El cuidado especial de la viña

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El cuidado especial de la viña

El cuidado especial de la viña, es el tema que se ha de tratar en esta ocasión, y es la manera en que nuestro Dios cuida de su viña, de su iglesia.

“Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil.

La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres”. Isaías 5:1-2.

Expresa el profeta en el verso citado, el cuidado especial de la viña y la manera en que la ha cuidado, la atención tan especial que ha tenido para con ella.

También podemos notar el lugar donde fue plantada, ya que hace referencia que es un terreno muy fértil.

Y que también se había tomado el trabajo de cercarla por completo, indicando a entender que esa viña era de su propiedad, y que nadie podía entrar en ella sin previo aviso.

Pero hay algo muy particular en todo esto, y es que, éste personaje se pone en la tarea de despedregar ese terreno, sacando piedra por piedra.

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Haciendo hincapié en ello, podemos tomar como ejemplo, la parábola del sembrador.

Donde se nos dice, que parte de las semillas cayeron en pedregales.

Estas germinaron pero no pudieron crecer porque su raíz no tenía profundidad, y por esa razón murieron.

Luego de aclarado esta parte, podemos entender porque este hombre se toma el trabajo de hacer esta tarea tan ardua.

Es tanto el cuidado especial de la viña, que dice la palabra, que plantó vides escogidas y seleccionadas con mucho cuidado.

Y edificó también una torre en medio de la viña, con la intención de colocar su nombre como dueño de la viña en alto relieve.

Esta torre también era utilizada con la intención de vigilar el terreno, puesto que en ella se colocaba un centinela que pudiese divisar todo lo que ocurra a su alrededor.

Ya que se corría el peligro de que alguien quiera entrar y robar los frutos de la viña y también las zorritas pequeñas que rompían los vallados para entrar y comerlos también.

Pero al momento en que se fue a recoger el fruto de esta viña, el sembrador se da cuenta que esta no dio frutos buenos, sino uvas silvestres.

En ese preciso momento este hombre exclama las siguientes palabras:

Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña.

¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?

Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada.

Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella.

Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor” Isaías 5:5-6.

¿Pero de dónde proviene este pueblo Israel?, ¿De dónde viene su origen? ¿Ha sido esto una casualidad?

¿O podemos ver en la Biblia que es Dios mismo quien tiene un propósito muy especial con este pueblo?

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Si estudiamos la historia bíblica desde sus inicios, nos encontramos con el propósito que tenía Dios para este pueblo, y para hacer de este un pueblo único y especial.

Luego que Adán y Eva pierden a su hijo Abel, les nació otro hijo varón el cual se llamó Set, que quiere decir, reemplazo o sustituto.

Este tuvo también un hijo el cual se llamó Enós y de este descendieron muchos más hasta llegar a Noé, el cual como sus ancestros halló gracia ante los ojos de Dios.

Y esto es muestra que hubo una genealogía de hombres, todos descendientes de Adán, que quisieron hacer lo recto ante los ojos de Dios.

Luego de este mismo Noé el cual tuvo tres hijos; Sem, Can y Jafet, descendió otra rama de hombres servidores de Dios.

Dentro de los cuales se encuentra Coré, padre de Taré y este último padre de Abraham, y Dios llama a este hombre llamado Abraham.

Y le dice, que tiene un propósito grande con él y que de él haría una gran nación y que por ella serían benditas todas las familias de la tierra.

Y a él le dice “Abraham, sal de tu tierra y de tu parentela y ve a la tierra que yo te mostrare”.

Dice la palabra que en la simiente de Abraham fueron benditas todas las familias de la tierra.

A este pueblo Israel Dios le dio el territorio que hasta el día de hoy ocupa, territorio que fue de los hijos de Can.

Tierra que fue habitada por los “ceneos, los cenezeos, los cadmoneos, los heteos, los ferezeos, los refaítas, los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos.” Génesis 15:19-21.

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No es esto una casualidad, son los límites que se le han colocado donde habitaría el pueblo de Dios.

“En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates” Génesis 15:18.

Este es el mismo territorio que en la actualidad habitan también los países que se encuentran en conflicto con el pueblo Israel, el pueblo escogido por Dios.

Así que en Dios no hay casualidades, en Dios hay propósitos y promesas cumplidas, mostrando el cuidado especial de la viña que quería hacer Dios quería hacer de Israel.

De esta manera, le prometió Dios a Abraham una gran descendencia, y le dio a su hijo Isaac, y a Isaac le nació Jacob, el cual es padre de todas las tribus que conforman a Israel.

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Por cosas del destino este pueblo fue a parar como esclavo en el país de Egipto.

Pero Dios con grandes maravillas los sacó de allí.

Llevándolos al desierto donde se manifestó en gran manera haciendo señales y prodigios teniendo Dios el cuidado especial de la viña, de su viña preciosa.

Con una columna de nube los cuidaba del sol y el calor desértico y por las noches los libraba del frío con una columna de fuego.

Su calzado y sus vestidos jamás envejecieron y a pesar de pasar cuarenta años en el desierto, nunca necesitaron cambiarlo puesto que este crecía junto con ellos.

Caminaban junto al arca del pacto o arca del testimonio, la cual representaba la misma presencia de Dios junto con ellos.

De esta manera, notamos el cuidado especial de la viña que Dios estaba plantando en esta tierra, su viña llamada Israel.

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En ningún momento les faltó alimento porque desde el cielo mismo cada día Dios les mandaba maná.

Ni tampoco les faltó el agua, porque de una peña Dios hizo que brotaran fuentes de agua dulce para saciar su sed.

Pero desafortunadamente se alejaron de Dios y dejaron la fuente de agua viva pata cavar cisternas rotas para sí mismos.

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De la misma manera, como sucedió con la viña plantada por aquel sembrador y a pesar del cuidado tan especial que éste tuvo con ella, ésta jamás pudo dar buen fruto.

Así ha sucedido son el pueblo amado de Dios, así sucedió con Israel y este es el fruto que de ella ha salido.

Pero Dios siempre buscó recogerlos nuevamente así como la gallina junta a sus polluelos, a ellos les enviaba hombres que les diesen un mensaje.

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Hombres que los trajesen nuevamente al santo camino, que los trajesen al camino en el cual sus ancestros caminaban.

“Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma” Jeremías 6:16.

Pero aun con todo esto Dios jamás ha dejado a su pueblo, siempre lo ha guardado y bendecido.

Y junto con esas promesas también se nos ha abierto a nosotros la puerta.

Puerta de bendición, de salvación, y que aun sin merecerlo nos ha dado entrada y vía libre para gozar junto con el de los cuidados tan delicados que él da a su viña amada.

Por: Pedro Martínez

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