Vivir sin Dios es la peor locura

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Vivir sin Dios es la peor locura

Vivir sin Dios es la peor locura

Existe un fenómeno que se llama “el fenómeno de la tercera generación”. Hablaremos sobre: “Vivir sin Dios es la peor locura”.

Los historiadores y los sociólogos, han observado una tendencia interesante que ocurre en zonas, comunidades e incluso en familias.

Ellos han observado que comúnmente ocurre un deterioro dentro de una comunidad que tiende a culminar con la tercera generación.

El proceso comienza con periodo de actividad dinámica, generalmente estimulado por un líder fuerte o por algún evento significativo en la vida de la comunidad, esta es la primera generación.

Se caracteriza por un crecimiento material, intelectual, social e incluso espiritual, hay nuevas ideas, hay una dinámica para vivir.

Hay una emoción por las cosas que están sucediendo, hay expansión, hay crecimiento en los niveles del esfuerzo humano y la primera generación está marcada por el crecimiento.

Cuando pasa el tiempo y la segunda generación se hace cargo no han experimentado directamente los acontecimientos dinámicos de la primera generación.

Han generado buenos tiempos, han heredado prosperidad pero ya no existe el impulso de generar ideas o de consolidar lo de la primera generación.

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Se conocen los triunfos del pasado y a veces desean o sueñan con ellos.

Sin embargo, debido a que se contentan con lo generado hay poca motivación para hacer un esfuerzo genuino para sostener la dinámica del pasado.

La segunda generación se contenta con escuchar las historias de los viejos tiempos.

Pero está demasiado involucrada con la preservación del éxito de la primera generación y están preocupados solamente en eso.

Trabajan duro para preservar el estatus, cualquier movimiento que arriesgue a perder lo que han recibido ellos temen, les da miedo arriesgar,.

La segunda generación está marcada por el atrincheramiento, parece que se resguardan para no perder nada de lo que han recibido.

Pero el tiempo pasa otra vez y el mando cae sobre la tercera generación, ellos solo ha podido hablar de la dinámica, de la vitalidad de la primera generación.

Ellos no han visto esa clase de vitalidad, solo han visto el proceso de preservación y el atrincheramiento de la segunda generación.

Han escuchado las historias del pasado pero están lejos de ellas, lo tienen como algo irreal, no encuentran ninguna razón convincente para ser impulsados por la visión que impulsó a sus antepasados.

Están librados de las preocupaciones, de preservar lo que originalmente fue difícilmente ganado.

La tercera generación es una generación ociosa, sin visión que los conduce ninguna pasión que los mueva, no tienen ningún propósito.

Como resultado los miembros de la tercera generación usualmente comienzan a cuestionar su identidad, su pertenencia.

Ellos se preguntan ¿Por qué hago parte de este grupo? Y aquí está la tragedia de la tercera generación.

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La tercera generación es a menudo un pueblo carente de y un fuerte sentido de identidad y pertenencia, por lo tanto, no están comprometidos con el resto, no tienen ninguna obligación.

Un pueblo que no sabe qué es lo que tiene, no está seguro, no sabe hacia dónde va, por lo tanto, la tercera generación está marcada por el deterioramiento.

Los ejemplos bíblicos, usted solo tiene que mirar la escritura para ver el problema de la tercera generación.

Como el tiempo de Josué que ellos murieron y se levantó otra generación que no conocía a Jehová, ni sabían lo que había hecho por Israel, es decir, perdieron su identidad.

Entonces hay una expresión que repite texto, tras texto en jueces “en aquellos días no había rey en Israel y cada hombre hacía lo que bien le parecía”.

Otro ejemplo es David y su familia, David fue líder de una generación que con ayuda de Dios forjó el grupo de unos hombres que habían sido desordenados antes.

Ellos escaparon de un rey fuerte y severo, pero David se convirtió en un hombre modelo de lo que Dios quiere hacer con un hombre que sí sirva a Dios.

Salomón fue de la segunda generación y siguió a David pero él se preocupaba solamente por consolidar y preservar lo que se le había otorgado y sus alianzas con las naciones para preservar lo que David había ganado.

Y estos compromisos lo llevaron a una larga y amarga lucha y cuando trataron de decidir si eran seguidores de un Dios extraño llamado Baal o de Jehová el Dios de sus padres, ellos entraron en crisis.

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Vivir sin Dios es la peor locura.

Llegó la tercera generación Roboam, se hizo rey impulsado por ninguna visión.

Inflamado por ninguna pasión inseguro de su herencia porque no estaba seguro de qué creer, se precipitó a división de la comunidad de Israel.

Lo cierto es que el síndrome de la tercera generación es un síndrome que usted ve en toda la escritura, de cómo la tercera generación tienden a olvidarse de su identidad.

La Biblia habla de que cuando los israelitas habían regresado del cautiverio Dios despertó el corazón de Nehemías y en su tiempo la comunidad entró en la tercera generación.

La generación que está marcada no solo por la apatía, sino por el rechazo absoluto de la palabra de Dios.

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Ellos empezaron a imaginar que no necesitaban a Dios y cuando una generación llega a esa situación es el peor momento de la historia.

Porque está comprobado que vivir sin Dios es la peor locura que se le puede atravesar a la gente de un ser humano.

Nehemías comprendió que si la gente no mantenía su identidad como pueblo de Dios no vivirían como comunidad.

Si permitieran compromisos con otras naciones, con otros dioses, la comunidad estaría diluida.

Nehemías emprendió la tarea de contrarrestar el problema de la tercera generación.

Entendió que para que la gente sobreviviera necesitaba reavivar la llama de la visión de la primera generación, entender su herencia, la razón de su existencia.

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Vivir sin Dios es la peor locura.

El Dios de la historia todavía está activo hoy y él es fiel con todas las generaciones que le buscan.

A pesar de todo, la iglesia ha mantenido su identidad generación tras generación del precioso nombre de Jesucristo el salvador.

Nuestra identidad como pueblo de Dios es una identidad que ha venido de generación en generación, Dios escogió de los gentiles pueblo para su nombre.

Nuestra identidad está viva se llama Jesucristo y le amamos con todo lo que somos porque el nombre Jesús hay perdón de pecados.

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Hay poder, los demonios se sujetan en su nombre, las enfermedades huyen ante el nombre de Jesús, tenemos el nombre sobre todo nombre y lo podemos en alto.

Cuando alguien dice Jesucristo, algo comienza a suceder, cuando usted invoca ese nombre hay cadenas que se rompen y enfermedades que empiezan a correr.

El Señor ha dicho “me invocará y yo le responderé”, el diablo ha querido que perdamos nuestra identidad pero no ha podido.

No pierdas la identidad Jesucristo te ha salvado, te ha perdonado, te ha dado la vida.

Por: Carlos Arciniegas

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