Dios y yo somos mayoría

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Dios y yo somos mayoría

Dios y yo somos mayoría

La hora ha venido para el pueblo para recuperarlo todo, vivimos en los días de la restauración apostólica. Hablaremos sobre el tema: “Dios y yo somos mayoría”.

El Señor nos está entregando hoy en día las almas que satanás había tomado, el diablo vino para destruir.

La palabra dice, que vino para destruir pero Dios vino para restaurar, dar vida y en abundancia, lo creemos.

Estamos en el tiempo de refrigerio del pentecostés, este tiempo del que habló Pedro hace 2mil años no se ha terminado sino que está siguiendo.

Cada uno de nosotros estamos en una batalla como lo estuvo David, él estaba en un combate porque pronto él iba a reinar, iba pronto a recibir el reinado sobre todo Israel.

Nosotros tenemos un Señor que pronto va a reinar y va a recibir el reino no solamente sobre Israel, sino sobre el mundo entero.

Es por tanto, que nosotros su iglesia, su esposa, estamos en un combate para recuperar lo que nos pertenece, lo que pertenece al reino de los cielos.

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Hay almas que andan en tinieblas, hundidas en el pecado, atadas por el enemigo pero que de una manera u otra le pertenece a Dios.

Dios está esperando que nos pongamos manos a la obra para irlas a buscar, aunque el enemigo ponga obstáculos y nos ocupemos de nuestro propios problemas que los del reino.

La Biblia dice, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las cosas os serán añadidas.

Es importante que nos comprometamos verdaderamente en el reino de Dios, en su obra, aunque hayan dificultades, obstáculos.

Porque el que está en nosotros es mayor que el que está en el mundo, la Biblia dice, que todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Se puede imaginar la situación en la que se encontraba David, fue a combatir a los filisteos y cuando regresó al campamento, vio que subía uno.

Y se preguntó qué estaba pasando y cuando se acercó con sus hombres al campamento, se dio cuenta que estaba totalmente destruido, las bestias robadas, que sus hijos y su mujeres también habían sido robados.

De esta manera, es que obra el diablo en el mundo, el diablo está robando a nuestros hijos, el diablo no quiere una juventud para Jesucristo.

Porque sabe que hay poder detrás de esta juventud, nosotros tenemos que hacer como David y luchar por esta juventud.

Pero aun las mujeres habían sido secuestradas y las mujeres son el instrumento de la reproducción.

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Dios nos quiere hacer entrar un avivamiento de reproducción y no quiere que nada obstaculice este avivamiento.

Nosotros somos esas llamas para llevar a la palabra de Dios a los extremos de la tierra, créalo.

Este día para David fue el más bajo, que él nunca había conocido, había sido perseguido por Saúl y por un tiempo se había aliado con los filisteos pero ellos también lo echaron.

Ahora estaba solamente en un pequeño campamento y ese campamento también fue destruido por sus enemigos.

En ese día a David ya no le queda más nada, había perdido, el día más grave en la vida de David.

Pero al día siguiente va a hacer el día más grande de David, se va a dar a cabo una batalla donde Saúl y sus hijos van a morir.

De esta manera el camino es abierto, para que David acceda al reino y sea proclamado rey sobre Israel.

Entonces después del día más grave de David, viene la victoria más grande que Dios le va a dar.

El camino había sido preparado para la victoria de David, muchas veces el enemigo pone montañas enfrente de nosotros y si nosotros estamos en una situación difícil y no podemos ver del otro lado.

Dios está preparando el camino para que obtengamos la victoria.

Entonces cuando pasamos por estas situaciones difíciles, no es el momento de desesperarnos, ni de quejarse, sino de subir en la fe.

Los hombres de David empezaron todos a quejarse y aun quería apedrearle pero David era diferente.

Empezó a buscar a Dios, él escribió el libro de Salmos y en este libro está escrito, aderezas mesas delante de mis adversarios.

Quiere decir, mis enemigos están al frente mío pero delante de mí hay una mesa cargada de provisiones de parte de Dios.

En ese momento ya no le quedaba nada a David, todo lo que le quedaba era él mismo y en el cielo el que le quedaba era Dios.

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Ahora si yo puedo tomar todo lo que me queda en la tierra y en el cielo, entonces hay esperanza porque Dios es poderoso para restaurarme todo.

Tenemos que entender que Dios es suficiente.

El diablo pensó haber terminado con David pero no sabía que había Dios lo iba a sentar en el trono de Israel.

Hay una mesa que está preparada en el cielo para la iglesia, que está llena de dones, ministerios para que la iglesia pueda ir hacia adelante y ganar las almas.

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Dios y yo somos mayoría.

No nos desesperamos como los hombres de David, apoyémonos en Dios, retomemos el coraje porque la Biblia dice, que David tomó ánimo.

Mantente firme porque hay algo que va a suceder, algo va a salir de todo esto, David utilizó esas malas circunstancias como un carbón que anima nuestra alma.

David se puso bajo la cubertura de la oración porque era la única cosa que podía a hacer, si tú no tienes una palabra fresca de parte de Dios.

La única cosa que te queda es ponerte bajo el manto de la oración para recibir la dirección espiritual que Dios te quiere dar.

Aun en nuestra familia o en la misma iglesia nos pueden desanimar.

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Dios nos ha dado todo, la verdad completa.

Entonces después de haber orado, Dios le respondió a David que iba a recuperar todo, aun sus mujeres.

Lo que es importante no es lo que los hombres dicen, ni lo que sentimos, lo que es importante es lo que la palabra dice.

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Dios y yo somos mayoría.

Aunque todo el mundo esté contra nosotros, si Dios es con nosotros estamos en la mayoría, si estás solo con Dios, estás en la mayoría.

El hijo de David, Jesucristo, él ha venido para restaurarnos, para que podamos caminar juntos, si mi hermanos es débil Dios me da la capacidad de animarlo.

No importa cuál sea la lucha, al final vamos a obtener la victoria.

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El diablo tiene un gran motín que son las almas perdidas, esas almas le pertenecen a Jesucristo y no podemos permitirlo.

Porque es el motín de Jesucristo y Dios nos ha llamado para que lo recuperemos.

Hay una gran victoria que Dios quiere alcanzar con cada uno de nosotros y si tú quieres participar de esa victoria, dile, Señor, yo quiero ser partícipe también, yo quiero recuperarlo todo.

El Señor nos está llamando para recuperarlo todo, nos podemos animar por medio de la oración. Dios y yo somos mayoría.

Por: Thiery Sapye

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