Obedecer la palabra de Dios es la clave

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Obedecer la palabra de Dios es la clave

Obedecer la palabra de Dios es la clave

Es interesante el que nosotros podamos ubicarnos cuando estamos frente a Dios y su palabra, es por eso, que el tema de hoy es: “Obedecer la palabra de Dios es la clave”.

Muchas cosas que dejan de suceder en el ser humano de parte de Dios, no es porque Dios no lo pueda hacer, sino porque el hombre no acepta lo que Dios propone o dice.

No solo sucede a las personas que no conocen a Dios, también dentro de la iglesia lo podemos ver y en ocasiones a nosotros mismos nos ha pasado.

Cuando estamos frente a Dios, estamos delante de un ser que tiene muchas formas y maneras de solucionar los problemas, estamos frente de alguien que nos puede sorprender permanentemente.

Él no tiene límites, hace las cosas funcionar aun cuando no le encontramos lógica, él se sale de toda lógica humana y parece que se nos olvidara esto de él.

Si algo nos ayudará a entender a Dios es ubicarnos delante de quien estamos.

A veces nos cuesta aceptar los cambios, aceptar lo nuevo, y mucho mas cuando nos hemos acostumbrados a mirar las soluciones de cierta manera, pero no debemos olvidar que Dios siempre nos va a sorprender.

Ante las cosas que hace Dios y sus soluciones quedamos perplejos, Dios no trabaja como queremos, no es como tú lo piensas.

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Dejemos que Dios libere nuestra forma de pensar, si nos rendimos en su presencia aceptaremos todo como él lo hará.

Hay quienes bajan su cabeza al no tener la respuesta que deseaban, se le olvida la magnitud de Dios que tienen.

En la palabra de Dios vemos una historia de un leproso, sería bueno examinar esto.

La lepra es una enfermedad que puede tumbar la piel y crear feas costras, y Naamán tenía esa enfermedad.

Un día la prisionera que lavaba las ropas de este general, expresa a la esposa de él:

“«¡Si mi patrón fuera a ver al profeta Eliseo, que vive en Samaria, se sanaría de la lepra!»” 2 reyes 5:2.

Quien conoce a Dios no tiene dudas al hablar, lo hace afirmativamente, porque conoce su gloria.

Naamán al saber esto, acude al rey para que le de todo lo que necesitaba para ir hasta el lugar que esa niña había dicho, donde él sería sano.

Se organizó todo, y mientras este hombre iba de Siria a Israel, iba pensando cómo sucedería el milagro, cómo sería sano.

Es posible que muchas veces nos armemos un esquema de como Dios hará las cosas, de cómo obrará y es posible que nos bloqueemos.

Porque vemos a Dios direccionar las cosas de otra manera, distinto a lo que habíamos pensado.

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Seamos amplios con Dios para que él obre conforme a su voluntad, entendamos que siempre su obra será en beneficio nuestro.

Naamán llegó al lugar y Eliseo ya sabía que le llegaría, entonces con su criado le mandó a decir que se hundiera siete veces en el Jordán.

Como Naamán ya tenía un esquema de como sucedería el milagro, en vez de sentir regocijo, se molestó; no se dio cuenta de lo sencillo que era hacer lo que el profeta había dicho.

Hay quienes tienen pecado y el orgullo no les deja avanzar, hay quienes tienen problemas y el orgullo los hunde aún más.

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Entendamos que, si queremos ver la gloria de Dios debemos hacer lo que él nos dice, humillarnos y aceptar su voluntad.

La actitud de Naamán fue salir enojado diciendo:

“He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra” 2 Reyes 5:11.

Vemos cómo tenía en su cabeza planeada la sanidad este hombre, hay algunos que les sucede así.

Planean las cosas y se molestan si Dios no actúa de esa manera, pero no es como tu lo piensas.

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Naamán se resistía a hacer las cosas como el profeta le había mandado, se iba a devolver leproso porque según su pensamiento, lo habían mandado a lavar en el río más sucio.

Renegó la manera en que debía hacer las cosas, porque tenía otro pensamiento.

Sus siervos le hicieron razonar, le dijeron que era muy sencillo lo que debía hacer, sumergirse siete veces en el río no era algo que requería sacrificio.

Naamán recapacitó y le dio vía libre a la palabra de aquel profeta de Dios, se sumergió en el río, y cada vez que lo hacía era señal de obediencia y humillación.

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Tenemos un Dios extraordinario y nuestra lógica es limitada, pero a él nada lo limita.

Creámosle a Dios y hagamos como pide, y en señal de obediencia y agradecimiento.

Adorémosle de corazón, de eso depende que él se mueva, se glorifique y veamos su gloria.

Cuando Naamán salió por séptima vez del río, su piel estaba limpia y era como la de un niño, él reconoció que había Dios en Israel.

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Cuando tú le obedeces a Dios, cuando reconoces que su voluntad y su poder son superiores, las cosas serán más fáciles para ti.

No es como tú lo piensas, no es como tu lo quieras, no es como nos parece, es como Dios mande.

Él se quiere glorificar, sanar, restaura, limpiar, guiar tu vida, pero obedecer y reconocer su palabra, es la clave.

Por: Rudecindo Garcés

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