El tiempo de hablar de Dios es hoy

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El tiempo de hablar de Dios es hoy

El tiempo de hablar de Dios es hoy

Cuando hablamos y decimos: “Dios está con nosotros”, debe haber una realidad convincente en cada persona, creyendo en las promesas fieles, firmes y verdades que el Señor Jesús nos ha dado. Hablaremos del tema: “El tiempo de hablar de Dios es hoy”.

He aquí yo estoy con vosotros, dice el Señor: él prometió estar con su iglesia la cual debe creer fielmente a su palabra.

Tener la plena certeza y convicción de que está revestida de gracia, poder y tiene al Dios todopoderoso como capitán para así avanzar y lograr la expansión del mensaje de salvación.

Al hablar de misiones muchas veces nos trasladamos al extranjero, dejando a un lado las misiones locales.

La cual podemos realizar desde nuestro hogar, trabajo, universidad o cualquier lugar donde nos encontremos.

Debemos tener presente que las misiones no se pueden realizar de cualquier manera, para ello debe haber en nosotros previamente una constante búsqueda del Espíritu Santo.

Para que se cumpla lo que escrito está: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo…” Hechos 1:8.

Llegados a este punto, habiendo recibido el poder del Espíritu Santo debemos apropiarnos del mismo y seguir avanzando.

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Predicando hasta lograr que el evangelio sea conocido en barrios, pueblos, veredas, naciones y hasta lo último de la tierra.

Es necesario recalcar que al realizar misiones debemos identificar el terreno o campo al que nos estamos enfrentando, a continuación, miraremos algunos tipos de campos misioneros:

  • Campo misionero geográfico

Hace referencia a los territorios, países, sitios donde todavía no se ha implantado una iglesia del nombre.

  • Campo misionero étnico

Hace referencia a los grupos tribales tanto en el campo nacional, como internacional.

  • Campo misionero social

Hace referencia a los que están ubicados en las esferas del conocimiento; políticos, teólogos, antropólogos, abogados, médicos, etc.

  • Campo misionero lingüístico

Este campo misionero traspasa las barreras lingüísticas, llevando la palabra del Señor a través de cualquier idioma.

  • Campo misionero blanco

Hace referencia a los territorios, área social, lingüística, étnica donde todavía no se ha establecido el reino de Dios.

El Señor en todos los tiempos ha preparado a su pueblo para llevar el mensaje de salvación a cada campo blanco.

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Usando a hombres y mujeres con corazones dispuestos que se unen en un mismo clamor como lo hizo el profeta Isaías diciendo: “Heme aquí, envíame a mí” Isaías 6:8.

Cabe mencionar que es importante tener un llamado de Dios a las misiones, y que esa persona a la cual Dios llamó tenga una confirmación del mismo.

Porque se levantarán en su contra, queriendo dañar o impedir la obra de Dios.

Pero es de regocijo cuando hay esa confirmación y sabemos que cada palabra que sale de nuestra boca y a cada lugar donde lleguemos a anunciar el evangelio.

Es Dios mismo quien nos está direccionando y haciendo una obra especial en cada corazón dispuesto a recibirle.

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En otras palabras, cuando existen hombres con disposición de servir y predicar el mensaje de salvación, la gloria de Dios es manifiesta y se glorifica en esa persona, por medio de la cual hará grandes cosas.

Al estar llenos del Espíritu Santo de Dios y completamente convencidos de su poder, es nuestra misión predicar el evangelio como la Biblia lo enseña y nos muestra.

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” Marcos 16:15.

Haciéndolo de esa manera, tendremos la plena seguridad que aunque el enemigo quiera entorpecer la expansión del evangelio no logrará, al contrario, deberá huir y así muchas almas llegarán a los pies de Cristo.

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El tiempo de hablar de Dios es hoy.

Existen momentos en los cuales no logramos comprender lo que Dios quiere hacer o a que lugar nos quiere llevar a predicar su palabra.

Como bien lo dice la escritura: porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová Isaías 55:8.

También encontramos ocasiones en las que el Señor quiere usar a hombres para que sean portadores del evangelio, pero sus corazones se encuentran desviados del plan que Dios tiene para con ellos.

Muchas veces es porque sienten no estar preparados para predicar la palabra de Dios y comienzan a poner plazos y excusas.

Pero Dios puede tocar el corazón más duro y convertirlo en un corazón sensible a su llamado, no olvidando que el tiempo para hacer misiones es hoy.

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Es entonces ahí donde comprendemos realmente que el plan de Dios es perfecto a su tiempo.

Porque aunque nosotros nos neguemos al llamado de Dios, tarde o temprano su propósito en nosotros se cumplirá.

Es en esas situaciones en las cuales logramos entender la importancia de tener una comunicación estable con Dios, para que así sea él quien nos guíe a donde halla necesidad.

El Señor tiene un plan preparado para todo aquel que se atreva a vivir las misiones, a entregar su vida completamente a su servicio.

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El tiempo de hablar de Dios es hoy.

Deja a un lado todos los temores que agobian tu vida e interrumpen la obra del Señor, la mies es mucha y los obreros pocos”.

Tu no fuiste sellado solo para hablar en nuevas lenguas, tu fuiste revestido del poder de Dios para que con autoridad lleves el mensaje de salvación a cada alma necesitada y sedienta.

Para que con autoridad puedas liberar a los esclavos del pecado y seas usado para hacer milagros.

Ya no más conformismo, es hora de hablar de Dios y hacer misiones.

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No más temor, inicia en tu hogar, has misiones a los tuyos, salva a tu familia, salva a tus compañeros de trabajo, salva a tus vecinos.

“Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará”.

Estamos viviendo tiempos en los cuales la tierra está clamando por ayuda, y la iglesia está vestida de poder y tenemos la solución.

Somos la esperanza del mundo, tenemos la libertad para el cautivo, y salvación para el alma angustiada.

No podemos olvidar que el tiempo para las misiones es hoy, mañana puede ser demasiado tarde, no dejes pasar la oportunidad, ¡Habla de Dios!

Por: Jhon Jairo Espinoza

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