Cómo restaurar mi relación con Dios

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Cómo restaurar mi relación con Dios

Cómo restaurar mi relación con Dios

Era la tercera vez que Jesús se aparecía después de su resurrección, se había aparecido a las mujeres que habían ido al sepulcro, a los discípulos que caminaban hacia Emaús. Hablaremos sobre: “Cómo restaurar mi relación con Dios”.

También se apareció a algunos de ellos para reprocharles su incredulidad y ahora aparecía junto al mar de Tiberias y esta vez para restaurar la conexión.

Los relatos de las veces que Jesús apareció después de la resurrección son complementarios en cada uno de los evangelios.

Porque Jesús aparece después de la resurrección a las mujeres para reactivar su confianza, su fe.

Aparece a algunos de sus discípulos y alguno de ellos dice, si yo no lo veo, si no meto mi debo en su herida, no lo creo.

Porque la fe que es el vínculo, que nos permite mantener la conexión con Dios, sin fe es imposible agradar a Dios.

Y es necesario que él quiera conectarse con Jesús, crea que le hay y que es galardonador de los que les buscan.

Tomás no creía porque la fe tiene varios niveles:

  • La fe racional

Cuestiona, ¿será posible que haya resucitado? y puede haberse visto y tenido muchas experiencias, pero la fe racional siempre tiene cuestionamientos.

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Ahí está Tomás y cuando Jesús se le aparece, le dice, mete aquí tu dedo y le muestra las heridas.

Ese que tiene una fe racional tiene que decir, Señor mío y Dios mío, pero Jesús dice, bienaventurados los que no vieron y creyeron.

Esta tercera vez que Jesús aparece a sus discípulos, viene a la restauración de la conexión.

La vida de Pedro, está llena de experiencias y se desenvuelve en lo cotidiano de ellas, siempre se ve a Pedro en el mar, la barca, los peces y las redes.

Porque las experiencias de cada uno de nosotros, las que nos mueven y nos llevan a esa que nos conecta directamente con Jesús, se desenvuelven en lo cotidiano de nuestro vivir.

En Lucas 5, vemos una de las experiencias de Pedro con Jesús.

Jesús había dado una enseñanza a la multitud, se había acercado, llegó y había dos barcas, y se entró a la de Pedro, y le dijo que separara la barca un poco de la orilla.

Estaba cansado y empieza Jesús a enseñar a la multitud, aunque había cansancio, estuvo atento y cuando terminó, Jesús le dice a Pedro, que bogue mar adentro.

Pero luego le dice, echa la red, entonces Pedro que tiene en ese momento una fe racional dice, toda la noche hemos estado pescando y no hemos sacado nada.

De todas maneras la fe racional, aunque tiene dudas y cuestiona, dice, más en tu nombre echaré la red y así fue.

Y fue tal la cantidad de peces que tuvieron que llamar a otros para que ayudaran.

Es una de las experiencias grandes de Pedro con Jesús porque empieza a meterse en esa conexión con él y Jesús le dice, Pedro, desde ahora serás pescador de hombres.

Comienzan esas experiencias y esas siguen siendo mar adentro; en una de esas Jesús les dice, váyanse a la otra orilla y después llego.

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Pedro va en la barca con sus compañeros y cuando van allá en medio del mar una tempestad empieza a agitar el barco y ellos tienen miedo.

Para colmo en la situación humana aparece la imagen de un humano caminando sobre las aguas, ellos se miran el uno al otro y se asustan, ¿Quién puede caminar sobre las aguas?

Pero cuando ellos están temblando, oyen la voz del que viene caminando sobre las aguas y les dice, no temáis, yo soy.

El que tenía una fe racional, parece que pasa en su experiencia a otro nivel.

  • La fe emocional

Entonces Pedro, le dice, si eres tú, manda a que yo vaya sobre las aguas.

Ya no es la fe que cuestiona, hay una emoción, entonces escucha una voz que le dice, Pedro, ven, tú puedes.

La fe emocional baja de la barca y empieza a caminar sobre las aguas, pero la fe emocional no es suficiente, hay que restaurar tu relación Dios

Uno puede emocionarse, brincar, saltar, gritar, tirarse al piso, pero esa fe no es suficiente.

Entonces el que estaba caminando sobre las aguas, ese está conectado, hay una conexión directa con aquel que le dijo, ven.

Pero como la fe emocional no es suficiente, entonces viene la duda, el miedo, el temor, y el que había descendido de barca, empieza a ver las olas, los vientos, a sentir que esto no es posible y comienza a hundirse.

Porque cuando tenemos una conexión con Jesús, pero viene la incredulidad, la duda, el miedo, el temor, la conexión se rompe.

Y el que era un experto en las aguas, siente miedo y empieza a gritar, Señor, sálvame que perezco.

Pero como él siempre está ahí ¿Lo crees? Él siempre está.

Extendió su mano, lo levantó y lo llevó a la barca y le dijo, hombre de poca de fe por qué dudaste. Las experiencias de Pedro.

Ese Pedro con esa fe emocional, impetuoso, sigue caminando al lado de Jesús, teniendo experiencias con él, es el Pedro que cuando Jesús le muestra la salida.

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Porque la gente estaba desertando y Jesús les dice, acaso queréis ir también os vosotros, entonces el Pedro emocional se pone en pie y dice, solo tú tienes palabra de vida eterna.

Es el Pedro que dice, aunque otros se avergüencen de ti, yo no me avergonzaré, aunque otro se alejen de ti, yo nunca te dejaré.

Y la noche que estaban cenando con Jesús, él le dice unas palabras a Pedro, Pedro, satanás te ha pedido para zarandearte como a trigo, pero yo he rogado.

Hay algo que no nos debe faltar nunca, pero si eso falta, la conexión está rota. Dijo, yo he rogado que tu fe no falte. Antes de que el gallo cante tú me negarás tres veces.

Pedro en seguida comenzó a decir, Señor, ¿yo? Jamás. Pero el que quiere estar firme, mire que no caiga.

Otra escena de Pedro, ya han sepultado al maestro, por ahí las mujeres decían que le habían visto resucitado.

Pero él le dice a sus compañeros, yo me voy a pescar y algunos de ellos le dijeron, vamos contigo.

Se fueron y estuvieron pescando toda la noche y no pescaron nada, dice la Biblia, que Pedro se había quitado la ropa.

Pedro, había llorado amargamente, él no era un mentiroso, su fe emocional era sincera.

Cuando vieron aprender a Jesús, él que estaba dispuesto a no negarlo sacó la espada y cortó la oreja del centurión de Malco, era sincero, pero la fe emocional no es suficiente.

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Restaurar mi relación con Dios.

Entonces comenzó a cuestionarse, estaba Pedro hundido en la culpa, en la desesperación, desconectado y cuando las personas se desconectan vuelven a lo anterior, por eso, hay que restaurar mi relación con Dios.

El problema es que cuando alguien se desconecta arrastra consigo a otros.

Ahí está Pedro en esa situación, hay alguien allá en la orilla del mar de Tiberias y éste le dice, hijitos, ¿tenéis algo de comer?

¿Qué puede tener un fracasado, angustiado, lleno de culpas? Y ellos dicen, no tenemos nada, el que está en la orilla les dice, echad la red a la derecha, pescaron muchos peces grandes.

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Y Juan le dice, es el Señor el que está en la orilla.

El que está ahí vino a restaurar que se ha roto, la conexión que hemos perdido, no tenemos nada pero él vino a darnos todo.

Él lo sabe todo, hay inmenso poder, un poder tan grande y glorioso.

Me llama la atención de todo esto, que Pedro está cargado de angustia, yo no fui capaz, no fracasé, yo fallé y Pedro está frustrado.

Tú te has hecho propósitos y has fallado, hay cosas que debías hacer y no hiciste, y cosas que no debías hacer e hiciste, él lo sabe todo.

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Restaurar mi relación con Dios.

Por esas cosas que debías hacer y no hiciste, negligencia y por esas cosas que no debías hacer e hiciste, desobediencia.

El que está en la orilla no tiene palabras de cantaleta, ni reproche, ni de atención, no, solo hay misericordia, el amor y la fe es restaurada.

Él siempre está ahí, no nos ha dejado, no nos ha dado la espalda, está ahí con su mano extendida.

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Está dispuesto a restaurar la conexión porque él es la conexión perfecta.

Si sientes que la conexión se ha perdido, él está en la orilla llamándote para restaurar la conexión.

  • La fe conductual

Pasamos a la fe de conducta, ¿Pedro, me amas? Tienes algo que hacer, apacienta mis corderos, mis ovejas.

Hay algo que hacer, él tiene un propósito contigo y no te ha llamado de adorno, restaura tu relación con Dios.

Por: Gildardo Gómez

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