Dios mira la actitud de tu corazón

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Dios mira la actitud de tu corazón

Dios mira la actitud de tu corazón

Para dar inicio y tener una mejor comprensión de la temática a tratar. Hablaremos sobre el tema: “Dios mira la actitud de tu corazón”.

Debemos aclarar la diferencia entre dos palabras muy similares:

  • Aptitud

Esta se refiere a la capacidad de una persona o una cosa para realizar adecuadamente cierta actividad, función o servicio.

  • Actitud

Hace referencia a la manera de estar alguien dispuesto a comportarse u obrar.

Teniendo claro los anteriores conceptos, nos enfocaremos en la actitud, basándonos en el texto bíblico que encontraremos en el libro de Romanos 12:1-2.

Es allí donde el apóstol San Pablo nos exhorta a cerca del culto que a Dios le agrada.

Muchas veces los creyentes al momento de congregarse, caen en el error y asisten a los servicios con el propósito de saludar a los hermanos, amigos o a pasar simplemente un rato agradable y distinto a su rutina.

¿Pero es ese el propósito que el creyente debe tener, o hay algo más que lo mueve a hacer aquello y asistir a los cultos?

La palabra del Señor nos dice: “que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” Romanos 12:1.

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Pero es muy importante mencionar, que para poder lograr lo ya antes mencionado, el Señor nos recomienda y nos dice: “No os conforméis”.

Que desagradable sería tener un molde, encajar en él, conformarnos a asistir a los cultos semanales.

Hacer siempre lo mismo cayendo en una rutina y acostumbrarnos a estar dentro de ese ciclo repetitivo.

Es necesario que te atrevas a salir de ahí y romper ese esquema e ir un poco más allá, no debes amoldarte y conformarte a este mundo.

Ahora bien, al adentrarnos un poco más al tema, surgen preguntas como: ¿Qué hacer para no amoldarse y conformarse a vivir un culto rutinario a Dios?

La respuesta a esta pregunta nos la da el Señor que nos dice a través de su palabra: “transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”.

Es ahí donde debemos permitir que el Señor haga una obra especial en nuestras vidas y transforme nuestra mente.

Siendo así nuestro entendimiento será alumbrado y lograremos entender lo que antes no era posible.

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De esa manera, vamos a corregir lo que antes estábamos haciendo mal, porque nuestro entender determinará nuestro actuar.

Si nuestro entendimiento es transformado, de la misma manera lo será nuestro actuar.

La iglesia del Señor no está llamada a vivir jugando a hacer el culto y a malgastar el tiempo.

A medida que pasan los días y que pasan los años algo ha de verse diferente en nuestro vivir.

Pero si nuestro entendimiento no es afectado por la palabra de Dios, si nuestro corazón no es tocado por Dios, nuestro comportamiento seguirá siendo igual siempre y seguiremos dentro del molde.

Dios en su misericordia permitirá que a nuestras vidas lleguen situaciones, ocasiones de las cuales vamos a creer no tener salida y pensaremos que es el final de nuestro caminar y que todo ha terminado.

Es en esas situaciones donde nuestros amigos no podrán hacer nada por nosotros, los estudios que hayamos realizado no nos pueden ayudar, no nos servirán.

Las habilidades humanas y el buen apellido, la buena salud y la elocuencia no nos van alcanzar y tendremos que entrar a un terreno donde las palabras serán innecesarias.

Como referencia a lo antes dicho, la palabra del Señor nos muestra, que estando el Señor en medio de una gran multitud junto a sus discípulos.

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Dios mira la actitud de tu corazón.

Hubo una mujer que había sido afectada en su entender, llevándola a razonar y a decir: “Si yo tan solo logro tocar el borde del manto del Señor, seré sana”.

¿Cómo logró esa mujer entender eso? Si por su condición no podía asistir a las sinagogas y era considerada una mujer inmunda, estaba aislada de la sociedad.

Ella tenía todo en contra, lo que se le escapaba era la vida, no tenía posibilidades para seguir viviendo.

Pero ella se encontraba segura que el único ser que podía hacer algo por ella era Jesucristo.

Cuánta necesidad tenemos actualmente en nuestra iglesia de la actitud que tuvo aquella mujer.

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Cuántas veces nos vamos ofendidos del servicio porque llegamos al culto enfermos y si no es el pastor quien ora por nosotros, no creemos que podemos ser sanos.

Teniendo en cuenta que muchas veces dejamos a un lado la actitud de quebrantamiento que al Señor le agrada.

No abrimos nuestro corazón para que sea él haciendo una obra especial en nuestro entendimiento y así lograr cambiar nuestro actuar.

Debemos enfrentar nuestra realidad, realidad que llegará a nuestras vidas en cualquier momento; podremos tener muchos amigos, pero ninguno de ellos hará algo por nosotros.

Debemos tener una vida de oración, una vida de sacrificios. Qué bueno tener algo que ofrecerle al Señor y que no sea simplemente dinero, algo que no sea material, sino que salga de nuestro corazón.

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Dios mira la actitud de tu corazón.

“No hay poder humano para doblegar la voluntad de Dios, pero si hay una actitud de corazón que es muy valiosa”.                 

Los ángeles no tienen esa actitud, solamente la tiene el ser humano y tiene esa ascendencia en Dios, porque es el único que es creado a imagen y semejanza del creador.

Con palabras bonitas no conseguimos nada con Dios, no avanzamos.

Podemos gastarnos mucho tiempo orando, ayunando y los hermanos observándonos, pero si nuestra actitud no nace del corazón, no está pasando nada con Dios.

Dios es Dios desde antes que todos nosotros existiéramos, no pretendamos engañar a Dios.

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Es necesario que dejes que el Señor hoy mismo haga una obra en tu vida, y llegues a él postrado ante su presencia con un corazón quebrantado.

La palabra del Señor nos dice: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” Salmos 51:17.

Ya no es hora de perder el tiempo jugando al culto, es la hora de cambiar de actitud, rompe el molde y abandona el conformismo.

No pronuncies palabras, deja que el Señor escuche el gemir de tu corazón.

Actitud en vez de palabras, ese es el secreto.

Pastor: Libardo Figueroa

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