Cuál es la tarea de la iglesia

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Cuál es la tarea de la iglesia

Cuál es la tarea de la iglesia

A través de la palabra del Señor, es bueno que reflexionemos para mejorar en cuanto al trabajo y a la responsabilidad que todos tenemos delante de Dios, hoy abordaremos el tema: “Cuál es la tarea de la iglesia”.

Seguramente como hemos escuchado, algunos han decaído un poco por los problemas o las dificultades y algunas otras circunstancias.

Pero qué bueno que al leer estas líneas nuestros ánimos sean levantados.

La intención es que sigamos desarrollando ese trabajo y cumpliendo esa tarea como el Señor nos la ha encomendado.

La tarea de la iglesia es una tarea muy importante; como fue en el principio, el Señor Jesús vino a este mundo a buscar y a salvar lo que se había perdido

Jesucristo escogió a un grupo de personas, sus apóstoles y un grupo de seguidores que serían quienes continuaría el trabajo que él había iniciado.

Cuando Jesús fue a la cruz a morir por nuestros pecados, para redimirnos y salvarnos de la gran condenación en la que nos encontrábamos.

Él murió y fue sepultado, pero resucitó de entre los muertos.

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Ya sabemos la historia, que para los discípulos fue algo muy duro ver a su maestro, su líder, su amigo, allí colgado.

Mientras la gente se alegraba de su muerte, mientras muchos le vituperaban, le escarnecían y se burlaban de todo esto.

Realmente para los discípulos fue muy difícil y creían que era una derrota.

Estaban asustados porque creían que estarían solos, se habían olvidado que Jesús les había dicho que él resucitaría.

Es que también su fe había menguado, pero cuando se encontraron con Jesús resucitado estaban muy felices.

Los ángeles, cuando las mujeres llegaron al sepulcro y no encontraron al Señor, les dicen, ¿Por qué buscáis a Jesús entre los muertos? él ya no está aquí, ha resucitado.

Los ángeles les ordenan a que contaran esto a Pedro y los discípulos, que les manifestaran que tendrían una reunión en Galilea.

Esta reunión fue una especie de retiro espiritual, fue algo maravilloso, el Señor en esos 40 días que estuvo con ellos ocupó bien su tiempo y lo dedicó todo enseñando los y preparándolo para la gran tarea.

Jesús sabía que él se iría, pero que la obra debía continuar, por lo tanto, los discípulos fueron los llamados y escogidos para cumplir la tarea que Dios ordenó.

Era evidente que habría algunas limitaciones, que con el paso del tiempo fueron sobrepasadas.

Por el compromiso que existía en sus corazones y en el acompañamiento del Señor Jesús.

Quién prometió estar con ellos siempre, como lo ha hecho con su iglesia hasta hoy.

Las grandes limitantes fueron convertidas en retos y en hechos posibles, con la ayuda de Dios por parte de los discípulos.

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La grandeza del territorio, la magnitud del trabajo y cómo se prepararían para la tarea fue la causa para ese encuentro con el Señor.

Para ellos empezar el trabajo que Dios les había dado instruidos por él mismo.

Aquella profunda tristeza que sentían los discípulos, cambió y se convirtió en gozo al saber que su maestro vivía.

Jesucristo les dijo que hicieran discípulos en todas las naciones, que ganaran almas enseñándoles el camino de la verdad.

Los discípulos necesitaban ser llenos del Espíritu Santo para poder realizar esta labor.

Porque este trabajo no hubiese podido iniciar, sin ellos recibir la unción del Espíritu Santo.

Los discípulos tuvieron miedo ante tan gran tarea, ya que nunca antes habían cruzado fronteras de su país y ahora deberían ir a ganar almas a otras naciones.

Y les dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” Marcos 16:15.

El Señor hoy sigue diciendo que debemos ir por todo el mundo y que debemos predicar el evangelio, esta es la gran tarea de la iglesia, de los verdaderos hijos de Dios.

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Prediquemos este mensaje de salvación, probablemente los discípulos se vieron incapaces, no eran estudiados.

¿Cómo iban a ir a otros lugares, sin recursos materiales en un mundo tan grande?

Parecía una misión casi imposible, pero finalmente llegó el día para el maestro ascender hacia el cielo.

Ellos le acompañaron al monte de los Olivos, que queda frente a Jerusalén.

Ellos querían estar cerca de él hasta el último momento, sin perder ninguna de las palabras que diría; en su cuerpo hay un resplandor, la ropa tiene un brillo de gloria.

No querían estar solos, pero no era el momento aún de irse al cielo con Jesús, tenían una labor, así como tú y yo la témenos, la tarea de la iglesia de Cristo.

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Hay que seguir en conexión; ellos debían hacer lo que Jesús les había mandado, a predicar ese glorioso evangelio

Los discípulos no habían tenido la experiencia del Espíritu Santo en su vida, lo bien que se siente esta investidura para cumplir y hacer el trabajo.

Él les dijo: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” Hechos 1:8.

Después de Jesús darle esta promesa, empieza a desaparecer de la vista de ellos.

Pero les prometió que ellos tendrían una conexión perfecta con él, para realizar ese trabajo.

La magnitud de ese gran trabajo, necesitaba una conexión perfecta y era la que Jesús había prometido.

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La orden que habían recibido los discípulos era quedarse en Jerusalén, esperando la llegada del Espíritu Santo.

Probablemente ellos muy pensativos se preguntaban:

¿Cómo harían ese trabajo?  ¿Cómo llegarían a los lugares sin conocer el idioma, sin conocer la cultura?

Pero así como ellos recordaron qué Jesús les había dicho que estaría con ellos hasta el fin del mundo, así nosotros debemos estar convencidos de esta promesa.

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En todos esos 40 días, el Señor les habló sobre los fundamentos de la iglesia que iba a ser establecida en todos los lugares del mundo.

Hoy damos gracias por esa enseñanza qué Jesús impartió a los discípulos, y estos a su vez a las personas.

Porque hoy somos nosotros privilegiados de haber oído este maravilloso mensaje de salvación.

Seguimos nosotros con esta tarea, ya recibimos y aceptamos este mensaje.

Ahora nosotros los voceros, los misioneros, los que llevamos a todo lugar esta gloriosa palabra.

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También hemos sido llenos con el Espíritu Santo, es decir, tenemos una conexión perfecta con Dios.

La invitación hoy es a seguir realizando la tarea de la iglesia, a no callarnos, aún hay mucho por hacer, aún hay muchas almas que salvar.

Tú y yo somos los escogidos en este tiempo, estamos revestidos del Espíritu Santo.

Estamos capacitados para hablar de él, porque sabemos que él nos respaldará.

Solo es tener la disposición de cumplir la misión, al ser voceros de la salvación.

Por: Edilberto Ortiz

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