Las bienaventuranzas del conferencista

Las bienaventuranzas del conferencista

Las bienaventuranzas del conferencista 

Este artículo de “Las bienaventuranzas del conferencista”, es tomado del manual de homilética, con el fin de acrecentar nuestros conocimientos como personas dispuestas a la superación acerca de la alocución de nuestro medio.

¿Qué es la homilía?

La ciencia emanada por la homilía; es la rama que proviene de la teología sistemática que refleja la enseñanza para el público, la cual se ajusta en varias áreas respectivas:

  • La homilética
  • La ética
  • La hermenéutica
  • La exégesis
  • La teología
  • La historia
  • La geografía; que son las partes amenas de las pláticas de la educación teológica.

Vea también: Las bienaventuranzas del predicador

Tales fragmentaciones han sido enfocadas desde su perfil o punto de vista adecuado, las cuales, forman un cuerpo metódico apto para exponerlo frente al público acudiente.

En primera coacción la homilética es considerada como la ciencia que se encarga de regular el fluido del locutor hacia el interlocutor.

Es decir, es la que transmite el mensaje para satisfacer la necesidad apremiante del vocablo en el cual nos desenvolvemos en pleno medio.

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La homilética

En síntesis la homilética se constituye en un órgano vehicular transportador del mensaje al oído del receptor donde queremos llegar.

Siendo así, nos complaceríamos con una permuta de relaciones bien coordinadas y ordenadas como lo demanda la regla del léxico y de la pedagogía.

La homilía contiene las pautas metódicas y el material adecuado para formar las bases, la estructura y el cuerpo de sus discursos, para satisfacer la necesidad del oyente.

De modo que la palabra homilética en su forma más breve y sencilla, se puede definir como: “La destreza de acomodar las partes entre sí, de modo que el sermón sea presentado con éxito”.

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De inmediato suministramos una gama de concepciones que pueden ser útiles para todo conferencista que anhela salir adelante.

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Las bienaventuranzas de la homilía dadas al conferencista

Bienaventurado él predicador que:
  • Estudia para predicar.
  • Aprende para predicar.
  • Sabe variar el timbre de la voz.
  • Sabe cuándo terminar el sermón.
  • Tiene bien definido “a” quien se le va a predicar.
  • Conoce y domina el tema “que” va a predicar.
  • Tiene bien claro “cómo” va a predicar.
  • Tiene bien determinado “para qué” va a predicar.
  • Sabe predicar el sermón primero así mismo y después a los oyentes.
  • Memoriza bien los textos bíblicos.
  • Se somete al texto leído.
  • Estudia bien el texto con sus contextos.
  • Usa un tema y se somete a él.
  • Decide cuántos temas secundarios puede desarrollar en el mensaje leído.
  • Se da cuenta de los temas secundarios que contiene el texto que leyó.
  • Usa simetría en el tema principal y en los temas secundarios.
  • Utiliza ilustraciones apropiadas al tema, para dar mayor luz a sus sermones.
  • saca de su tesoro (la Biblia) cosas nuevas y viejas.
  • raras veces usa la palabra “yo”.
  • No se predica así mismo.
  • Cree lo que predica.
  • Predica grandes temas.
  • Anhela escuchar y se deja escuchar.
  • Predica para formar y no para informar.
  • Cuyo sermón es una unidad y tiene un propósito definido.
  • Se sujeta al texto leído, al tema principal y a los temas secundarios.
  • Sabe dar la aplicación en el momento oportuno.
  • Usa el léxico apropiado y oportuno para el oyente.
  • No hace sufrir a los oyentes con su ensaladilla de “temas” dentro del sermón.
  • Lee, estudia, escudriña y se profundiza en sus conocimientos.
  • Oye y ve los errores en otros y se esmera para no practicarlos.
  • No se copia los ademanes de otras personas.
  • No se conforma con lo que sabe.
  • Reconoce, que el éxito de su mensaje se lo debe a Dios.
  • Hace “diferencia” entre la predicación y el humorismo.
  • Vive lo que predica.
  • No es “pan tallero”, que piensa que sabe mucho y a la verdad no sabe nada.
  • No sufre de “complejo” de superioridad e inferioridad.
  • Aprende a “escuchar” a otros predicadores.
  • Está “dispuesto” a ser corregido y aceptar sus errores.
  • Sus sermones sean “ungidos” por el poder de Dios.
  • Toma tiempo para “orar”.

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Y bienaventurado el predicador que se ha dedicado al estudio de la biblia a través de:
  • Diccionarios bíblicos.
  • Enciclopedias afines.
  • Historia de la Biblia.
  • Geografía bíblica.
  • Vida de los personajes de la Biblia.
  • Vida de los personajes que escribieron la Biblia.
  • Divisiones de la Biblia.
  • Costumbres de las tierras bíblicas.
  • Costumbres de los orientales.
  • Ciertas leyes y costumbres de los imperialistas.
Recuerda que el tema de hoy es “Las bienaventuranzas del conferencista”

Los investigadores en este tema opinan que la homilética es el arte que debe ser estudiado por todo predicador sincero del evangelio.

Puesto que apunta a todo aquello que le puede ayudar a dignificar su sermón y hermosearlo de modo que fructifique para la honra y gloria del divino maestro.

Vea también: Manual de homilética – Parte 2

La preparación académica 

Una de las particularidades que debe tener un mentor cristiano, es el conocimiento que ha adquirido, y luego trasmitirlo en el proceso de la enseñanza.

Para ello, es importante tener en cuenta que todo conferencista de la palabra de Dios debe conocer bien la plataforma didáctica e ilustrada, como el ente principal de la tribuna ideológica que va a compartir.

Ahora bien, es menester recalcar que cada homilía debe ser bien impartida, para que ésta, cause el efecto en el oyente; cuya estructura debe estar basada en los textos principales de las sagradas escrituras o en las doctrinas fundamentales.

Ésta se debe llevar a cabo de manera lúdica o inteligible para conservar su contexto histórico y gramático.

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Recuerda que es tema de hoy es: “Las bienaventuranzas del conferencista”

Consecuentemente, se debe leer y estudiar la palabra de Dios para sí mismo hacer de ella una maestría como persona estudiosa de los libros sagrados.

Además, tal persona debe estar capacitada para hacer del contenido las interrogaciones, las interpretaciones, las observaciones, las aplicaciones requeridas del caso.

La exposición pedagógica es un arte que debe ser estudiado y practicado como lo demanda el apóstol San Pedro en su primera carta;

1 Pedro 3:15. Que, “debemos estar siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón”.

La persona que comunica el mensaje de Dios, debe prepararlo como si todo dependiese de su preparación, por tal motivo es importante que cada día nos preocupemos para mejorar nuestros conocimientos y que Dios los incorpore poco a poco a nuestro ministerio.

Vea también: Bases para iniciar como predicador

Con el fin de tener muchos resultados para la gloria de su nombre.

Si deseas complementar más este tema, consulta en el manual de homilética 

Copyright y engrosado por el pastor
York Anthony Shalom
Licenciado en Sagrada Teología
Magister en Divinidades Teológicas
[email protected]

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