Limpiando nuestro corazón

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Limpiando nuestro corazón

Limpiando nuestro corazón

El tema a tratar en esta ocasión es: “Limpiando nuestro corazón”, cuando hablamos de limpiar, hablamos de una acción, hablamos de una actividad que debemos realizar nosotros mismos.

Pablo, hace mucha referencia en el uso que cada utensilio tiene en una casa grande, y que algunos tienen un uso honroso, pero que otros tienen usos viles, comunes o diarios.

Estos utensilios que tienen un uso honroso, son utilizados para ocasiones especiales para eventos de importancia, y es aquí donde debemos hacer un análisis.

Porque el apóstol Pablo, nos recalca esta parte, haciéndolos ver nuestra responsabilidad, es decir, de las cosas que nosotros debemos hacer y no otros.

Cosas que ni aún a Dios corresponde hacer, sino a cada uno de nosotros:

“Si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra”.

Nótese que en este caso se hace la aclaración, que somos nosotros quienes debemos limpiarnos y no Dios a nosotros, puesto que ya él hizo una limpieza en nosotros.

Si en algún momento hemos pecado, Dios lo que hace es perdonar nuestros pecados.

Pero somos nosotros quienes debemos limpiarnos y alejarnos de todo ello.

Si nosotros estamos siempre limpiando nuestro corazón y nos mantenemos de esta manera, podremos ser siempre un utensilio de uso honroso para Dios.

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Y es algo que tenemos que tener muy en cuenta a la hora de pedirle a Dios que nos use, porque no es cuestión de querer ser usados, sino de limpiarnos para ese fin.

Porque no podemos hacerlo de otra manera, por más que le roguemos a Dios que nos use, si no estamos limpios, él no nos va a usar nunca.

Es más, cuando estamos limpios no es siquiera necesario pedirle a Dios que nos use.

Sino que por el simple hecho de siempre estar limpiando nuestro corazón, él nos usa.

Así que si alguno de nosotros se limpia será instrumento útil al Señor y dispuesto.

Es decir, límpiese y a la hora que Dios le requiera, lo usará.

No podemos perder de vista la porción de la palabra leída, porque en ella nos muestra que existen dos tipos de utensilios:

  • Unos para usos honrosos
  • Otros para usos viles

Cuando una persona se limpia y se guarda para Dios, no tiene que preguntarle a alguien cómo le salió el himno, cómo le fue en la alabanza o cómo le fue en la predicación.

Sino que solo tiene que preguntarse dentro de sí, si esta fue aceptada por Dios.

Es como cuando tomamos esa vajilla que esta guardada y decimos sirvamos aquí algo extraordinario.

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Hay algo muy impactante en este hecho, en lo que Dios puede hacer cuando nosotros estamos dispuestos al servicio y estamos constantemente limpiando nuestro corazón.

Como lo dice el libro de los Hechos:

Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y doctores: Bernabé, y Simón el que se llamaba Níger, y Lucio Cireneo, y Manahén, que había sido criado con Herodes el tetrarca, y Saulo.

Ministrando pues éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y á Saulo para la obra para la cual los he llamado”. Hechos 13:1-2.

Y debemos hacer énfasis en esta palabra ministrando porque ministro no es más que un servidor, cuando hablamos de ministrar, hablamos del acto de servir.

Mayor es el que se sienta a la mesa y el que ministra es el que sirve, pero la grandeza de este servicio es que nuestro patrón es Dios y este sí que sabe pagar.

Y muchas veces nos preocupamos por las cosas externas.

Pero no por su esencia, y la razón de ser de esto es Jesucristo, el dueño de todo en nuestra vida.

Un claro ejemplo de esto nos lo muestra Moisés, puesto que este vio tan grandes maravillas mientras vivió su proceso con Dios.

Este vio el mar abrirse en dos, vio caer pan del cielo, vio la presencia de Dios que los acompañaba en forma de nube y fuego.

Pero aun así le dijo a Dios, Señor yo quiero ver tu gloria, y si analizamos esta pequeña parte.

Podemos entender que sí, es grande ver el mar abrirse en dos, pero es más grande ver a quien lo abrió.

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Moisés decía, yo ya he visto muchas cosas y he visto tan grandes maravillas.

Pero ahora yo quiero ver al Dios todo poderoso que está detrás de todas esas maravillas.

Qué bueno es cuando vemos a alguien usado por Dios para levantar a un paralítico.

Pero mucho mejor es conocer al que tiene el poder para levantar a ese paralítico.

Está bien decirle a Dios, ¡Señor úsame!, pero debemos estar siempre limpiando nuestro corazón, y mantenernos así para que esto pueda suceder.

De esta manera, les sucedió a Pablo y a Bernabé, y Dios obrando por medio de alguien dijo por el Espíritu Santo.

Y señalando dijo, como estos están limpios, apártenme a estos dos a Pablo y a Bernabé, porque si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento.

Así puede suceder con cada uno de nosotros porque ya Dios puede estar diciendo en estos momentos, apartadme a Juana, María, Pedro.

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Porque desde antes de la fundación del mundo, ya Dios nos tenía inscritos en su santo libro.

Pero hay algo que llama mucho la atención en este texto, ya que dice, que estaban ellos ministrando y si buscamos otras versiones de la palabra.

Vemos que nos menciona este mismo texto de otra manera y dice:

Que estaban ellos brindando culto a Dios y ayunando, de manera, que ellos estaban entretenidos con Dios.

Así es que debemos nosotros estar, siempre ocupados en Dios, en ministrarlo a él, en buscarlo a él, porque de esta manera es como él se manifiesta.

Porque cuando nosotros limpiando nuestro corazón, le buscamos, le ministramos a él y él se manifiesta.

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Ministrar a Dios es entregarse a él, es ocuparse de él, no se trata de decirle solo que nos use, sino de entregarnos a él, adorarle en todo momento.

Ministrar a Dios es encerrarse con él y servirle, no se trata de decirle:

“Señor envíame a mí”, no, sino que el ya conoce nuestros corazones.

Al conocerlos y consciente de que son elementos o utensilios limpios él, nos dice, apártenme a estos porque los necesito.

No podemos caer en costumbres en nuestra iglesia, donde en los servicios ya vemos como se ingresan cosas para comer, beber y no estamos atentos a lo que se está ministrando.

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No nos distraigamos con las cosas que en el templo podemos encontrar o que porque nos vamos a encontrar con alguien, no, acá vinimos a encontrarnos y a ministrar a nuestro Dios.

Dios a cada uno de nosotros nos ha dado distintos talentos, pero no por eso, debemos creer que somos indispensables, ni mucho menos poner eso por encima del servicio a Dios.

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Porque aun con personas que tengan mucho menor talento, Dios se puede manifestar y puede obrar de una manera gloriosa en nuestras vidas como lo hacía en tiempo antiguo.

Debemos entender hermanos que no es nuestra la gloria, ni la alabanza, toda la gloria, la alabanza y la majestad, todo lo merece nuestro Dios.

Dios siempre quiere obrar en cada uno de nosotros, pero en esto juega un papel muy importante nuestra disposición, nuestra actitud.

De modo que no podemos nosotros quedarnos esperando que Dios nos mueva.

Sino ser nosotros mismos actuando en el momento que debamos hacerlo.

De manera hermanos, que de nosotros depende que Dios nos use, y podamos ser de uso honroso como aquellos utensilios usados para momentos especiales.

Si siempre estamos limpiando nuestro corazón, y nos ponemos a disposición de él, siempre nos tendrá

Pastor: David Alomia

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