mata, y aquí es donde empezamos a mirar por qué es una necesidad el nombre de Jesús.

Muchos en el Antiguo Testamento y en Israel habían llevado el nombre de Jesús como Joshua, o Josué, y significaba alguien que puede hacer algo por un pueblo.

El nombre iba ligado a lo que podía ser, por eso Jesús Salvador, porque El salvará a su pueblo de sus pecados, y diríamos que el pueblo de Jesús sería Israel, porque como pueblo, el pueblo de Israel es su nacionalidad, ese es el pueblo.

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Y que tremendo que uno dijera “Bueno, entonces aquí ya se me puede descartar” él salvará a su pueblo, y de pronto nos remontaríamos a Israel, pero lo que dice la Biblia es que él vino a los suyos, a su pueblo, pero su pueblo no le recibió.

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Aquí es donde cabe entonces, como ellos no le recibieron, “Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre”.

Y cuando hablo de su nombre, hablo del nombre que es sobre todo nombre, Jesús, “Les dio potestad de ser sus hijos”.

Recordemos que estamos desarrollando el tema: “El salvará a su pueblo de sus pecados”.

El personaje por el cual comenzó el pecado, es un personaje llamado el tentador, es el que despierta el deseo de pecar, el que empuja a la humanidad a pecar, y ese personaje no pecó en la tierra, pecó en el cielo, y del cielo vino al huerto de Edén.

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Allí engañó a Eva y a Adán, y el pecado entró al mundo.

La Biblia dice que después entró a todos los hombres, y allí afectó con su paga, que es la muerte; pero el pecado trae cosas muy diversas, uno puede pensar que aparte de la muerte también:

  • Ruina
  • Tristezas
  • Desgracias
  • Pobreza

Pero cuando vemos a este Jesús, él dice “La lejía no sirvió, el jabón tampoco, entonces vamos a tener que utilizar algo especial, y es mi propia sangre”.

Jesús aplicó su propia sangre, la sangre que fue derramada en la cruz del calvario, fue aplicada.

¿Por qué Jesús derramó su sangre?

El pecado afecta la conciencia y a medida en que nuestra conciencia es afectada, nos acostamos y la conciencia empieza a acusarnos de lo que hicimos, aquellas cosas de las cuales no nos damos cuenta, y que nadie sabe.

Nuestra conciencia lo sabe y nos atormenta, no nos deja dormir.

Y eso fue lo que le advirtió Dios a Israel, pensamos que la persona está por allá bien despreocupada.

Pero el pecado no duerme y la perdición no se queda quieta, el pecado no se sosiega hasta que no cumple su cometido.

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Por esa razón se escuchó a lo largo una voz, mientras había una cantidad de gente en el bautismo de Juan.

Cuando Juan el Bautista pudo percibir que ahí estaba Jesús, dijo: “He aquí, el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.

Esa palabra es muy poderosa, quitar el pecado, no el pecado de Israel, sino el pecado del mundo, por ende, la Biblia también afirma: “La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado”.

Tengamos presente siempre que:

¡El salvará a su pueblo de sus pecados!

Esperamos que esta corta reflexión pueda ser de gran bendición para tu vida; te recordamos que estas líneas fueron tomadas de la enseñanza que está a continuación:

Pastor: Guillermo Cabeza

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