No es el lugar es al Señor al que hay que adorar

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No es el lugar es al Señor al que hay que adorar

No es el lugar es al Señor al que hay que adorar

El hombre ha enfocado las cosas de una manera equivocada, porque el hombre ha hecho más énfasis en los lugares, en las cosas, que, en el creador y no es el lugar es al Señor al que hay que adorar.

La mujer samaritana hablaba del sitio, del lugar, y estaba aferrada al pozo, pero Jesús le abrió los ojos, demostrándole que no es el lugar es al Señor al que hay que adorar.

De manera que el hombre ha convertido los lugares, las cosas, y las criaturas en objetos de culto, rindiéndole tributo y adoración, hace peregrinaciones y convierte esos lugares en sitios de peregrinación.

Sabemos que el mundo religioso habla cotidianamente de los lugares de peregrinación, y hay cantidades de personas que están obligados a ir a la Meca, de cualquier lugar del mundo.

Otros piensan que es obligación ir al muro de los lamentos, y así sucesivamente; si nos ponemos a mencionar lugares de peregrinación, hay muchísimos.

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Pero a nosotros no nos hace congregar un lugar, nos hace congregar el Señor.

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Debemos tener cuidado con esto, el que es territorial es el diablo, porque el diablo no es omnipresente.

El único omnipresente es el Señor de gloria el cual es bendito por los siglos, de los siglos.

Entonces, el diablo ha colocado gobernadores en los lugares, en las provincias, en las regiones, en los pueblos y comienza a apoderarse de las cosas.

El diablo toma regiones y actúa, y anda buscando a qué le echa mano, porque entre otras cosas, él no tiene absolutamente nada.

El Señor dice “Mía es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan” entonces el diablo es el que se apodera de un lugar, lo defiende y lo pelea.

Se apodera de los pueblos, de las casas y de las cosas.

Los demonios andan defendiendo lugares, pero al Señor no le interesan los lugares, no le interesan los ladrillos.

No le interesan las piedras, al Señor le interesamos nosotros, y por esa causa él está en medio de su pueblo siempre.

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Lugares donde Dios se manifestó

Betel

La Biblia habla de lugares donde se manifestó la gloria de Dios, como fue en Betel, que quiere decir “Casa de Dios” y Betel se convirtió en un lugar de adoración para el pueblo de Dios, pero Betel fue profanado y ya Dios no se volvió a manifestar allí.

Beerseba

Dios se manifestó también en Beerseba, que quiere decir “Pozo del Juramento” y construyeron altar, y la gente iba allí a adorar, pero ya Dios no está en Beerseba.

Siquem

Dios se manifestó en Siquem, y allí en Siquem pasaron cosas bonitas, pero no lo vayamos a buscar en Siquem.

Porque él allá no está, no tiene su santuario en Siquem; pudiéramos decir “bueno, si no está ni en Beerseba, ni en Siquem, está en el Sinaí”.

Sinaí

En el Sinaí descendió su gloria, y el monte temblaba y humeaba, entonces si vamos al Sinaí.

Porque está allí, ¿Será que él está en la montaña trepado, sentado sobre la cúspide del Sinaí?, pero resulta que tampoco está en la montaña del Sinaí.

Gilgal

El pueblo de Israel sacó doce piedras del fondo del Jordán cuando se dividió, e hicieron un “Circulo de piedras” que quiere decir Gilgal.

Convirtiéndose en un lugar de adoración, porque Dios hizo maravillas ahí.

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Si vamos corriendo a ver si lo encontramos allá, tampoco tiene su santuario en Gilgal ¿y entonces? Eso es lo que está pasando con la mujer de Samaria.

Ella está diciendo “Nuestros padres adoraron en este Monte, y ahora ustedes dicen que es en Jerusalén el lugar donde se debe de adorar”.

Ella está defendiendo su territorio, está defendiendo su pozo “este pozo es histórico para nosotros, de aquí bebió agua Jacob, bebió su ganado, y bebieron todos” está defendiendo su pozo, su monte, su lugar y su territorio.

Pero Jesús no estaba mirando ni el pozo, ni el monte, ni el territorio, estaba mirando esa mujer, estaba interesado en su alma que se estaba perdiendo.

No vamos a congregarnos por ver un templo bonito porque no lo hay, entonces ¿Por qué nos congregamos? porque sentimos la gloria del Dios que descendió sobre la montaña del Sinaí.

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Aparte de los lugares, la gente se aferra a las cosas, ellos se aferraron al tabernáculo, se aferraron al templo, a los utensilios del templo, al arca y fueron dejando al creador de lado.

Pero que glorioso, nosotros no estamos peleando ni piedras, ni pozo, ni tierra, porque tenemos una ciudad con fundamentos gloriosos.

Cuyo arquitecto y constructor es Dios, porque no es el lugar, es al Señor al que hay que adorar.

Y cuando la mujer samaritana hablaba de pozos y de montes y de cosas, Jesús se le metió al cuarto privado.

Cuando se dio cuenta, Jesús estaba dentro del cuarto privado de ésta mujer, y le dice “Tu vida es una fachada, porque tú eres una mujer desordenada en la vida”.

Y le habló de su maldad e inmundicia, esta mujer se sintió avergonzad.

Hay gente defendiendo su religión, pero no nos importa su religión, no nos importa su lugar, sus santuarios, nos interesa el alma, cómo está por dentro.

Dios es Espíritu y está buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad.

La forma en que el poder del Espíritu Santo se va a derramar, y va a comenzar a hacer sanidades, liberaciones y prodigios, es porque le vamos a dar oportunidad a que él tome posesión de lo que es suyo.

Nosotros le pertenecemos a él, él nos lavó, nos redimió de nuestros pecados con su sangre preciosa.

Tenemos que llevar presente siempre que no es el lugar, es al Señor al que hay que adorar.

Pastor: Eimer Lucumi

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