La ociosidad es peligrosa

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La ociosidad es peligrosa

La ociosidad es peligrosa

Asaf es un hombre que narra su experiencia, él era un músico de los principales que tenía David. Hablaremos sobre: “La ociosidad es peligrosa”.

Él empieza a narrar lo que vivió, por qué casi resbalan sus pies.

Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos” Salmos 73:3.

Un creyente jamás se aparta por las pruebas, porque el propósito de las pruebas es ponernos a nosotros más finos, para que sepamos quiénes somos y quién es él.

La prueba no está hecha para que nos aparte, porque sería Dios tirano.

Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos al reino de los cielos, es necesaria la prueba, el fuego porque es el que saca la escoria que hay en el corazón.

El creyente se conoce más que en el fuego que en la calma. El verdadero creyente se conoce porque es capaz de amar aquel que le está haciendo la guerra.

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La gracia colocó un nivel más alto que la ley, el Señor elevó la gracia.

“Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” Mateo 5:39.

Quiere decir, que si te ofenden no te des por ofendido, cógela suave.

La prueba está hecha para eso, para moldearnos y podamos llegar al cielo.

Allá no podemos entra de cualquier manera, por eso, el Señor dijo, que este camino era angosto, porque ancho es la puerta que lleva a la perdición.

Es decir, aquí no vas a entrar con tus mañas, aquí te tienes que descargar para que quepas, aquí tienes que tener unas medidas exactas.

A Asaf no fue una prueba lo que llegó porque las pruebas vienen de parte de Dios, las tentaciones no.

Las tentaciones vienen como producto de nuestros deseos carnales, de las concupiscencias, las pone el enemigo para que nuestros pies resbalen.

Pero ¿Por qué a Asaf se le presentó esta tención? ¿Dónde estaba el problema?

Porque tuve envidia de los arrogantes, Viendo la prosperidad de los impíos” Salmos 73:3.

Quiere decir, que él se sentó a meditar en la prosperidad de los impíos.

Ese problema nos pasa muchos, es que vemos lo que no tenemos que ver, en detenernos a meditar en los que tenemos que meditar.

Por eso, andar desocupado es andar desordenadamente, haga algo.

Las niñas que andan sin hacer nada, póngase a hacer algo porque si no se pone que hacer, el diablo sí le pone qué hacer.

Póngase a hacer un curso, busque un empleo, busque algo qué hacer, porque la ociosidad es peligrosa, es el taller del diablo.

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Lo mismo le pasó a David, el estar donde Dios no lo había puesto, el detenerse a mirar.

Eso mismo vemos en la historia de Acán, el Señor le da orden específica, cuando vayan a tomar a Jericó que fue la primera conquista que hizo el pueblo de Israel.

Cuando vayan a conquistar la ciudad, toda la ciudad será mía, esto es principio de primicia.

Esta ciudad es anatema, es decir, consagrada, separada, algunos tienen esto por maldición pero el que toma de lo consagrado, de lo separado se vuelve maldito, que es diferente.

La primicia significa, una promesa por venir, por llegar.

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Pero ¿Qué pasó con Acán? Él no tenía y vio algo agradable, vio un manto babilónico agradable a los ojos, también semejante cosa de oro y lo guardó.

Tipo de aquellos cristianos que creen que Dios no se da cuenta de lo que tú guardas que le pertenece a él.

Eso causó la derrota de la segunda ciudad, era una ciudad fácil de conquistar pero el pueblo de Israel salió avergonzado.

¿Cuál fue el problema de Acán? Dice la Biblia, que Acán vio, es decir, se detuvo, él tenía que estar era peleando, él se desentendió de lo que tenía que hacer y se detuvo a ver lo que no tenía que ver.

Asaf estaba pasando por un momento difícil, por una necesidad económica porque lo que él vio fue la plata de los demás.

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Cuántas veces te ha pasado a ti, que estás pasando por una necesidad económica y miras a tu vecino y te pasa como a David.

“Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?” Salmos 42:3.

Nosotros no podemos prestarnos para que nos digan lo que a David ¿Dónde está tu Dios?

“Si dijera yo: Hablaré como ellos, He aquí, a la generación de tus hijos engañaría” Salmos 73:15.

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La ociosidad es peligrosa.

Hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos. Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asolamientos los harás caer. Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores” Salmos 73:17-19.

Cuando uno se pone a ver la prosperidad de los impíos se vuelve como una bestia, el secreto está en que tú no te salgas de la presencia de Dios.

Debemos ser conscientes 24/7 delante de la presencia de Dios.

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Asaf se le olvidó, él no era consciente de la presencia de Dios.

Si quito la mirada del Señor Jesús, mi alma se atribula y no puedo ver la luz. El secreto para no ver la prosperidad del otro es vivir siempre en su presencia consciente.

Cuando estás en la presencia de Dios ni te acuerdas si debes o no debes, ni de que estás enfermo, eso es lo que quiere Dios, que vivas en su presencia.

No te salgas mentalmente de su presencia.

Por: Olga Piña

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