Mi corona a tus pies

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Mi corona a tus pies

Mi corona a tus pies

Mi corona a tus pies, se puede entender de esta frase, que ahora que ya sabemos qué somos y qué tenemos, ¿Qué es lo que podemos hacer con lo que tenemos en nuestras manos?

Si nosotros somos siervos, estamos reconociendo que somos esclavos, y este no es invento nuestro, porque ahora somos siervos de la justicia.

Esto nos convierte en esclavos de la justicia, y claro que voluntariamente.

Porque a ninguno de nosotros el Señor nos está obligando a ser sus siervos.

Nosotros lo hacemos porque nos conviene y porque hemos entendido que no hay mejor cosa que podamos hacer con nuestras vidas que invertirlas en el servicio del Señor.

Y aunque la palabra siervo, suene dura o tosca, al final eso es lo que somos.

Porque el siervo no toma decisiones por su cuenta en los negocios de su Señor.

Dice la palabra, que nosotros somos siervos inútiles, porque lo que nos dijeron que hiciéramos, eso es lo que hacemos.

Y nos podemos preguntar, ¿Será que algún siervo puede hacer más de lo que le pidan o de lo que se le ha encomendado?

De esto, podemos entender que estamos llamados a hacer más y a saber cumplir el propósito que Dios tiene en nuestras vidas, ya que todo lo que sucede es por su voluntad.

Solo debemos tratar de entenderla y sabremos la manera más fácil, la forma en que debemos caminar.

Una de las mejores maneras de servirle a Dios es entregándole en ofrenda todo lo que él nos ha dado, ya sea en bienes materiales, en dones o talentos que tengamos.

Un ejemplo de esto, lo podemos notar en cuando canta dos y tres veces y ve que no le va tan mal, no puede ir de pronto con mucha humildad y ocultar ese talento.

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Esa persona debe entender que es Dios quien le ha dado ese talento y que debe usarlo de la mejor manera para exaltar a Dios, para adorarle y decirle, Dios toma mi corona a tus pies.

Y si no sabemos qué es lo que Dios nos ha dado, entonces busquémoslo.

Porque no podemos vivir sin saber a qué nos ha llamado Dios para servirle.

Debemos descubrir a qué hemos sido llamados y a la medida que vayamos descubriendo esto.

Entonces haremos esto para lo cual Dios nos ha llamado.

Nosotros no hemos sido llamados para exhibirnos, no, nosotros no hemos sido llamados para eso.

Al Señor le gusta más cuando uno le dice, Dios aquí está mi corona a tus pies.

No podemos llenarnos de orgullo por las cosas para las cuales Dios nos ha usado y por los talentos o dones que él nos ha dado, como sí lo hacían los fariseos.

Que en todo momento se exhibían cuando oraban u ofrendaban, dándose trompetas para que todos vieran sus buenas obras.

Pero tampoco a esto nos ha llamado Dios, si vamos a ofrendar, no hagamos paso de trompeta para que la gente nos vea, hagámoslo en lo secreto que es más agradable a Dios.

Cuando ayunes, dice la palabra, lávate la cara y no seáis austeros, porque muchos se glorían en esto y lo hacen de esta manera para exhibirse ante los demás.

Pues, este tipo de personas que obran de esta manera, ya han recibido su recompensa, querían que los observaran, y eso es lo único que han obtenido.

Pero no pueden esperar ninguna recompensa de parte de Dios, cuando él esté llamando a sus hijos para darles galardón por sus obras.

Por el contrario de esto, Dios nos dice, cuando vayas a orar enciérrate en tus aposentos y cierra la puerta tras ti, y tu padre que te ve en lo secreto, te recompensará en público.

Así de esta manera, podemos humillarnos ante él y decirle, Señor entrego mi corona a tus pies, obra en mí como tu desees.

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El secreto de triunfar en el evangelio no es que nos vean a nosotros, el secreto está en que vean a Jesús obrar en cada uno de nosotros.

De esa manera, la gente dará la gloria el Señor, “así alumbre nuestra luz”.

Dijo Jesús, “para que los hombres vean vuestras buenas obras” y para que la gente vea a Jesús en ellas.

En el momento que entendamos que el Señor nos ha llamado para un propósito.

Hermanos debemos vivir para ese propósito y decirle Señor aquí está mi corona a tus pies.

En ocasiones decimos que nuestra vida ha sido difícil, pero que por la gracia de Dios que vamos aun.

Pero cuando Jesús dijo, llevad mi yugo sobre vosotros porque mi yugo es fácil y ligera mi carga, no lo dijo para jugar con nosotros.

Tampoco podemos hacernos a la idea hipotéticamente de que esto es fácil aunque sea difícil.

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Tal vez es que no estamos haciendo bien las cosas para que el camino se nos torne difícil.

Porque cuando hacemos lo que debemos hacer, el Señor se preocupa por hacer lo que solo él sabe hacer.

Cuando el Señor envía a los discípulos les dice, vayan, sanen, echen fuera demonios, resuciten a los muertos, de gracia recibisteis, dad de gracia.

También les dijo, no se preocupen de lo que han de llevar, si no tienen vestido, ni calzado, ni nada de ello, porque el obrero es digno de su salario, así que no os preocupéis.

El dueño de esta obra es Dios y él siempre ha obrado haciendo milagros y grandes maravillas a lo largo de este evangelio, por tal razón, no podemos perder este pensamiento.

Ni tampoco decir, que la solución es que los grandes ricos se entreguen al evangelio, porque esto no funciona de esta manera.

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Es preferible ver esos milagros y las maravillas que Dios hace, a que tengamos que deberles a los ricos lo que en Dios nosotros tenemos.

Es preferible seguir diciendo, que Dios nos enriqueció, Dios nos bendijo, nos abrió las puertas y no que pongamos las cosas en manos de la política.

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Los políticos necesitan conocer del evangelio para ser salvos, no para ayudar la obra del Señor que es dueño de todo.

Un muchacho le dijo al Señor, ¿Qué debo hacer para entrar al cielo?

El Señor le respondió y le dice, pues cumple los mandamientos, y él le dice, los cumplo desde niño.

Jesús le dice, hay algo más, toma todos tus bienes, véndelos y repártelos a los pobres, dándonos esto a entender que para que Dios obre en nuestras vidas no es necesario tener riquezas.

Tampoco estamos aquí para resolverle problemas al Señor.

Nosotros estamos aquí para recoger todo lo que el Señor nos ha dado y ponerlo en sus manos.

Todo eso que tenemos es porque Dios nos lo ha dado y aunque nos parezca a veces muy poco, él puede hacer obras inmensas con eso.

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Así lo hizo con la gran multitud que le seguía la cual no tenía alimento y el Señor le preguntó a sus discípulos.

¿Qué tenéis para alimentarlo? Ellos respondieron que solo unos panes y unos peces.

Pero de eso que parecía tan poco, Dios pudo hacer una obra estupenda, alimentando a más de cinco mil hombres sin contar mujeres y niños.

Así podemos nosotros decirle a Dios, Señor aquí está mi corona a tus pies.

Podemos estar seguros que por poco que parezca, Dios puede obrar grandemente con cada uno de nosotros.

Pongamos nuestras vidas en manos de Dios y nuestras coronas estarán por siempre seguras en él.

Por: Juan Carlos Pérez

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