Marcando la diferencia

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Marcando la diferencia

Marcando la diferencia

José a los 17 años tuvo unos sueños impresionantes, sus hermanos lo aborrecían porque en sus sueños él parecía ser superior a ellos. Él era un joven que a su corta edad estaba marcando la diferencia.

José tuvo un sueño y lo conto a sus hermanos diciendo:

“Estábamos atando manojos en medio del campo, y mi manojo se levantaba y se quedaba derecho, y vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban ante el mío”, sus hermanos le preguntan que, si el reinaría o dominaría sobre ellos.

Pero esa pregunta, se percibe airada e irónicamente, ya que ellos le aborrecían.

Después tuvo otro sueño y dijo: “He tenido otro sueño. Soñé que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban hacia mí”.

Su padre lo reprendió ya que lo astros de su sueño, hacían referencia a su padre su madre y sus once hermanos.

Pero estos apenas eran sueños, él no soñó que era aborrecido por sus hermanos, no soñó que sería metido en una cisterna, no soñó que atado de pies y manos sería vendido.

Muchos se pueden preguntar por qué a el único de los hijos que Israel le dio una túnica de colores fue a José, y era porque este regalo marcaba la diferencia, y donde José estuviera dentro de la multitud estaría marcando la diferencia.

Nosotros hemos sido seleccionados, estamos dentro del montón, pero tenemos algo que nos hace macar la diferencia, algo especial.

Y eso especial, debe crear en nosotros un compromiso de guardarnos para Dios, ya que él tiene un propósito grande para nuestras vidas.

No sabemos por dónde vamos a pasar, qué situaciones vamos a enfrentar, pero siempre y cuando nos reservemos para Dios.

Estaremos marcando la diferencia porque su propósito se cumplirá en nuestras vidas.

José estaba en medio de sus hermanos con aquella humildad y obediencia que le caracterizaba, pero lastimosamente sus hermanos se llenaron de envidia hacia él.

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Hay algo que debemos tener claro, todas las dificultades que enfrentamos en medio del proceso, es para darnos forma, son un medio de formación que necesitamos, por el que Dios nos hace mejores en él.

Los líderes debemos estar diseñados para resistir todas las pruebas del camino, necesitamos avanzar y cada prueba es una oportunidad para ser más que vencedores.

Nuestros dones y ministerios dados por Dios, no son para tenerlos como una prenda de lujo, lo que tenemos es para seguir marcando la diferencia con humildad.

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Somos grandes cuando somos conscientes que somos solo siervos de Dios, esa es la verdadera grandeza que nos da valor de resistir las artimañas del enemigo.

José en el palacio enfrenta a la esposa de Potifar, una tentación que lo acosaba todos los días, pero él decidió guardarse para Dios.

Marcando la diferencia un líder debe enfrentarse a ciertas cosas, entre ellas la difamación, así como la mujer de Potifar mintió porque José la había despreciado.

Puedes enfrentar que alguien por envidia quiera dañar tu testimonio con mentiras.

José por esto fue a la cárcel y allí se enfrenta al olvido de sus compañeros, un líder puede pasar por esto, donde muchos lo abandonen o lo aborrezca.

Pero recuerda que tienes sangre de campeón, eres un líder que está marcando la diferencia.

Dios nunca se olvidó de José, dice la Biblia: “Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia…” Génesis 39:21.

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El soñador que iba a mantenerse en pie y recto, estaba pasando cosas que no se imaginó, cuando la presencia de Dios está en nosotros, pasemos por donde pasemos Dios nos hace marcar la diferencia

Dios puso gracia en él aun en la cárcel y el jefe de allí lo vio con agrado.

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Así estemos en lugares duros, Dios siempre nos acompañará y respaldará, creamos en él y confiemos que está formándonos.

Sabemos la historia, José fue gobernador, y no soñó con esto, pero Dios lo llevó hasta ese cargo tan importante, porque se mantuvo fiel, este joven siempre se mantuvo marcando la diferencia.

Cuando tuvo hambre la familia de José por la escasez que había en el lugar donde vivían, llegaron hasta donde él estaba.

Pero sin imaginarse se postraron sorprendidos que aquel joven soñador era ahora gobernador. El sueño de 13 años atrás, ese día se cumplió.

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Es posible que tengamos sueños y que en Dios se vayan a cumplir, pero es necesario que las pruebas lleguen a nuestra vida, para fortalecernos, todo lo que Dios permite es necesario.

Nuestras vidas están en las manos de Dios, confiemos plenamente en que él las está dirigiendo y guiando, entendamos que pase lo que pase él estará; y así como José, para alcanzar un sueño, debemos guardarnos en santidad.

Sigamos marcando la diferencia.

Por: Edwin García

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