Dios a quien llama le da autoridad

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Dios a quien llama le da autoridad

Dios a quien llama le da autoridad

Debido a ese llamado que Dios nos ha hecho, hay una exigencia que no podemos ignorar, debemos ser administrados y administradores. Hablaremos sobre el tema: “Dios a quien llama le da autoridad”.

Dios en el proceso que va llevando con cada uno de nosotros, nos va honrando.

Pero siempre debemos tener presente que la mirada de los creyentes está puesta en nosotros.

Por esa razón, cada dio debemos pedir al Señor, que nos ayude a ser administrados, para poder administrar mejor en su obra.

Se necesitan obreros que quieran ser administrados y administradores, que entiendan que para ser buenos administradores se necesita una dirección con Dios.

Una comunicación intima con él, es decir, ser administrados por él.

Las demandas y las exigencias del mundo en que vivimos, cada día son mayores y eso implica que nos preocupemos por cada día ser mejores.

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Debemos tener claridad en donde estamos y para donde vamos; Dios nos ha hecho administradores o mayordomos de su especial tesoro.

La administración implica hablar de:

  • Autoridad
  • Sujeción

El hombre fue establecido para administrar.

En Génesis encontramos que el propósito del hombre era para enseñorease y para que sojuzgase la creación.

El ser humano fue creado señor y empezó su papel desde el momento en que puso nombres a los animales.

Era dueño de la heredad que Dios le había dado.

Cuando el hombre pierde la comunión con Dios, cuando el ser humano sale expulsado de la presencia del Señor, en el desorden que se introduce la creación, se pierde el sentido.

El enemigo introdujo en el hombre rebeldía, insubordinación, por eso, vemos personas que hacen justicia por sí mismos.

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Dios al ver la situación del hombre, restableció el orden establecido, cuando vino al mundo a morir derrotó toda potestad que se oponía a la autoridad.

Nosotros debemos aprender el pensamiento bíblico, “no te maravilles de ello; porque sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos” Eclesiastés 5:8.

Él nos ha dado autoridad; cuando Jesús llama a sus décuplos, quienes impartirían la enseñanza, les dio autoridad para llevar este mensaje y cumplir esta labor.

Se necesita ser llamado por Dios, y Dios a quien llama, le da autoridad, sin olvidar que debemos ser administrados y administradores.

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Somos siervos administradores de los misterios de Dios, esto quiere decir, que la honra y gloria siempre es y será de él.

No somos competentes por nuestras habilidades, él nos ha dotado de sabiduría.

Pero si queremos ser buenos administradores debemos humillarnos ante él.

Quien quiera ser grande debe aprender a servir.

En una ocasión Jesús quería enseñar a los discípulos este tema de ser administrados y administradores, así que se fue a Capernaum y al entrar, salieron a su encuentro unos ancianos.

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Estos principales de la sinagoga, acudieron a Jesús y le dijeron que el centurión tenía a su siervo gravemente enfermo.

“Le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga” Lucas 7:4.

Jesús salió al encuentro, pero antes de llagar, el centurión le mandó a decir, que no se preocupara por entrar.

“Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano”.

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Si analizamos, este hombre no era cualquiera, era un centurión romano, tenía a cargo 100 soldados.

También era gentil, conocía su altura y reconocimiento, pero nunca dijo que él era la autoridad o que estaba sobre algunos.

El dijo que era un hombre bajo autoridad, lo dijo porque tenía claro que sobre él había una línea jerárquica.

El problema de muchos es no reconocer esto, y al llegar a una posición más alta cambian su actuar y pierden el sentido.

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En nuestro caso siempre estará Dios muy por encima como cabeza y humanamente seguimos teniendo autoridades.

Dios quiere que aprendamos a ubicar nuestra posición, que el lugar y la responsabilidad que nos ha dado sea para su gloria y su honra.

Que nuestro mayor anhelo terrenalmente sea, ser administrados y administradores.

Por: Jafet Cantillo

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