Dios no está buscando apariencias

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Dios no está buscando apariencias

Dios no está buscando apariencias

Hablando de la unción podemos decir con toda seguridad, que nada puede reemplazar la unción de Dios. Hablaremos del tema: “Dios no está buscando apariencias”.

Sin la unción de Dios cualquier esfuerzo se hace infructuoso, cualquier logro que se obtenga sin la unción carece de valor porque sería de origen humano.

No podemos reemplazar la unción de Dios por los métodos y por las cosas que de una u otra manera tratan de incentivar a las personas porque nuestra mayor motivación debe ser el Espíritu Santo de Dios en nuestra vida.

El apropiarse de la unción de Dios debe convertirse en la más grande prioridad de todo servidor.

Está equivocado aquel que pretende anular el respaldo de Dios por muy capacitado nunca su sabiduría, sus habilidades podrán anular el toque divino.

Entonces podemos decir, que nosotros somos una vasija de barro y que la unción es el tesoro en esa vasija de barro.

Nosotros debemos saber, que si hemos recibido algo es porque Dios ha dado dones, ministerios a los hombres, así que nadie se gloríe y si se gloría, gloríese en el Señor porque nada es nuestro.

Somos lo que somos por la divina misericordia de nuestro Dios porque la unción en nosotros se convierte en la fuerza, el impacto, en la influencia, en el impulso, en la esencia, en la naturaleza, en el contenido, en la base, todo lo que hacemos o decimos debe primar la unción de Dios.

Entonces la unción es lo sobrenatural obrando en lo natural.

Dios a través de las generaciones en su plan majestuoso por darse a conocer mostrando su grandeza y su poder ha escogido hombres como instrumentos.

Ananías el Señor le dijo: “Ve porque instrumento escogido me es este hablando de Pablo para llevar mi nombre a los gentiles y a los reyes de la tierra”.

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Y si nos remontamos a un tiempo más antiguo, encontramos que Dios llama Moisés para que cumpla un propósito de ir a Egipto y liberar a su pueblo pero Moisés mira sus limitaciones y desde lo natural.

Pero Moisés le dijo al Señor: “Ay Señor, ay de mí que no soy fácil de palabra ni antes de que tú hablas a tu siervo”.

Pero el Señor le dijo a Moisés: “¿Quién dio la boca al hombre? No soy yo Jehová, ahora pues yo estaré con tu boca y te enseñaré lo que vas hablar”.

Para nosotros las cosas se pueden ver desde lo natural pero Dios ve las cosas desde lo sobrenatural.

No importa cuanta experiencia tengas, no importa lo que hayas hecho, cuantas veces te haya usado el Señor para algo, él va a trabajar con lo que tú tienes.

Lo que ha recibido esta iglesia alcanza no solamente para lo que están cerca, sino también para los que están lejos.

Dios te va ungir de la cabeza a los pies porque el líder, el servidor de esta obra tiene que ser ungido desde la cabeza hasta los pies.

Que nunca falte ungüento sobre tu cabeza, el contexto histórico de la palabra ungüento, cuando el Señor le dice a Moisés:

“Tomarás especias finas de mirra y todos aquellos ingredientes y prepararás el ungüento según el arte del perfumador y cualquiera que intente hacer algo parecido será expulsado”.

A Dios le gusta la originalidad, le gusta que seamos originales porque por ahí sí hay cantantes y predicadores muy famosos.

Pero hace la diferencia algo que ellos no tienen y que tenemos nosotros, eso hace la diferencia.

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“Con ese ungüento superior vas a ungir el tabernáculo, el propiciatorio, todos los utensilios los ungirás y serán cosas santísimas a Jehová”.

El hombre que se encargaría de ofrecer los sacrificios y que tendría acceso al lugar santísimo.

Este hombre por medio de este ungüento recibía una ceremonia al especial, fuera de lo normal y el salmista dice:

“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, El cual desciende sobre la barba, La barba de Aarón, Y baja hasta el borde de sus vestiduras”.

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Dios no está buscando apariencias.

El aceite de la unción hacía un recorrido sobre el sacerdote desde la cabeza hasta los pies:

“Como el rocío de Hermón, Que desciende sobre los montes de Sion; Porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna”.

A esta iglesia no la ha mantenido hermosa un rocío que viene de la nevada, el rocío que viene desde los mismos cielos, es la unción.

El sacerdote tenía que ofrecer los sacrificios por expiación de los pecados que el pueblo tenía y tenía que ser un hombre lleno de misericordia.

Es decir, que tenía que pensar como Dios.

Hay cosas que llegan a nuestra mente y tratan de perturbarnos un poco lo podemos contrarrestar con la unción de Dios sobre nuestra cabeza.

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La unción no se ve, nosotros somos lo visible, la unción nunca se acaba, nosotros somos la herramienta pero la unción es la mano que la mueve.

Nosotros somos el templo pero la unción es quien lo habita, nosotros somos el canal pero la unción es la fuerza.

Somos lo humano pero la unción es lo divino, nosotros somos lo que no vale, la unción es lo que tiene valor, lo glorioso.

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Dios no está buscando apariencias.

Se necesita gente con movimientos espontáneos en nuestra iglesia, no necesitamos motivadores para que alguien adore a Dios.

Cuando hay unción las manos se levantan solas, no necesitamos grandes predicadores, necesitamos que la unción del Espíritu Santo permanezca en nosotros.

Nosotros tenemos algo que hace la diferencia, algo que no lo tiene nadie, que se llama unción de Dios.

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Hay que levantarse por las madrugadas y doblar las rodillas porque esta iglesia ha caminado de rodillas.

Es que hay hombres ungidos en todas las generaciones que han marcado la diferencia pero tú y yo somos unción para las misiones en este tiempo.

Dios no está buscando apariencias a él no lo impresionamos con eso, a él lo impresionamos con un corazón humilde, sencillo.

Muchos jóvenes le dicen al mundo ¡no te tengo miedo porque conmigo está uno que es más poderoso!

Por: Pedro Martínez

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