Ungidos hasta los huesos

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Ungidos hasta los huesos

Ungidos hasta los huesos

Si hay algo que necesitamos en este tiempo, en una sociedad contemporánea donde prácticamente los derechos y los principios morales están cada vez más por el suelo, es que la iglesia tenga un alto grado de unción, que estemos ungidos hasta los huesos.

Cada vez que tenemos unción, nos acercamos a Dios; cada vez que tenemos unción, ministramos a gentes y esa ministración es consecuencia de la unción.

Nosotros como cristianos, necesitamos en esta generación que nos exige, mostrar cada vez más al Dios que tenemos.

A veces hay cristianos que no saben qué es lo que tienen. Preguntémosle a un pentecostal que nos explique la unicidad, digamos que la mitad lo explica, pero la otra mitad no, “sé que Dios es uno, pero explicarlo no sé”, responderían algunos.

La Biblia le dedica mucho tiempo a la unción.

Si leemos todo lo que hizo Moisés antes de elaborar el tabernáculo, fue dado por la sabiduría y la mente de Dios y el aceite de la unción era preparado con especias que el mismo Dios le daba a Moisés.

Todos los sacerdotes, para poder ministrar en el lugar santo, en el lugar santísimo, necesitaban tener la unción, pero algunos se preguntarán.

¿Qué es la unción?

La respuesta es sencilla, es el respaldo, la autoridad, es la investidura que Dios le da a alguien; la unción nos hace dominar el territorio.

Necesitamos adiestrarnos, las batallas que vamos a presenciar como pueblo de Dios no son fáciles y la iglesia tiene que estar preparada, tiene que estar ungida, revestida del poder de lo alto.

¡Nos está matando el protocolo!

Es un tema que no podemos pasar por alto, el Espíritu Santo, no podemos echarlo fuera de la iglesia.

Nos está matando el protocolo, nos está matando muchas veces la corbata y el tiempo, ya no hay tiempo para buscar a Dios y Dios quiere tener acercamiento con su iglesia.

A veces no dejamos tocarnos por el Espíritu Santo, por los protocolos, compostura y comportamiento que se debe tener en algunos lugares.

La situación que nosotros vamos a presenciar en estos tiempos, que ya estamos viendo prácticamente.

Donde medios nos venden una idea de un cristianismo tan acomodado y a veces hay pentecostales que se ponen a ver esos enlaces.

Comenzamos a ver a través del internet, de los medios, un evangelio que ha perdido los principios bíblicos.

Hacen grandes eventos y la gente esperando satisfacer su necesidad espiritual, concurren en masas a esos eventos.

Entonces como hay alguien ministrando para hacer liberaciones, las personas necesitadas hacen cola y las hacen pasar a la plataforma y entonces alguien les impone las manos y caen hacia atrás, primer acto malo, los que caen para atrás son los enemigos de Dios.

Las personas que reconocen a Dios doblan sus rodillas, pero en humillación hacia adelante.

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Incluso ya hay iglesias para homosexuales e iglesias con salones VIP para fumadores.

Por ahí hay una doctrina que los jóvenes ya pueden tener relaciones sexuales antes del matrimonio, hacen concursos para bailarines cristianos.

Pues tendrán que estrellarse con la iglesia del Señor, porque aquí no le cubrimos pecado a nadie, aquí pecado es pecado y punto.

Tenemos el arma para liberar este mundo:

“Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” tenemos que dar a conocer lo que tenemos.

Cuando Elías iba a ser traspuesto, Eliseo le pidió una doble porción de su Espíritu “Si me vieres cuando yo sea quitado, lo que tú pides se hará”.

Eliseo estaba a la expectativa, no tenía que perder ni un minuto, no podía perder su oportunidad y de pronto iban caminando y se apareció el carro de fuego que se llevó a Elías y cayó el manto.

El manto simbolizaba la unción, el ministerio y Eliseo lo tomó.

Vea también: No saques la unción de tu vida

La Biblia dice que rasgó sus vestiduras y se lo puso encima, pero de nada nos vale tener un manto encima, a Dios no lo convencen las apariencias.

Hay muchos ministerios que son nada mas de superficies, fachadas y cuando verdaderamente quieren mostrar la esencia, no tienen nada.

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Ungidos hasta los huesos.

Antes de ser grandes en público, debemos ser grandes en privado.

Eliseo comenzó su ministerio y reemplazar a un hombre como Elías no era fácil; Elías era un hombre que cuando abría su boca Dios lo respaldaba.

Cuando abría su boca siempre producía milagros y señales, tanto que el pueblo le tenía miedo, le decían el hombre del fuego.

Reemplazar a un hombre con un ministerio tan poderoso no era fácil, pero Eliseo se atrevió a decir.

“Señor, dame una doble unción, dame el doble del ministerio” necesitamos hombres así, que se atrevan a romper el límite.

El Espíritu Santo debe ser el gestor principal en nuestros cultos, porque para qué ir a un culto y salir como si nada.

No vale estar si Dios no está, no tiene ningún sentido que cantemos y no sintamos a Dios.

La unción nos hace dominar el territorio:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido Jehová, me ha enviado a predicar, me ha enviado a sanar, a libertar, a proclamar el año de la buena voluntad”.

Cuando un hombre tiene la camiseta de la unción, donde se meta, el diablo no lo puede tocar “Porque mayor es el que está en vosotros”.

La Biblia dice, que Elías hizo siete milagros, contados en la Biblia.

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Ungidos hasta los huesos.

Eliseo pidió una doble porción, siete por dos son catorce, pero Eliseo hizo trece milagros y murió, dice la Biblia que lo enterraron en la tumba de sus padres.

Vea también: Quieres unción

Cuando ya el cadáver de Eliseo se hizo huesos, venían unos armados, había una turbulencia y traían un muerto, dijeron “vamos a meter este muerto en esta tumba”.

Metieron el muerto en la tumba de Eliseo y apenas el muerto tocó los huesos, recordemos que Eliseo se puso el manto.

Ese manto traspasó sus huesos y cuando el muerto tocó los huesos de Eliseo, volvió a vivir. Este es el milagro catorce, Dios es fiel.

Jeremías decía: “Tengo un fuego metido en los huesos, no puedo sufrirlo”.

La iglesia necesita meter esa unción por dentro, necesitamos tener la unción, necesitamos romper las ligaduras del diablo.

Necesitamos sanar enfermos, predicar el evangelio, necesitamos estar ungidos hasta los huesos.

Por: Carloz Pérez

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