Si lo he recibido ¿Por qué me glorío?

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Si lo he recibido ¿Por qué me glorío

Si lo he recibido ¿Por qué me glorío?

“Porque ¿Quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos”. 1 Crónicas 29:14. En la siguiente temática abordaremos el tema: “Si lo he recibido, ¿Por qué me glorío?”.

Teniendo en cuenta el texto leído, podemos notar que aparentemente nos habla de bienes materiales, como oro, plata, casas, carros o cosas semejantes.

Pero puede notarse que este mismo texto hace total énfasis en que todo lo hemos recibido de nuestro Dios.

Y de esta manera, hemos entrado en un proceso que Dios ha querido hacer con nosotros en el mismo momento que le entregamos nuestra vida a él.

Así podemos entender que el Señor también obra en nosotros incluso en las circunstancias difíciles.

Como lo expresa David en uno de sus Salmos “aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno”.

Así como David, nosotros también podemos pasar por el valle de sombra de muerte, pero no por esa razón debemos temer.

Este mismo Salmo inicia así, Jehová es mi pastor, nada me faltara, siendo el nuestro pastor nosotros somos sus ovejas.

Y si esto es así, empieza a ocurrir todo lo que este Salmo nos expresa, él nos guiará, en lugares de delicados pastos nos hará descansar.

Así que cuando andemos en valle de sombra de muerte no debemos por qué temer, puesto que el Señor está con nosotros.

Y si Dios está con nosotros, quiere decir, que aunque sea por valle de sombra de muerte, es este el camino por donde él nos ha querido llevar.

Por tal razón, debemos entender que de las circunstancias difíciles debemos aprender de Dios y también a seguir siendo formados.

Algunas personas pueden alegar el hecho que en ocasiones Dios no ha respondido de la forma como ellos han querido o en los tiempos en que lo han pedido.

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Pero sabemos que Dios obra siempre en un tiempo perfecto y que obra según su voluntad.

Teniendo en cuenta esto, entendemos que no todas nuestras peticiones u oraciones serán respondidas inmediatamente y que tal vez, en algunos momentos debamos esperar un poco más, y no empeñarnos en que todo debe ser como queramos.

Así Jesús nos da una lección antes de ser crucificado estando aun en el huerto de Getsemaní.

Donde en su oración decía, “padre pasa de mi esta copa, si es posible, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

Entendemos así que por estas mismas circunstancias difíciles, podemos obtener muchas lecciones.

La Biblia nos dice, que a los que aman a Dios todas las cosas las cosas le ayudan a bien, y estas son todas, sin excepción alguna.

Todo lo que hoy día tenemos lo hemos recibido de su mano y de esto mismo, nosotros le damos.

Podemos hacernos esta pregunta entonces, si lo he recibido, ¿Por qué me glorío?, si no han sido nuestros méritos la razón por las cuales tengamos tales cosas.

En algunas ocasiones podemos caer en la tentación de atribuirnos el mérito de algún bien, de algún logro o de hasta un talento que tengamos, olvidando que es Dios quien en realidad es el procreador de todas estas cosas.

Por esta razón, el Salmo 115 nos pone los pies sobre la tierra, “No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad”.

Entendemos así, que Dios es misericordioso y es un Dios de verdad.

Por otro lado el Salmo 40 dice, “Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor”.

Y es así en nuestras vidas, en ocasiones debemos esperar pacientemente e iniciamos el proceso y es donde Dios obra maravillosamente en nuestras vidas.

Entonces nos preguntamos si lo he recibido, ¿Por qué me glorío?, aun sabiendo y siendo conscientes que todo lo hemos recibido de él.

Debemos entender el propósito que Dios tiene en nuestra vida en cada uno de esos momentos.

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Así que, el que nosotros no estemos en el lugar, en el que antes estábamos; se lo debemos a él y si estamos firmes en este camino no es por méritos nuestros.

Sino porque a Dios así le ha placido, entonces podemos decir nuevamente, si lo he recibido, ¿Por qué me glorío?

Y si entendemos esto, debemos estar agradecidos con Dios porque él no trae nuestro pasado para juzgarnos.

Y que aun sabiendo la gravedad de nuestros pecados, él nos mantiene guardados en este santo camino.

Por tal razón, el hecho de que hoy caminemos firmes, no se lo debemos ni a la genética, ni a la fuerza de voluntad, puesto a que él enderezó también nuestros pasos y nos trajo del mal camino.

Incluso nuestra manera de cantar ha cambiado, ya que, nuestro cántico no es de tristeza, ni de pena, ni de amargura o dolor, nuestro cántico es de alegría de esperanza.

Porque sabemos que tenemos una vida nueva en Jesús y una nueva razón para vivir alegres.

Así que, el peor día nuestro ahora, tiene un mejor canto que el mejor día de nuestro pasado, y todo eso se lo debemos solo a Jesucristo.

Porque ha sido él quien ha cambiado en todo momento nuestra vida dándole un nuevo sentido.

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Sin embargo, no podemos ser duros o estrictos con nosotros mismos, ni debemos impedir que el Señor obre en nuestras vidas por el hecho que “hayamos hecho algo tan grave” ya que, ha sido el mismo Dios que nos ha limpiado de todo pecado con su sangre.

No podemos seguir pensando que no podemos ser usados por Dios, por estas razones.

El Señor ha provisto una fuente inagotable de sangre para que podamos ser limpios en todo momento y podamos servirle con libertad.

Romanos 12 dice, “de manera que teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe, o si el de servicio, en servir, el que enseña, en la enseñanza, el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; que preside, con solicitud; que hace misericordia, alegría”.

Si seguimos la línea de los que este capítulo nos relata.

Podemos entender, que hay hermanos que creen que lo que han recibido de Dios es superior a lo que los demás han recibido, y pensar que por esa razón, merecen un mejor lugar.

Pero debemos entender, que nosotros no somos un grupo de gente de casta, y que fuimos escogidos por esta razón.

Sino que por el contrario, fuimos llamamos para servir, por eso, no podemos caer en este pensamiento.

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Nosotros somos servidores y colaboradores del Señor, y si sabemos que para Dios nosotros tenemos un valor importante que incluso dio su vida y de esa manera salvarnos.

Pero no por esta razón, debemos pensar que somos más importantes que los demás.

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Por esta razón la palabra dice:

Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado”.

Por eso nuevamente se pregunta, si lo he recibido, ¿Por qué me glorío?

Nosotros somos miembros del cuerpo de Cristo, y en la medida que entandamos esto, que somos servidores del Señor, y que hemos sido llamados para cumplir una función.

Entonces nos sentiremos plenamente felices con lo que Dios nos ha llamado a hacer.

No debemos alabarnos nosotros mismos, no podemos acreditarnos el valor de todas las cosas, no podemos caer en ese pensamiento.

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Sino que teniendo en cuenta el trabajo al que Dios nos ha llamado, nos preguntemos si lo he recibido, ¿Por qué me glorío?

Pero en lo que si nos podemos alabar es en conocer quién es nuestro Dios, y tener el privilegio de ser llamados por él para servirle.

También de tener el honor de ser sus hijos, por eso, no dejemos nunca de preguntarnos, si lo he recibido, ¿Por qué me glorío?

Por: Juan Carlos Pérez

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