Huye del peligro o tu salvación se perderá

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Huye del peligro o tu salvación se perderá

Huye del peligro o tu salvación se perderá

“Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas”. Génesis 19:17. Hablaremos sobre el tema: “Huye del peligro o tu salvación se perderá”.

Nosotros tenemos algo que se llama sentido de la conservación, nosotros luchamos por conservar nuestra existencia.

Incluso hay momentos en los que nuestra vida corre peligro y en algunas ocasiones es ese sentido de la conservación, ese sentido de supervivencia quien nos aleja del peligro.

Pero ¿Cuántos no han notado que en algún momento de peligro hay algo sobrehumano que sucede?

¿Cuántos han sentido que en esos momentos hay una mano que nos cubre, que nos guarda?

Esa siempre ha sido la mano poderosa de nuestro Dios, una mano que nos sostiene, que nos guarda, es la mano del Dios que hace milagros.

No siempre es nuestro sentido de la conservación el que nos guarda del peligro, sino que tenemos un Dios que tiene nuestra vida en el puño de su mano.

Y pobre de aquel que trate de quitárnosla, nuestra vida solo le pertenece a él, y es por eso, que él tiene guardada nuestra vida.

Pero nosotros tenemos un sentido de conservación y es por eso, que procuramos preservar nuestra vida.

Hay algo que la gente debe entender y que no es necesario que se deba advertir mucho, ese algo es que nuestra vida siempre está en peligro.

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En todos los medios de comunicación escuchamos a diario, de accidentes, crímenes, guerras que se llevan la vida de muchos.

Todo esto nos advierte que nuestra vida está en peligro, y para toda esa gente que aún no lo ha entendido.

Y que tiene un sentido de la conservación bien puesto y desarrollado, hay un mensaje el cual le advierte que escape por su vida.

La vida de las personas que aún no siguen a Cristo, corren un gran riesgo de perderse y de no volver jamás.

Pero lastimosamente ante esto, la gente suele portarse como si fuesen sordos, porque la palabra de advertencia está y hacen caso omiso.

Dios le habló a Noé y le dijo que la tierra sería destruida, pero sabiendo que somos lentos para reaccionar, le dio ciento veinte largos años.

Muchos años le dio, solo con la intención de que los hombres pudieran reaccionar, y no les callera encima el peso de la destrucción.

Noé hizo un arca, y por ciento veinte años el pueblo tuvo tiempo de escapar y entrar en el arca.

Pero el arca se terminó, entraron los animales, entró Noé, entró su familia, y la gente se quedó paralizada, no reaccionaron.

El agua empezó a caer, cuando quisieron reaccionar fue muy tarde, y es por eso, que el día de hoy les decimos a todos que escapemos por nuestras vidas.

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Que escapemos y entremos al arca antes que venga la destrucción repentina, y sea demasiado tarde.

No es necesario que seamos religiosos o creer en la Biblia para saber que este mundo camina a la destrucción.

Los hombres que tienen teorías, dicen que la tierra va sufriendo un proceso, que hará que explote en pedazos.

Otros dicen que los meteoritos gigantescos que llueven en el universo, tarde o temprano caerán sobre la tierra y la destruirán.

Los científicos más comunes y corrientes, nos dicen, que la capa de ozono se está dañando y que esta tierra corre hacia la destrucción.

Y los que somos menos científicos, pero que tenemos los pies en la tierra, vemos la vida diaria.

Pensamos que con tantas bombas, armas y problemas sociales, esta tierra nuestra va camino a la destrucción irremediablemente.

Por eso, es que a todas las personas en estos momentos les decimos que escapen por su vida mientras haya tiempo de hacerlo, mientras hay una posibilidad.

Nuestro sentido de la conservación, no nos salvará de estas cosas cuando acontezcan, solo el Dios de todo el poder, el dueño de esta iglesia tiene el poder de salvar nuestras vidas.

En la lectura citada al principio de este texto, podemos ver la historia conocida de Sodoma y Gomorra.

Y si hacemos una comparación de esta ciudad en nuestros tiempos.

Nos podremos dar cuenta que Dios la destruyó por mucho menos de lo que hoy día vemos en el mundo.

Ese pecado que existía en esa ciudad hoy abunda en las calles y se defiende por las radios y medios de comunicación.

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Huye del peligro o tu salvación se perderá.

A las calles salen a hacer manifestaciones defendiendo sus derechos como personas que son, y la libertad que tienen de poder elegir su sexualidad.

Pero si por mucho menos destruyó Dios a ese pueblo, con mucha más razón deberíamos estar de acuerdo con que Dios derrame de su ira contra este mundo lleno de pecado.

Nuestro sentido de la conservación, luego de leer y comprender todas estas cosas, solo puede decirnos.

“Huye de esta ira venidera, huye del castigo que a este mundo le espera”.

Porque así como Dios mandó el castigo sobre esa ciudad corrompida por el pecado, así también lo hará cuando su ira rebose y el tiempo este cumplido.

Y si esto es cierto, (lo cual es así) lo único que debes hacer es escapar por tu vida ya mismo, antes que sea demasiado tarde, y ya no haya escapatoria.

Había en Israel unas ciudades, que llamaban ciudades de refugio, no eran ciudades para que la gente buena comprara un terreno y construyera una casa.

Dios en su infinita misericordia, sabiendo que habían personas que cometerían pecados, que harían cosas malas y que algunas de ellas traerían discusiones entre la población.

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Es por eso que él dio una solución, para que el pueblo tuviera una esperanza, y pudieran huir para salvar sus vidas.

Así que si una persona se emborrachaba y de pronto se discutía con otro y de manera involuntariamente lo mataba, según la ley los familiares podrían vengas la vida de su muerto.

Y antes que hubiera juicio, antes que se supiese como acontecieron las cosas, antes que se pudiera decidir el culpable podrían matarlo y vengar a su muerto.

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Huye del peligro o tu salvación se perderá.

Pero este hombre tenía una oportunidad, y de esta misma forma hay una oportunidad para los culpables, hay una oportunidad para los que han cometido pecado.

Este hombre cuando veía al muerto podía salir corriendo y buscar una ciudad de refugio y encerrarse en sus murallas.

Y mientras estuviese en ese lugar estaría a salvo, y de esta manera es nuestro Dios con nosotros, porque castillo fuerte y defensa es él para con nosotros.

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No es que Dios nos guarde siendo así pecadores, sino que cuando venimos a él, él nos transforma, él nos cambia y nos hace nuevos.

Lo único que debemos hacer es buscar el resto de nuestro Dios porque.

“Torre fuerte es el nombre de Jehová; A él correrá el justo, y será levantado”. Proverbios 18:10.

Nuestra vida depende de él, no es momento de perder el tiempo en las cosas de este siglo, es momento de que busquemos de Dios y de su justicia.

Es momento para que obtengamos nuestra salvación y no perezcamos en la destrucción de este mundo.

Pastor: Álvaro Torres

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