Por qué existe la muerte

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Por qué existe la muerte

Por qué existe la muerte

Hay tres hechos que han sucedido en la historia humana y nos afectado a todos, han establecido tres etapas en la historia humana. Hablaremos sobre: “Por qué existe la muerte”.

Esos hechos son:

  • El pecado
  • La ley
  • La gracia

El pecado entró al mundo por un hombre y por el pecado la muerte y esta pasó a todos los hombres “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.

Ese hecho nos alcanzó, nos afectó a todos sin importar la condición, ni el lugar de nacimiento, la familia, la raza, en fin, todos nacimos con la herencia adámica que es el pecado, la muerte y la condenación.

¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado” Romanos 3:9.

Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios.

“Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”.

Hay quienes quieren escapar de la ley, diciendo que es solo para Israel, ellos fueron los receptores y depositarios pero la ley vino para todo el mundo.

Vea también: ¿Sabía Dios que Adán iba a pecar?

Estos hechos condujeron a la humanidad a tres etapas en la historia.

  • Antes de la ley es desde Adán hasta el Sinaí.

“Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado.

“No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir” Romanos 5:13-14.

Es decir, en esa etapa de la historia de Adán al Sinaí, había pecado pero no había una ley que revelara y condenara el pecado.

Pero a pesar de eso, la gente se murió porque la paga del pecado es la muerte.

Adán vivió 930 años y murió, Matusalén 969 y murió, Noé y los patriarcas.

Es decir, la evidencia de ser pecador es el hecho de ser mortal.

Allá en el cementerio no solamente hay tumbas de viejos, sino de bebés que se murieron sin siquiera haber cometido pecado pero se murieron porque la paga del pecado es la muerte.

Y si alguno se cree que no es pecador, lo puede demostrar no muriéndose pero nadie lo ha podido hacer desde Adán hasta nosotros.

Solo hay uno que pudo decir, “a mí nadie me quita la vida” y él no solo lo dijo sino que lo hizo.

Aparte de Jesucristo, todos nacimos pecadores mortales, perdidos y destituidos de la gloria de Dios.

Por eso el mensaje de Jesucristo es que el hijo del hombre vino a salvar lo que se había perdido.

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De Adán al Sinaí el hombre solo era pecador por naturaleza, no era trasgresor porque no había ley, porque el pecado es la trasgresión de la ley.

La ley que vino en el Sinaí 2500 años después de Adán, vino para revelar el pecado, agravar el pecado, condenar al pecado, encarcelar al pecador, y maldecir al pecador.

Por eso, Jesucristo no mandó a nadie a predicar la ley, sino el evangelio porque el evangelio salva y da vida, la ley mata y condena.

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Por qué existe la muerte.

Los mandamientos prohíben y mandan, los mandamientos no son ofertas, son mandatos.

Del Sinaí para acá el hombre es triple pecador, por naturaleza por que nacimos pecadores, pecador por acción porque hace lo prohibido y pecador por omisión porque no hace lo mandado.

“Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer”. 2 Corintios 3:7.

La ley no vino a salvar a nadie, nadie se salva por haber matado, adulterado, o codiciado.

“Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador” Gálatas 3:19.

El evangelio es la promesa hecha a nuestros padres, Cristo es la simiente de la mujer, de Abraham.

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El evangelio no es la ley y la ley no es mayor, ni igual al evangelio, el evangelio es la promesa de salvación que Dios hizo a los padres.

Si usted no se agarra de Jesucristo no hay quien lo salve, por eso, Jesucristo no es una esperanza es la única esperanza.

La ley es una cárcel de diez barrotes donde Dios encerró a la humanidad bajo pecado hasta que viniera la simiente.

No para que pagáramos porque no podíamos pagar sino hasta que viniera la simiente que es el libertador.

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Por qué existe la muerte.

Jesucristo nos redimió del pecado, de la ley y de la maldición de la ley.

“Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” Juan 8:36.

Con la resurrección de Jesucristo comenzó la tercera y última etapa.

“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas” Romanos 3:22.

La noche de la ley fue el calvario y la resurrección fue el día de gracia.

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El pecado nos afectó a todos, la ley nos condenó a todos pero la gracia vino a manifestar la justicia para todos.

El que en él cree no es condenado pero el que en él no cree sigue condenado porque si no recibe la salvación que Dios ha hecho quién lo va a salvar.

Si usted no acude a Jesucristo no hay rezo, no hay virgen que lo pueda salvar, él es el único salvador y fuera de él no hay quien salve.

Por: Eliseo Duarte

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