Te ruego me muestres tu gloria

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Te ruego me muestres tu gloria

Te ruego me muestres tu gloria

Que bueno es cuando no nos acostumbramos a vivir una vida rutinaria y cotidiana en Dios, sino que podemos comprender que hay un depósito inagotable de bendiciones en él y decidimos decirle: Señor te ruego me muestres tu gloria.

Dios cada mañana y a cada instante provee para sus hijos, derrama de su gracia y poder para así, cada día entenderle y conocerle más.

Así era la vida de Moisés, el hombre del cual hablaremos hoy y tomaremos muchas de sus acciones como ejemplo.

La biblia nos relata como fue el nacimiento de Moisés, “un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses”. Éxodo 2:1-2.

Moisés venía de una familia que estaba en cautiverio, Israel era sometido en Egipto y había una ley que indicaba matar a todos los niños varones, porque Israel se podía hacer muy fuerte en Egipto.

Al nacer Moisés, fue visto hermoso y en vez de matarlo lo escondieron, al no poder ocultarlo más, después de tres meses, su madre decide ponerlo en una arquilla y dejar que el río lo llevara, pero Dios permitió que llegara hasta la hija del faraón egipcio.

Es innegable el propósito que Dios tenia con Moisés, su madre hebrea fue la escogida para cuidarlo y le enseño por algunos años (entre 4 y 6 aproximadamente), todo lo relacionado con el Dios de Abraham, de Isaac y Jacob.

El conocimiento sobre Dios se incrustó en la vida de Moisés.

Luego de esos años fue separado de su madre hebrea y quedó expuesto a la cultura egipcia, un pueblo que es dado a muchos dioses, donde se les brinda sacrificio a muchas deidades.

Pero estando Moisés en la casa del faraón considera que no pertenece a ese pueblo y que es hebreo, Un día teniendo cuarenta años de edad y tomando liderazgo por sí mismo, mató a un egipcio que golpeaba a un israelita, y por causa de esto, empezó a ser perseguido.

Vea también: Acerquémonos a Dios contemplaremos su gloria

En el capítulo tres de éxodo se fundamenta el tema que desarrollaremos en esta ocasión: “Te ruego me muestres tu gloria”.

Notamos como Moisés en varios acontecimientos ve la manifestación de Dios, donde le demuestra que estaba con él:

1. Moisés y la zarza

Pastoreando ovejas, Moisés comienza a tener una manifestación de Dios, ve como en el desierto una zarza se enciende, pero nota que no se consume, se acercó a la zarza y escucha una voz que le dice:

“Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es”. Éxodo 3:5.

Moisés tuvo el privilegio de empezar a oír el propósito de Dios tanto para él como para Israel, pero le dice que no puede, Moisés expresa no poder ser ese el líder por medio del cual Dios libraría a Israel, y dijo a Dios que era mejor otro y no él.

Hoy todos debemos entender que Dios no se equivoca en el propósito que tiene con nosotros.

2. Moisés y la vara

Dios empieza a mostrarle a Moisés que estaba con él, Moisés le manifestó a Dios que nadie le creería que él había sido enviado por Jehová.

“Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. Él le dijo: échala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella”. Éxodo 4:2-3.

Siguió Dios manifestándole que estaba con él, al indicarle que no corriera, sino que la tomara por la cola, así Moisés hizo y la serpiente se convirtió nuevamente en vara.

3. Moisés y la lepra

Seguidamente le dijo que metiera su mano en su costado, al hacerlo Moisés y sacar la mano, ve como esta tenía lepra.

“Le dijo además Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y cuando la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve”. Éxodo 4:6.

Dios le dice: nuevamente métela y sácala y Moisés al hacerlo, vio como su mano salió completamente limpia.

Entendamos que lo que hace grande a un cristiano no son sus conocimientos teológicos o la cantidad de años que lleve en el evangelio, lo que lo hace grande son las experiencias que haya vivido directamente con el Señor.

Dios nos invita a tener experiencias intimas con él.

Moisés decide hacer lo que Dios le pide y le asegura que irá con él.

En obediencia manifiesta el propósito de Dios al pueblo y va frente a faraón, con una palabra poderosa: “Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo”.

Vea también: El cristiano en busca de la plenitud

Faraón con un endurecido corazón, dice: ¡no!, e hizo que Dios a través de Moisés comenzara a desatar una cantidad de señales que jamás se habían visto, como lo fueron las plagas:

  • La plaga de sangre
  • La plaga de piojos
  • La plaga de ranas
  • La plaga de moscas
  • Las plagas en el ganado
  • La plaga de úlceras
  • La plaga de granizo
  • La plaga de langosta
  • La plaga de tinieblas
  • La muerte de los primogénitos

Después de esto, en la Biblia podemos constatar que el pueblo es liberado, y se enfrentan a un mar inmenso, pero Dios abrió el mar en dos para que el pueblo cruzara como por tierra seca.

Y en todo el camino vemos muestras de ese Dios glorioso con el pueblo:

  • Cuando Moisés vio como convirtió el agua amarga en agua dulce.
  • Cuando de una peña al golpearla brotó agua.
  • Cuando clamó y vino codornices sobre todo el pueblo y comieron carne.
  • En la cumbre del Sinaí cuando Dios lo llamó y vio como tomó dos tablas de piedra y en estas escribió los mandamientos.

Moisés iba va de experiencia en experiencia por el poder de Dios, a tal punto que Jehová lo invita a subir a lo más alto del monte.

Moisés allí se introduce por cuarenta días en la gloria de Dios y al bajar del monte su rostro resplandecía como a un ángel.

Vea también: Una investidura especial

Después de ese llamado, Moisés vivió continuamente viendo milagros, pero se puede percibir que más que ver milagros, quería tener comunión directa su Señor, para adorarle y glorificarle, no por lo que le daba, sino por lo que conocía de su Dios.

No nos acostumbremos a cualquier estilo de vida cristiana, Dios quiere que nosotros continuamente le adoremos en espíritu y verdad por quien él es.

Cualquiera podría decir que ya Moisés estaba completo, era un hombre que veía milagro tras milagro y había sacado a Israel de la esclavitud,

Pero este Dios del que hoy hablamos, el mismo que hablaba con Moisés, no tiene profundidad, nuestro pensamiento no lo puede contener, y como es más grande que todo, lo que nos puede dar es muy grande y Moisés entendió eso.

Él no se conformaba, vemos como aun sabiendo que la presencia de Dios iría con él, le pide algo más: te ruego me muestres tu gloria.

“El entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria”. Éxodo 33:18.

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Digámosle al Señor en este día, quiero mas de ti, no me quiero conformar con lo que tengo hasta el día de hoy, quiero mas intimidad contigo, quiero avanzar más allá, así como Moisés anhelaba ver tu gloria.

Y Jehová le respondió su petición diciendo: “cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro”. Éxodo 33:22-23.

No nos conformemos con un yo era, yo hice, yo he visto milagros, debemos estar siempre en un presente delante de la presencia de Dios para decirle: te ruego me muestres tu gloria.

Pero en cualquier parte no se puede ver la gloria de Dios, así como le dijo a Moisés que debía llevarlo hasta un lugar para que le viera, y lo pondría en la hendidura de la peña, así mismo debemos estar en la peña y esa peña es él.

Esa hendidura de la peña puede simbolizar las carnes abiertas tras los látigos romanos que Jesús recibió y sobre esas heridas fuimos incrustados, y a partir de ahí es que podremos contemplar la gloria de Dios

El hombre que quiere contemplar la grandeza de Dios tiene que estar metido en la peña, si hoy no estás en la peña debes sumergirte en la presencia del Dios sublime.

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Hoy como Moisés pidamos más, añoremos mucho más de lo que hoy tenemos, hemos visto y sentido.

Nuestro Dios es infinito y quizás muchas personas sigan los milagros, pero esta iglesia sigue a quien hace los milagros y su nombre es Jesús.

Un enfermo sano, una familia restaurada, una economía renovada, las hemos visto; pero hay algo mas glorioso para todo el que busque más allá, para quien no se conforme con lo que ha vivido hasta hoy.

Quien anhele y desee puede ver la gloria de Dios.

Vea también: “Mi llamamiento” Un llamamiento extraño

El propósito del Señor hoy, es derramar de su presencia sobrenatural para que en el poder del Espíritu Santo prediquemos la palabra y muchas almas lleguen al conocimiento de la verdad.

Todos tenemos experiencias en Dios, de una u otra forma hemos venido conociéndole, pero hay algo más grande que quiere hoy con nosotros.

Moisés le dijo te ruego me muestres tu gloria. ¿Qué le dirás tu al Señor?

Por: Rienel Lasso

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