La presencia de Dios en mi vida

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La presencia de Dios en mi vida

La presencia de Dios en mi vida

Cómo es que el pueblo de los privilegios de las grandes bendiciones no puede asesar a la presencia de su Dios de una manera literal, directa, porque sabemos que siempre fue a través de un intermediario. Hablaremos sobre: “La presencia de Dios en mi vida”.

Obviamente conocemos las causas y eso está estrechamente relacionado con la incredulidad de ellos.

Eso aleja al hombre de a Dios pero la fe acerca al hombre a Dios, que bueno que sigamos ese camino y entendamos que esa es la senda que debemos transitar.

Toda buena relación con Dios está basada en la fe, nadie se puede acercar a Dios sin agradarlo porque sin fe es imposible agradar a Dios.

Hubo uno línea que ellos no pudieron pasar porque la sentencia era contundente Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis sus límites; cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá” Éxodo 19:12.

La incredulidad está en el hombre pero transciende, afecta el entorno y todo lo que hay alrededor.

La incredulidad cierra el paso al hombre y a la misma presencia de Dios, y está excluido de las bendiciones de Dios.

Cuando la presencia de Dios desciende sobre el monte pasan cosas maravillosas, dice la Biblia, que el pueblo observaba y salieron corriendo y huyeron de la presencia de Dios.

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La gracia no llegó a existir, siempre ha existido, no está incluida en el paquete de Dios, no, las bendiciones de Dios están incluidas en la gracia.

Es decir, que la gracia es el paquete de todas las bendiciones de Dios y el hombre haya gracia por medio de la fe, la gracia de Dios lo arropa y lo acerca a misma presencia de Dios.

Los depositarios de la gracia eran unos cuantos y aquellos hombres escogidos hallaron gracia para acercarse a Dios y entrar a su presencia.

Pero no el pueblo, solamente a quien Dios llamara.

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La gracia estaba, pero como que dueño de la gracia solo habría grifo para unos pocos, este pueblo que era el más cercano a Dios aun así, se puso de lejos.

A una distancia considerable pero si hablamos de Israel como tal, el pueblo de las promesas tuvo que permanecer lejos, ¿Dónde aparecíamos nosotros?

¿Quiénes éramos nosotros? ¿Dónde estábamos nosotros? Y en ¿Qué condición estábamos nosotros?

Ese es un grupo de tres preguntas.

¿Dónde estamos ahora? ¿Quiénes somos ahora? Y en ¿Qué condición estamos ahora?

“Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.

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En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo” Efesios 2:11-12.

Dios no había hecho ningún pacto, ningún acercamiento con nosotros y se nos exhorta a que no se nos olvide dónde estábamos.

Estábamos tan lejos que no alcanzábamos a percibir nada de lo que pasaba en la escena de las bendiciones de Dios.

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La presencia de Dios en mi vida.

Estábamos confinados a un infierno perpetuo y prisión de oscuridad.

Hay algo que debemos analizar, Dios se manifestó en carne y él a suyo vino y los suyos no le recibieron, rechazaron el pan.

Un pan grande, generoso, de las promesas, bendiciones, bondades y misericordias y le dijeron Jesús, no te queremos, te rechazamos, vete.

Y habíamos millones de gentiles sin esperanza que dijimos, si ellos no te quieren, nosotros sí te queremos.

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A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” Juan 1:11-12.

Él abrió toda la válvula para que usted beba de esta gracia. Estábamos muy, muy lejos, pero ahora estamos muy cerca.

El diablo te quiere hacer creer que eres un ciudadano de cuarta categoría, pero hay que decirle al diablo que ahora somos hijos y miembros de la gracia de Dios.

Por: Vicente Arango

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