La apariencia y la fuerza del querer

La apariencia y la fuerza del querer

La apariencia y la fuerza del querer

En San Marcos y en San Lucas, encontramos dos hombres que tienen algo en común, ambos son ricos, tienen buenas posiciones económicas, pero hay algunas diferencias entre estos dos hombres. “La apariencia y la fuerza del querer”.

La apariencia es el aspecto exterior de una persona o cosa que trata de mostrar que quiere, lo que no quiere y que es lo que no es.

El mayor propósito de la apariencia es impresionar a quien lo ve o quien lo oye.

El querer significa, mostrar un vivo deseo por algo o alguien, es una fuerza que impulsa a lograr un objetivo específico.

Estos significados son muy opuestos y diferentes.

La Biblia habla del rico en San Marcos, dice que al ver a Jesús cuando pasaba por la ciudad.

Se le acerca un hombre y este hombre salió corriendo, llegó a donde estaba Jesús dobló sus rodillas y le dijo: “Maestro bueno”.

Este hombre llega con un gesto, que cualquiera que lo está viendo a su alrededor, ve a un rico haciendo un gesto de humillación delante de Jesús.

Si nosotros viéramos que hay un rico que está postrado en el altar, que llegó y se humilló de rodillas.

Eso nos impresionaría porque nosotros miramos lo externo, pero hay uno que mira el corazón.

A Dios no lo impresiona nadie porque él conoce la realidad de la vida de nosotros.

Aparentemente este rico que llegó ante Jesús trajo una actitud de humillación, habla con él, lo halaga, pero luego le hace una pregunta que cualquiera quedaría admirado.

“¿Qué haré para heredar la vida eterna?”

Y Jesús le dice: Jesús le dijo:

“¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Los mandamientos sabes: No adulteres, no mates, no hurtes, no digas falso testimonio, no defraudes. Honra a tu padre y a tu madre”.

Entonces aquel rico le sale adelantado a Jesús y le dice: “Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud”.

Cuando este hombre le dice estas palabras a Jesús, dice la Biblia que Jesús lo amó “Entonces Jesús, mirándole, le amó”, es importante pensar que no todo al que Jesús ama, ama a Jesús.

Sin embargo, pero él no come de cuento, él sabe si lo amas o no.

Pero como este rico estaba interesado en la vida eterna, Jesús le dice:

“Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz”.

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Cuando este rico vio que Jesús le habló de los bienes al tener tanta posesión, la Biblia dice que el rico inclinó su cabeza y comenzó a caminar alejándose de Cristo, de la presencia de Dios.

Porque hay gente que quiere que Dios lo salve, pero no quiere despojarse de los que no siguen a Dios.

Tendrá que tirar a un lado lo que a Cristo no le gusta de usted para que pueda estar con la frente en alto y no como aquel rico entristecido.

Aquel rico aparentemente quería la vida eterna, pero Jesús sabía lo que él verdaderamente amaba.

Creyó impresionar a Jesús, desconociendo que él puede detectar el pensamiento del hombre “Porque no está la palabra en mi boca y he aquí ya tú las sabes todas”.

Él no quiere apariencias, Cristo quiere un corazón abierto que sea capaz de decirle la verdad, si eres pecador dile:

“Soy pecador”, si andas mal, no te pongas a demostrar que andas bien, sé sincero y dile:

“Dios, yo ando torcido, pero quiero que endereces mi caminar”.

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Al él no lo impresionan los aplausos porque “Un corazón contrito y humillado no lo desprecias tú oh Dios”.

Dios quiere un corazón humillado, aunque esté de pie, esa fue la historia del primer rico, pero cuando lo confrontó con la verdadera realidad se fue.

¿Dónde quedaron las palabras lindas? ¿Dónde quedó todo el argumento que le trajo?

Hoy hay mucha gente poeta que le dicen poesías y le dedican canciones, ya no solo los pentecostales, ni los cristianos cantamos a Dios.

Ya usted oye cantantes mundanos cantando a Dios y en sus canciones dicen ¡aleluya!, pero no se humillan.

Aun así, esta iglesia le canta y lo reconoce porque esta alabanza toca fondo, porque esta alabanza toca las fibras, las entrañas, el corazón y nos hace postrarnos.

Hoy hay mucha alabanza vacía, hay reconocimiento vacío, pero cuando hay un reconocimiento verdadero Dios toca, cambia, transforma y sana.

Si de verdad quieres recibir el Espíritu Santo, si quieres ser sano, si quieres dejar de ser pecador hay una condición, echa fuera la apariencia y demuéstrale con la fuerza del querer a Cristo, que tú lo que quieres es que él te toque.

Además, que sepas que donde Jesús toca, las cosas no vuelven hacer igual.

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Hay otro rico en San Lucas, Zaqueo quería ver a Jesús, quería ver a ese del que tanto hablaban, salió de su casa y encontró que Jesús estaba rodeado de una multitud, pero Zaqueo tenía un problema, era rico, pero pequeño en estatura.

Nos podemos dar cuenta de que al otro rico se le da algo tan fácil, se encuentra con Jesús, comienza hablar con él y este no.

Este se encuentra con una oposición, pero este tiene un querer y el querer tiene una fuerza impresionante que va más allá de las circunstancias.

¿Cuál es la fuerza que tienes para lograr lo que quieres?

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Hay gente que quiere y le da pena, solo tienes que llenarte de fuerza, de fe porque el que quiere se llama Jesucristo, pero él no come de apariencias y sabe lo que tú quieres y si en verdad lo quieres, solo un toque de su presencia cambiaría las cosas.

La Biblia dice que Zaqueo corrió porque quería ver a Jesús, se montó en un árbol, Zaqueo estaba quieto, cuando de pronto…

“Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa y le recibió gozoso”.

Cuando un rico se desprende de lo que tiene es porque verdaderamente está tocado por el poder de Dios, algo le ha sucedido en el corazón y es tanto lo que Jesús ha hecho en la vida de Zaqueo:

“Dijo al Señor: he aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado”.

Y la Biblia dice que el primer rico se fue triste, pero el segundo rico que es Zaqueo, que es el de la fuerza del querer y no de la apariencia.

Se quedó gozoso en su casa, sabiendo que el que tiene a Cristo lo tiene todo, lo demás sobra.

Dios no vino a buscar a los que impresionan, sino a los que tienen la fuerza del querer, la apariencia no sirve.

Por: Rudecindo Garcés

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