Sirviendo con integridad

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Sirviendo con integridad

Sirviendo con integridad

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” Efesios 4:11-12. Hablaremos sobre el tema: “Sirviendo con integridad”.

Tal vez, cuando hablemos de servicio con integridad no lo relacionamos mucho con el texto citado, pero hay que enfocarlo más con saber usar los dones que Dios nos ha dado.

Pero para esto, primero hay que saber a qué nos referimos cuando decimos, sirviendo con integridad, qué es lo que significa servir con integridad.

La integridad tiene que ver con la pureza original y sin contacto o contaminación con un mal o un daño, es como algo completamente intacto.

Cuando se habla de algo integral, nos referimos a algo que está completo o que contiene todas sus partes, algo intacto o puro.

Podemos tomar como ejemplos de personas íntegras a aquellos que trabajaron en las reformas que impartió el rey Josías.

Puesto que cuando se les encargó a ellos el arreglo y la reparación de toda la casa de Jehová.

No se les sacó cuenta del dinero que a ellos se les entregó, puesto que había integridad en ellos.

Dicho de otra manera, una persona íntegra es una persona temerosa, que aunque no lo vean, ni el pastor, ni la junta local, es consciente que no podemos huir de la presencia de Dios.

Ya habiendo definido esto, podemos hablar del servicio y de cómo está relacionado con los dones, de cómo Dios constituyó a unos de una manera y a otros de otra.

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Los dones y los ministerios tienen su fuente en Dios, y esto debe explicarse porque también debemos ser íntegros en el servicio.

Porque si Dios nos ha asignado algo, ya sea un don, talento o ministerio debemos hacerlo con integridad, para que de esta manera no hagamos lo que Dios no nos mandó a hacer.

Es Dios quien reparte todo esto como él quiere y nos ha dado una asignación específica en el cuerpo, por lo tanto, no podemos hacer algo diferente a lo que él nos asignó.

Dicho de otra manera, debemos estarnos en el lugar que Dios nos ha dado en el cuerpo de la iglesia.

No podemos pretender ocupar el lugar de los demás en el cuerpo.

No podemos pretender caminar siendo manos o viceversa, debemos aprender a estar sirviendo con integridad a Dios.

Si Dios nos ha llamado para hacer una función en específico, no hagamos otra cosa, hagamos lo que Dios nos ha mandado a hacer, esto es integridad.

Recordemos ese momento que nos dice la palabra, cuando el Señor le dice a su siervo, eres un mal siervo, porque no hiciste lo que te dije, sino que lo contrario hiciste.

Si alguien está aprendiendo a tocar un instrumento, no puede pretender ir a tocar otro sin aun haber perfeccionado su arte en el primero.

Primero debe perfeccionarse en uno para después dedicarse a aprender el otro, puesto que las cosas deben hacerse bien y hacerlo sirviendo con integridad.

Cristo no se glorificó así mismo, sino que él hizo lo que tenía que hacer.

Por lo tanto, si nuestra mirada no está fijada en hacer o ejercer lo que nos mandó nuestro Señor.

No vamos a desarrollar bien el ministerio que Dios nos dio, no lo haremos con gozo.

Si no hacemos las cosas de esta manera, no disfrutaremos de ellas, habrá insatisfacción e incluso hablar como gente amargada y estancada.

Porque toda persona que ha recibido de Dios un ministerio, produce y da resultado.

No hagamos lo que Dios no nos mandó a hacer, porque no estaríamos procediendo con integridad y no estaríamos sirviendo con integridad.

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Y de esta manera, nos daremos cuenta que no somos íntegros con Dios, y a dónde conlleva todo esto cuando obramos de esta manera, ya que, no seríamos íntegros ni fieles a Dios.

Hay momentos en los que se nos encomiendan tareas que muy fácilmente podemos hacer, pero por querer estar ocupados en otra cosa no lo hacemos.

Ejemplo de esto, tenemos a un joven predicador que se le encargó estar atento a la portería del templo, pero éste lo vio de mala manera, ya que no es el lugar donde quería estar.

Pero dijo un hombre de Dios que prefería ser portero en la casa de mi Dios que morar en moradas de maldad, que mejor es un día en los atrios que mil fuera de ellos.

Un gran ejemplo de las consecuencias que puede tener aquel quien no es íntegro, son los hechos que le sucedieron a los hijos de Aarón.

Dice la palabra,  Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová Levítico 10:1.

Todo esto les sucedió por hacer algo que no les correspondía y solo por buscar alabanzas para sí mismos.

Porque en ningún momento se les pidió que se hiciesen esto, y de esta manera fueron castigados.

Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló Levítico 10:3.

De esta manera, se dio cuenta Aarón que estos muchachos se salieron del límite, y no anduvieron en integridad, ellos hicieron lo que Dios nunca les mandó.

Así que, si en algún momento se nos encarga una tarea, debemos hacerla de la mejor manera, sirviendo con integridad, y obrando como a Dios le agrada.

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Si en la iglesia se nos da un cargo, aceptémosle con amor e integridad.

Porque Dios es justo y si nos lo ha dado es porque cree que somos capaces de hacerlo bien.

Obedeciendo en todo momento y siendo diligentes para con estas actividades.

De esta manera, hagamos lo que Dios nos ha encomendado porque esto es integridad.

Quedémonos donde Dios nos ha puesto, ese es nuestro lugar, si entendemos esto, seremos felices haciendo el trabajo que Dios nos encomendó y lo haremos con gozo.

Todo esto es integridad, y de esta forma podremos sentirnos alegres.

Porque esto no es para agradar a los hombres, sino para agradar a Dios quien nos ha llamado.

Hay que tener siempre claro que la integridad, es reconocer que el dueño de esta iglesia se llama Jesús, y que él es el autor de la vida, el único que murió y resucitó.

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Él es el único dueño y es quien tiene toda autoridad para poner y quitar, no es nuestra capacidad las que nos hace merecedores de ciertos cargos, es él quien con su capacidad los da.

Por esta razón, hay que aprender siempre a hacer lo que Dios nos ha mandado a hacer, sirviendo con integridad, y obrando con perfecto corazón.

Otro ejemplo que podemos tener en cuenta es el de Coré y su séquito.

Coré es otro hombre que también quería hacer lo que él quería y no lo que Dios le mandó a hacer.

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Dijo más Moisés a Coré: Oíd ahora, hijos de Leví: ¿os es poco que el Dios de Israel os haya apartado de la congregación de Israel, acercándoos a él para que ministréis en el servicio del tabernáculo de Jehová, y estéis delante de la congregación para ministrarles,

Y que te hizo acercar a ti, y a todos tus hermanos los hijos de Leví contigo? ¿Procuráis también el sacerdocio? Números 16:8-10.

Este hombre Coré quiso revelar el pueblo de Israel contra Moisés y así lo hizo.

Por tal razón, Moisés le dijo estas palabras, mañana mostrara Dios quien es de él.

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Y al día siguiente se presentaron como doscientos de ellos y Jehová los consumió con fuego.

Porque esta multitud quería hacer algo que Dios no le había pedido que hicieran.

Porque en esta iglesia quien constituye es Dios, por tal razón, debemos procurar quedarnos donde Dios nos ha puesto.

Y mucho menos rechazar los dones y ministerios que Dios nos ha dado.

Porque de esta manera estaremos deshonrando a Dios y no le estaríamos sirviendo con integridad a él.

Sirvamos siempre a Dios de todo corazón y con integridad en todo momento.

Y de esta manera, siempre viviremos felices y gozosos, agradando a Dios y gozando nuestro ministerio.

Pastor: David Alomia

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