La justificación y la gracia

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La justificación y la gracia

La justificación y la gracia

Hablaremos de la justificación y la gracia.

Romanos no fue la primera carta que se escribió, primero fue Gálatas, Tesalonicenses, Corintios y después Romanos, pero está encabezando la lista de las cartas apostólicas por su importancia doctrinal.

Si usted compara Romanos con las otras cartas, notará que Pablo gastó 11 capítulos para explicar la doctrina de la justificación.

Mientras que para explicar la doctrina de la libertad cristiana que está en Gálatas solo usó 6 capítulos.

Para enseñar lo que la iglesia es desde elección de la fundación del mundo hasta su presentación en gloria solo gastó 6 capítulos.

También para enseñar la doctrina del recogimiento, la segunda venida de Cristo y el día del Señor tuvo 2 epístolas.

Pero apenas hay 8 capítulos, que son las 2 epístolas a los Tesalonicenses.

Para hablar de Cristo como cabeza de la iglesia, la epístola a los Colosenses solo tiene 2 capítulos porque del 3 en adelante es ética.

En las epístolas siempre está primero la doctrina y luego la ética.

Si el apóstol gastó más capítulos en esa sola doctrina como lo es la justificación.

Para enseñar todo lo que la iglesia ha hecho desde su origen hasta cuando sea presentada en gloria, eso nos debe llamar la atención para estudiar y predicar.

“Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: más el justo por la fe vivirá”.

Es sencillo entender que la salvación es obra de la gracia y del amor de Dios, pero no pocos entienden que en el evangelio se revela la justicia de Dios y a veces se predica menos.

Eso porque no se entiende suficientemente la importancia de la justicia de Dios.

“Jehová ha hecho notoria su salvación; a vista de las naciones ha descubierto su justicia…”

“Se ha acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel; todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios”.

“He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles”.

“No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley”.

Hoy en día hay miles de predicadores del evangelio de los panes y los peces, pero hasta al Señor Jesucristo se le fueron los que comieron los panes y los peces.

Eso muestra la estimación que las personas tienen por las cosas de esta vida.

Entonces nosotros tenemos que predicar el evangelio de la gracia, justicia y de la salvación porque los que vienen por los panes y los peces se los comen y se van o si se quedan considerando a Cristo como un proveedor de necesidades temporales.

Jesús mandó a predicar el evangelio de la salvación “El que creyere y fuere bautizado será salvo”.

Es decir, lo único que Jesucristo mandó a predicar creer y obedecer para ser salvos es el evangelio.

Si no se recibe este evangelio, no hay cómo recibir la promesa, no hay pentecostés sin calvario, algunos se han inventado unos supuestos avivamientos manera de motivar a la gente para que reciba el Espíritu Santo.

El bautismo del Espíritu Santo es la confirmación del evangelio “Y estas señales seguirán a los que creen: en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas”.

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

Paz con Dios quiere decir que no tenemos cuentas con él, no porque no las tuvimos, consiste en que ya no tenemos cuentas porque ya él nos perdonó.

La justificación es el acto en que Dios nos separa del mundo en que nacimos “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, eso es un todo absoluto que no deja a nadie a fuera.

Vea también: El Espíritu Santo es la obra cumbre de la gracia de Dios

“Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia…”

“A causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”.

Una persona está justificada cuando cree, Abraham creyó a Dios y Dios se lo contó por justicia, el sistema de Dios es creerle y para creer hay que saber y para saber hay que oír.

Por eso Cristo no mandó a los discípulos a hacer fiestas, a rezar, ni a cantar, los mandó a una sola cosa a predicar el evangelio porque cómo invocarán a aquel en quien no han creído.

El evangelio está en la Biblia, pero no toda la Biblia es el evangelio por eso cuando uno va a predicar, tiene que saber qué es lo que va a predicar.

Si uno está a tono con Jesucristo, es decir, cantamos porque somos salvos no para ser salvos.

Todo el que ha sido salvo tiene una canción en su alma y el que no canta es porque no le ha pasado nada.

La justificación nos separa de donde estábamos:

“Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas y trasladado al reino de su amado Hijo”.

El acto de la justificación es el que nos saca de la selva humana que nacimos y nos pone en su iglesia.

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Vea también: La justificación como doctrina fundamental

Es decir, nos cambió de posición y de condición, he ahí la importancia de ser justificados y para ser justificados lo que hay que hacer es creer el evangelio.

El evangelio es Jesucristo mismo, si no se predica esto no podemos esperar que las señales se cumplan.

Nosotros no somos seguidores de señales, sino que las señales siguen al creyente.

La fe es el resultado de las promesas de Dios, no hay fe sin promesa y cuando predicamos estamos impartiendo la fe.

“La fe viene por el oír y el oír por la palabra de Dios”.

Dios ha hecho promesas y ha encontrado quien se las crea y cuando él encuentra quien crea sus promesas él honra su palabra y honra la fe del que le creyó, hay una sola fe y el dador de esa fe es Jesucristo.

Estamos desarrollando el tema: “La justificación y la gracia”.

“Puestos los ojos en Jesús el autor y consumador de la fe”.

La forma más elevada de alabar a Dios es creyéndole, es decir, creer es honrar a Dios en grado superlativo.

 “Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto siendo de casi cien años, o la esterilidad de la matriz de Sara”.

“Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios”.

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La justificación y la gracia.

Hasta que la gente no sea justificada, no son cambiados de posición, ni de condición delante de Dios.

Por eso es lo primero que está en las cartas, por eso se gastó 11 capítulos para explicar eso.

La justificación no da entrada al terreno de la gracia de Dios, que es donde podemos estar firmes y gloriarnos o celebrar la esperanza de la gloria de Dios, sin gracia no hay paz, sin gracia no hay salvación.

La paciencia prueba la fidelidad de Dios.

“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos”.

“Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová”.

El que no tiene una esperanza no es capaz de pasar la aflicción.

Es necesario que hagamos distinción de la gracia y la misericordia, la misericordia de Dios es para todos.

“Dios da mantenimiento a toda carne porque para siempre es su misericordia”.

Desde el hombre hasta la bestia, desde el león hasta la hormiga.

La misericordia es el acto providencial de Dios por el cual él cuida a su creación.

“En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos”.

La gracia es la manifestación personal de Dios al hombre para salvarlo por eso para salvar al hombre Dios tuvo que manifestarse en carne y venir al mundo.

Pero a los largos cuatro mil años desde Adán hasta Cristo, Dios le estaba dando todo lo que las naciones necesitaban, aunque no andaban en sus caminos.

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La justificación y la gracia.

Nuestra mayor preocupación deber ser la predicación del evangelio, el día de pentecostés no toda la gente que estaba se convirtió.

Así que los que recibieron su palabra fueron bautizados como tres mil personas y solo esos fueron añadidos.

El Señor añadía a la iglesia los que han de ser salvos.

La venida de Jesucristo al mundo es la manifestación suprema de la gracia de Dios, en el Antiguo Testamento la gracia solo se manifestó con los padres en Génesis y con Israel de Éxodo hasta Malaquías.

En el Nuevo Testamento la venida de Jesús es la plenitud de esa gracia y de él tomamos gracia sobre gracia.

Tanto la gracia es salvadora como el ministerio se reciben de Jesucristo, no de la iglesia, la iglesia lo que hace es confirmar lo que Jesucristo hace en una persona que lo ha llamado a este ministerio.

Si él nos llamó a predicar es para impartir esa fe, esa vida a través de Jesús.

La gracia nos fue dada antes que hubiera sol, luna y estrella, pero fue manifestada por la aparición de nuestro Señor Jesucristo el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.

Tenemos que ver que el evangelio que tenemos que predicar es el de la gracia, sin calvario no hay salvación, el calvario cambió todo por eso el evangelio de la gracia de Dios es predicar. La justificación y la gracia.

Por: Eliseo Duarte

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