Aprendiendo a depender de Dios

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Aprendiendo a depender de Dios

Aprendiendo a depender de Dios

La iglesia del Señor tiene al Dios todo poderoso, al Dios que pelea nuestras batallas y nos da siempre la victoria, tenemos al Dios más fuerte. Hablaremos sobre el tema: “Aprendiendo a depender de Dios”.

Nuestro Señor Jesús es más fuerte que el pecado, él lo venció, es más fuerte que la muerte porque aunque ésta tenía un imperio casi indestructible y nadie podía derrotarla.

Un día nuestro Señor Jesús le dijo a la muerte: “Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol” Oseas 13:14.

Venciéndola así con poder en la cruz del calvario, él es más fuerte que la muerte.

Cuando Jesús hace presencia, aún la muerte debe rendirse a sus pies, porque Jesús es el Dios todo poderoso.

Muchas veces en el andar cristiano, se vive y se atraviesa por momentos difíciles en los cuales se siente no tener escapatoria.

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Y la muerte se quiere empoderar de la vida de las personas, queriendo acabar con ellas, pero nuestro Dios como ya venció, a través de su misericordia regala segundas oportunidades.

Así como tenemos un Dios fuerte, tenemos también al Dios que da segundas oportunidades.

Nuestro Dios no es un cuento de hadas o una leyenda, nuestro Dios no es solamente una religión, tenemos un Dios de verdad.

“El cual hace cosas grandes e inescrutables, Y maravillas sin número Job 5:9.

Muchas veces al atravesar por momentos de dolor y críticos en nuestras vidas, pensamos que nuestro Dios nos ha abandonado y muchas veces lo cuestionamos culpándolo del por qué atravesamos por tales situaciones.

En esos momentos olvidamos que somos propiedad completa de Dios; él nos creó y tiene toda potestad de hacer con nuestra vida lo que el cree que es lo correcto ya que su voluntad es perfecta.

No podemos pretender que el Señor haga lo que para nosotros es lo correcto; él es el soberano y conoce nuestro futuro, su palabra nos dice:

“Todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda” Salmos 139:3-4.

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Es necesario reconocer que sin Dios no seríamos nada, es necesario que reconozcamos su grandeza, podamos honrarle y adorarle como él se lo merece.

Hay muchas personas que viven llenas de orgullo, arrogancia y en sus corazones solo existe amargura, le cierran la puerta de sus corazones a Dios y no permiten que él obre en ellos.

Es por eso, que muchas veces el Señor permite que atravesemos situaciones muy complejas.

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Aprendiendo a depender de Dios.

Ya sea de enfermedad, crisis económica, tal vez soledad y demás, para poder trabajar en nuestras vidas y aprendamos a reconocer, y a depender de él.

Dándonos así un corazón nuevo como lo dice su palabra: “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne” Ezequiel 11:19.

Es así que cuando esto pasa y dejamos que el Señor haga su obra transformadora en nuestras vidas.

Ya de nuestro corazón comienzan a salir cánticos, le honramos, le adoramos y nos humillamos ante la presencia del Dios más fuerte.

Debemos como iglesia aprender a depender de Dios; por muy terrible que sea la situación no debemos olvidar que tenemos al Dios más fuerte y poderoso que va más allá del poder humano.

Aunque ya no tengamos fuerzas para seguir avanzando, aunque el camino se torne cada vez más duro.

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Aunque el peso que sintamos llevar cada día crezca más y la aflicción se apodere de nosotros, nos sintamos rodeados de males, de sinsabores, y pensemos que para estar así es mejor morir, no nos rindamos.

Podemos tomar como ejemplo la vida de aquel personaje bíblico llamado Job, un hombre el cual estaba lleno de riquezas.

Pero sobre todo era fiel a Dios; Vemos que de un momento a otro su situación comenzó a cambiar.

Murieron sus hijos, quedó sin tierras, sin amigos y hasta su esposa le pidió que maldijera a Dios y mejor muriera.

Y miramos que aunque había perdido todo y no le daban esperanzas de vivir, él nunca dudó del poder de Dios y nunca renegó de su voluntad.

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Aprendiendo a depender de Dios.

Al contrarío reconoció y exaltó el nombre de Dios diciendo: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” Job 1:21.

Pero lo más hermoso de este Dios fuerte que tenemos es que puede con solo dar orden cambiar nuestra condición.

Vemos que él obró en la vida de aquel hombre llamado Job, le sanó y lo bendijo tres veces más de lo que ya lo había bendecido.

Es por eso, que debemos a aprender a depender totalmente de Dios y serle fiel hasta el fin de nuestras vidas y así la recompensa que tendremos será mucho más grande.

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Reconozcamos que tenemos al Dios que todo lo puede, al Dios más grande y poderoso, al Dios que rompe cadenas y venció con poder a la muerte en la cruz del calvario.

Ese es nuestro Dios fuerte, vivamos para él, honrémosle cada día y sirvámosle con el alma, mente y corazón.

Y de esa manera, tendremos la plena certeza que ese Dios fuerte hará cosas grandes e inescrutables en nuestras vidas.

Nuestro Dios fuerte nos dice: “Y conocerá todo hombre que yo Jehová soy Salvador tuyo y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob” Isaías 49:26.

Por: Jorge Elías Simanca

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