Exaltar la gloria del Señor

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Exaltar la gloria del Señor

Exaltar la gloria del Señor

¡Aclamen alegres a Dios, habitantes de toda la tierra!, canten salmos a su glorioso nombre; ¡ríndanle gloriosas alabanzas!, díganle a Dios: «¡Cuán imponentes son tus obras!
Es tan grande tu poder que tus enemigos mismos se rinden ante ti. Toda la tierra se postra en tu presencia, y te cantan salmos; cantan salmos a tu nombre». Selah”. Salmos 66:1-4. Hablaremos sobre el tema: “Exaltar la gloria del Señor”.

Al mirar las expresiones de este Salmo que habla de los hechos poderosos de Dios, identificamos la expresión cantad la gloria de su nombre.

Poned gloria en su alabanza, que no es más que darle a Dios el lugar que merece.

El lugar que Dios posee en este universo y en todo lo que existe por ser el creador de todas las cosas, y su fama es grande por esto.

Porque ha hecho cosas estupendas y maravillosas, y si hay alguien a quien debamos exaltar por todas estas cualidades se llama Jesucristo.

Muchos personajes de la historia dejaron su huella por alguna cosa hecha por ellos durante su vida.

Pero nada de esto trascendió y con la muerte quedó en el olvido, y esto es lo maravilloso de este Dios que tenemos, que hace maravillas ayer, hoy y por los siglos.

Son tan maravillosos sus hechos que han trascendido a la humanidad en todos los tiempos.

Tanto que aun así se sigue hablando de sus maravillas porque él, aún sigue haciendo maravillas entre nosotros y milagros, por estas razones debemos siempre exaltar la gloria de Dios.

No podemos siquiera dimensionar la magnitud de su grandeza, nuestra mente no lo puede entender ni imaginar, ni aun los poetas tienen palabras suficientes para exaltar la gloria de Dios.

Pero lo único que sí podemos decir con toda seguridad, es que él es grande y poderoso.

Las obras de Dios son maravillosas, lo que ha hecho con cada uno de nosotros es maravilloso, de donde nos ha sacado el Señor.

Lo que éramos y lo que somos el día de hoy, todo eso se lo debemos nuestro Señor Jesucristo, gracias a su gloria y a su misericordia.

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De manera, que de ella es que debemos contar y predicar, la fama del Señor, que ha sido reconocida desde el principio y la Biblia dice:

“Te alaben los pueblos oh Dios, todos los pueblos te alaben”.

Incluso la tierra tiene que conocer que hay un Dios, que es todo poderoso y hacedor de maravillas.

En el tiempo antiguo, cuando David se enfrentó a aquel gigante filisteo, él no fue a enfrentarse a él con sus propios méritos

Ni fue en su nombre, ni en el de su familia, en ningún momento David miró su apellido ni su linaje.

Sino que cuando se enfrentó a aquel enemigo que blasfemaba, que decía palabras ofensivas en contra del Dios de los hebreos.

David, tuvo que decir, “yo vengo en nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios a quien tú has provocado y yo te venceré y sabrá la tierra que hay Dios en Israel”.

David, estaba dándole fama, exaltándole, dándole gloria al nombre de Jehová, y al invocar el ese nombre el gigante cayó al suelo.

Por eso, es importante que si alguien le va a cantar al Señor, debe saber a quién le va a cantar y de esta manera saber exaltar la gloria de Dios.

Porque si hay algo que tener en cuenta, es que nosotros no cantamos para impactar, no predicamos para hacernos famosos, ni mucho menos para ser reconocidos por ello.

Nosotros lo hacemos para darle la gloria, la honra y todo el honor al único Dios merecedor de todas estas cosas.

Debemos hacerlo para exaltar la gloria de Dios, para anunciar su santo nombre.

Él es el que impacta en nuestras vidas y en las vidas de las personas que escuchan su palabra, él es quien es glorificado en la vida de cada quien que lo escucha.

Los ídolos del mundo son de carne y esos se vanaglorian en su fanaticada, porque ellos los siguen, los hacen emocionar.

Pero ellos no exaltan a nuestro Dios, por eso, los ídolos del mundo pasan, perecen y se acaba toda su fama, pero nosotros tenemos al único Dios merecedor de toda alabanza.

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Cuando le alabamos y servimos, lo hacemos todo a su nombre, siempre buscando exaltar la gloria de Dios.

Por eso, Israel cuando supo estas cosas que el Señor le enseñó, ellos escucharon las palabras que el Señor dijo:

“Este pueblo he creado para mí, mis alabanzas publicaran”.

Por tal razón, nuestras alabanzas siempre serán y deben ser para Dios, puesto que lo que siempre cantamos, todo es de él.

De tal manera, que si cantamos o predicásemos cosas nuestras, no tendría ningún sentido, ni fundamento alguno porque todo es del Señor.

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El apóstol Pedro en uno de los pasajes de la palabra del Señor, expresa unas palabras muy importantes a la iglesia del Señor y dice:

“Más vosotros soy linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las virtudes de aquel que los llamo de las tinieblas a su luz admirable”.

También dice, “vosotros que en otro tiempo no eráis pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios, que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero que hoy habéis alcanzado misericordia”.

Entonces podemos decir, que todo lo que somos se lo debemos a Dios.

Cuando estábamos en el mundo llenos de pecado, nadie nos miraba, ni nos estimaba, ni mucho menos nos respetaba.

Pero hoy sí hay respeto para nosotros y sí hay admiración, no pensemos que es por nosotros.

Sino por aquel que murió, resucitó y que nos lavó de nuestros pecados.

Aquel que nos salvó de la condenación del infierno, él fue quien nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Y ahora, podemos gozar de todos y cada uno de los privilegios que él nos brinda en esta nueva vida, razones nos sobran para exaltar la gloria de Dios.

La palabra de Dios nos dice, que en todo lo que hagamos, en todo lo que sale de nuestro corazón, absolutamente en todo, debe ser Dios glorificado.

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De modo, que cuando entonemos una canción sea Dios glorificado o cuando hagamos alguna tarea en su servicio, él pueda ser glorificado.

No podemos caer en esa forma de pensar que nos lleva a creer que todo lo que logramos es por nuestros esfuerzos, talentos o dones, que la gente nos admire o alabe por ello.

Sino que por el contrario, debemos estar siempre postrados ante Dios que es dueño de todo el honor.

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Exaltar la gloria del Señor.

Porque Dios no comparte su gloria con nadie, la gloria pertenece a él, la honra pertenece a él, la adoración, la alabanza pertenece a él, todo pertenece a él.

Porque de él, por él y para él son todas las cosas, sin excusa alguna, siempre debemos exaltar la gloria de Dios.

Siempre que hagamos cada una de estas cosas, busquemos exaltar la gloria de Dios.

Porque ante él no somos nada, ante él no valen nuestros títulos, ni nuestros bienes, nada de eso tiene valor ante la magnífica presencia del Señor.

Cuando estemos en la presencia de Dios, debemos despojarnos de todas esas cosas, de todas aquellas que nos hacen pensar que somos alguien.

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Porque ante su magnificencia no hay nada que valga, todo pierde su valor y nada puede igualar su gloria.

Exaltar la gloria de Dios, es el privilegio más grande que como humanos podemos tener, la gloria más grande está en ello.

Por tal razón, debemos tratar de mantenernos siempre con éste pensamiento y el ferviente ánimo de servicio a él y así de esta manera exaltar la gloria de Dios.

Pastor: Ronald de la Hoz

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